PRE­CIOS DE PE­LÍ­CU­LA

El ci­ne los hi­zo fa­mo­sos, ca­si tan­to co­mo los ac­to­res y ac­tri­ces que los uti­li­za­ron. Pia­nos, au­tos, ves­ti­dos, es­cul­tu­ras… que va­len mi­les y mi­llo­nes de dó­la­res.

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Han que­da­do en la me­mo­ria de to­dos; ca­si con la mis­ma fuer­za co­mo las pe­lí­cu­las de las que, a la pos­tre, tam­bién re­sul­ta­ron ser pro­ta­go­nis­tas. Si se di­ce As­ton Mar­tín in­me­dia­ta­men­te se pre­sen­ta la ima­gen de Ja­mes Bond y si el re­cuer­do re­mi­te a Ma­rilyn es im­po­si­ble que no lle­gue con su ves­ti­do in­ma­cu­la­da­men­te blan­co al vien­to.

Ob­je­tos que se han con­ver­ti­do en los más ca­ros de la his­to­ria del ci­ne mun­dial. Por lo ge­ne­ral es­tán en ma­nos de par­ti­cu­la­res top secret o im­por­tan­tes pro­duc­to­ras. Só­lo se con­si­guen cuan­do al­guno de sus due­ños de­ci­de pre­sen­tar­lo en su­bas­ta.

Y ya que lo men­cio­na­mos, des­ta­que­mos el As­ton Mar­tín DB5 que se uti­li­zó en la fil­ma­ción de Gold­fin­ger (1964). Se usa­ron dos vehícu­los: uno lo ma­ne­jó el 007 de en­ton­ces, Sean Con­nery, en las es­ce­nas de ve­lo­ci­dad y el otro fue ele­gi­do para mos­trar los clá­si­cos gad­gets a los que des­de siem­pre re­cu­rre Bond. Es­te úl­ti­mo fue ro­ba­do en 1997 y el pri­me­ro per­te­ne­ció a un par­ti­cu­lar has­ta que en 2010 se subas­tó en la RM Auc­tions de Londres al­can­zan­do un va­lor que lo con­vir­tió en el au­to de ci­ne más ca­ro del mun­do: cua­tro mi­llo­nes de dó­la­res.

En El hal­cón mal­tés (1941) apa­re­ce, pre­ci­sa­men­te un hal­cón. Al­re­de­dor de la es­cul­tu­ra del ave gira el ar­gu­men­to de la pe­lí­cu­la que pro­ta­go­ni­zó Humph­rey Bo­gart. El va­lor de la pie­za en el fil­me – hoy equi­va­len­te a unos 11.000 dó­la­res apro­xi­ma­da­men­te– fue su­pe­ra­do to­tal­men­te por la reali­dad: en 2013 la es­cul­tu­ra real fue ven­di­da en una su­bas­ta lle­va­da a ca­bo en Nue­va York en 4.300.000 dó­la­res.

Po­cos sa­ben que el piano que se hi­zo fa­mo­so en Ca­sa­blan­ca (1942) fue cons­trui­do es­pe­cial­men­te para la pe­lí­cu­la que pro­ta­go­ni­za­ron Bo­gart e In­grid Berg­man: de­bía es­tar de­co­ra­do con mo­ti­vos árabes. En 2014 sa­lió a su­bas­ta en la ca­sa Bon­hams. El piano del bar de Rick en­con­tró nue­vo due­ño a cam­bio de 3.700.000 dó­la­res.

Le Mans (1971) gira en torno de la le­gen­da­ria

ca­rre­ra de 24 ho­ras que se co­rre en Fran­cia anual­men­te. Ste­ve Mcqueen se cal­za el an­ti­fla­ma y, así y to­do, lo­gra des­ta­car­se un re­loj muy par­ti­cu­lar: el Tag Heuer Mo­na­co. En 2012 cam­bió de mu­ñe­ca por­que un fa­ná­ti­co pa­gó por él 880.000 dó­la­res.

La es­pa­da de Ara­gon, que Vig­go Mor­ten­sen em­pu­ñó en la úl­ti­ma pe­lí­cu­la de El se­ñor de los aa­ni­llos, El re­torno del rey (2003), mi­de 1,50 m. El ddi­se­ño de la guar­da y el po­mo es­tán ins­pi­ra­dos en lla for­ma de una ho­ja y su ta­llo. Lle­va ins­crip­to en ssu ho­ja la le­yen­da “Soy An­dú­ril que fue una vez Nnar­sil, es­pa­da de Elen­dil. Los es­cla­vos de Mor­dor hhui­rán de mi.” Des­de 2014 su nue­vo y des­co­no­ci­do ddue­ño es­tá ha­cien­do “tou­ché” tras ha­ber­la comp­pra­do en la su­bas­ta de Bon­hams pa­gan­do por ella 4480.000 dó­la­res.

Y en el fi­nal, el ves­ti­do más fa­mo­so del mun­do: eel que Ma­rilyn Mon­roe in­mor­ta­li­zó en la es­ce­na de lla sa­li­da de ai­re del sub­te­rrá­neo en La Co­me­zón del Ssép­ti­mo Año (1955). Es el ob­je­to ci­ne­ma­to­grá­fi­co mmás ca­ro de la his­to­ria: en una su­bas­ta lle­va­da a cca­bo en Ca­li­for­nia, es­ta­dos Unidos, al­can­zó los 66,000.000 dó­la­res. ❖

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