MA­XI TRUSSO

“HOY NO HA­CE FAL­TA SER MÚ­SI­CO PA­RA HA­CER CAN­CIO­NES”

Break - - Entrevista - Por Pa­blo Stein­mann. Fo­tos: Jo­sé To­lo­mei.

Su bio­gra­fía cuen­ta que arran­có con la mú­si­ca a co­mien­zos de los ‘90, en­tre Ita­lia e In­gla­te­rra, dos paí­ses con los que siem­pre man­tu­vo re­la­ción. Hi­jo de pa­dre ita­liano y ma­dre ar­gen­ti­na, su­po ha­cer­se un nom­bre en Eu­ro­pa gra­cias al dúo de elec­tro pop Roy Ve­das, con el que com­par­tió es­ce­na­rios con ban­das co­mo Mad­ness, Pulp y Blur. En Es­tam­bul, Turquía, te­lo­neó na­da me­nos que a los Ro­lling Sto­nes. Pa­ra­dó­ji­ca­men­te, ese re­ci­tal mar­có el ini­cio de una nue­va eta­pa so­lis­ta, pa­ra la que de­ci­dió vol­ver a su país, en ple­na cri­sis de 2001. “Sen­tía que te­nía que es­tar acá”, di­ce sim­ple­men­te. Si bien si­guió via­jan­do, en es­ta ciu­dad gra­bó sus dos pri­me­ros dis­cos que co­se­cha­ron bue­nas crí­ti­cas pe­ro una pru­den­te re­per­cu­sión. Su sal­to a la fa­ma y a la po­pu­la­ri­dad lle­gó va­rios años des­pués, cuan­do le pu­so su voz al hi­ta­zo de Pon­cho, Plea­se me. “¿Quién es es­te mu­cha­cho que can­ta en in­glés?”, se pre­gun­ta­ron mu­chos y la cu­rio­si­dad le ju­gó a fa­vor: su si­guien­te ál­bum S.O.S. se con­vir­tió en un éxi­to ab­so­lu­to, con hits co­mo S.O.S. (Same Old Story), Not­hing at all y No­body’s lo­nely. Ha­ce unos se­ma­nas vol­vió de­mos­trar que no tie­ne nin­gún pru­ri­to con la ma­si­vi­dad al can­tar va­rios de sus te­mas en la siem­pre con­vo­can­te aper­tu­ra de Sho­wmatch. “Ti­ne­lli te pue­de gus­tar o no, pe­ro re­pre­sen­ta a mu­chí­si­ma gen­te. Pa­ra mí no de­jó de ser una lin­da po­si­bi­li­dad mos­trar mi mú­si­ca ahí”, sen­ten­cia.

- ¿Y sos de mi­rar su pro­gra­ma? ¿Qué co­sas ves en te­le­vi­sión?

-La ver­dad es que ca­da vez veo me- nos te­le. Sien­to que to­dos nos pa­sa un po­co lo mis­mo, ¿no? Qui­zá la vol­ví a en­cen­der un po­co más con el Mun­dial pe­ro des­pués vol­vió a su es­ta­do natural de apa­ga­do. Veo co­sas por Net­flix, You­tu­be… ¡En­tro a Ins­ta­gram! La nue­va te­le­vi­sión es esa: las re­des so­cia­les. Hoy pa­sa to­do por ahí.

-¿A quié­nes se­guís en las re­des?

-Si­go mu­chas cuen­tas del mun­do de la mo­da, a al­gu­nos ami­gos de la mú­si­ca y a va­rias in­fluen­cers tam­bién… En el fon­do, son to­das bo­lu­de­ces... (ríe) ¿Ves? Es co­mo la te­le­vi­sión. Na­da de lo que veas ahí te va cam­biar la vi­da. Pe­ro te mantiene en sin­to­nía con el mun­do, lo cual es im­por­tan­te.

-¿Y sos de su­bir mu­chas fo­tos tu­yas?

-No. Me pa­re­ce me­dio plo­mo eso de mos­trar tan­to. Sien­to que las re­des le qui­tan cier­to mis­te­rio a la vi­da de un ar­tis­ta. Cuan­do yo te­nía 16 años me acuer­do que en las ra­dios so­na­ba You got it, de Roy Or­bi­son, un te­ma que no era fá­cil de en­con­trar, ni de ob­te­ner in­for­ma­ción so­bre él ni de su can­tan­te. Y eso me gus­ta­ba mu­cho, me pa­re­ce que es­ta­ría bueno re­cu­pe­rar al­go de ese es­pí­ri­tu de bús­que­da en la mú­si­ca. Las me­jo­res co­sas no sue­len ser las que es­tán al al­can­ce de la mano. Más bien al con­tra­rio.

-¿De chi­co qué otros artistas te gus­ta­ban?

-Uff, mu­chos. Du­ran Du­ran, cuan­do to­da­vía no lo pa­sa­ban tan­to en las ra­dios. Michael Jack­son siem­pre me gus­tó, aun­que me em­pa­la­ga­ba un po­co. R.E.M. fue otra de las ban­das que más me mar­có.

-¿En Eu­ro­pa cam­bia­ron tus gus­tos?

-No tan­to. Lo que sí me pa­só al lle­gar allá fue to­par­me con mu­cha gen­te que es­ta­ba en una bús­que­da más pro­fun­da que la que veía acá. En ge­ne­ral, sien­to que los paí­ses emer­gen­tes se co­men más el ver­so del mar­ke­ting. Allá era más ge­nui­na la mo­vi­da, tan­to en Ita­lia co­mo en In­gla­te­rra.

-En Ita­lia for­mas­te el dúo Roy Ve­das con el que lle­ga­ron a te­lo­near a los Ro­lling Sto­nes..

-Sí, fue gra­cias a ha­ber fi­cha­do en una dis­co­grá­fi­ca gran­de. Una mez­cla de suer­te, tra­ba­jo y mu­cha in­sis­ten­cia. De tan­to in­sis­tir ca­da tan­to la me­tés en el aro... (son­ríe).

-A tu ex com­pa­ñe­ro de aquel dúo, Fran­ces­co Di Mauro, ¿lo se­guís vien­do?

-Sí, ca­da tan­to ha­bla­mos. Aho­ra se de­di­ca a la pu­bli­ci­dad. Siem­pre fue co­mo un out­si­der de la mú­si­ca. An­tes de Roy Ve­das tra­ba­ja­ba co­mo pro­duc­tor, ha­bía he­cho va­rios la­bu­ros con Li­sa Stan­fi­eld. Un lo­co lin­do.

-¿Vos tam­bién te sen s un out­si­der de la mú­si­ca?

-( Pien­sa) Más o me­nos. Hoy la mú­si­ca y el ar­te en ge­ne­ral se en­ca­ran des­de otro lu­gar. No ha­ce fal­ta ser mú­si­co pa­ra ha­cer can­cio­nes. Hay mu­cha más li­ber­tad en ese sen­ti­do.

-¿Eso es bueno o ma­lo?

-Pa­ra mí es bueno. Hoy el mun­do es así, es­tá abier­to a la crea­ti­vi­dad ab­so­lu­ta, al cros­so­ver de ideas, de gé­ne­ros, de ru­bros… Hay que tra­ba­jar mu­cho, eso sí. Qui­zá al ve­nir de afue­ra me­tés un so­lo te­ma, pe­ro el te­ma ahí que­dó, pa­ra siem­pre.

-Te­mis­te en al­gún mo­men­to ser eso, ¿un ar­tis­ta “one hit won­der” (de un so­lo hit)?

-No. La ver­dad que no. En el fon­do tam­po­co ten­go tan cla­ro qué es lo que con­vier­te a una can­ción en po­pu­lar. De he­cho hay te­mas míos que me en­can­tan y no fue­ron hit. Yo sien­to que an­tes te­nías que ar­mar un mi­to al­re­de­dor de tu mú­si­ca y man­te­ner­te ata­do a él. Hoy no. Hoy po­dés ha­cer li­te­ral­men­te cual­quier co­sa. Pa­sar de un es­ti­lo a otro sin pro­ble­mas.

-¿Có­mo te de ni­rías hoy?

- Creo que soy un croo­ner mo­derno. Bah, mo­derno, ya ten­go cua­ren­ta y pi­co... Pe­ro así me sien­to. Lo que de­fi­ne a un croo­ner pa­ra mí es una voz en pri­mer plano, con una cier­ta im­pos­ta­ción y una ba­se que cam­bia, que pue­de pa­sar de la elec­tró­ni­ca, al rock, al pop... Ya no ne­ce­si­tás una or­ques­ta atrás y can­tar ba­la­das de los años 60. Te re­pi­to, ya no hay fór­mu­las pa­ra na­da. Los mi­llen­nials tra­je­ron eso y es ge­nial.

-Te ami­gas­te rá­pi­da­men­te con esa idea…

-Es que yo siem­pre pen­sé de ese mo­do lo que pa­sa es que an­tes el sis­te­ma no te de­ja­ba rom­per. Mu­chas ve­ces es­cu­ché la fra­se: “Pi­be, eso no se pue­de ha­cer”. Y yo pen­sa­ba, ¿por qué no pue­do can­tar en in­glés?, ¿por qué no pue­do usar una ba­se de reg­gae­tón? Pa­ra mí si el te­ma es­tá bueno, y te sa­le del al­ma, es­tá to­do bien.

-¿Te di­vier­te ha­cer bai­lar?

-Sí, pe­ro me in­tere­sa mu­cho más la emo­ción que el bai­le. Li­be­rar, mo­ti­var, eso me gus­ta. Un DJ te ha­ce bai­lar. Una ban­da es muy di­fí­cil. Pue­de ha­cer­te bai­lar con una o dos can­cio­nes, pe­ro no to­do el tiem­po.

-¿Se­guís via­jan­do mu­cho al ex­te­rior?

-Sí, pe­ro aho­ra me di­vier­te más ha­cer­lo en fa­mi­lia, mi hi­ja Oli­via tie­ne 17 y la de mi mu­jer (que tam­bién se lla­ma Oli­via), 16. Con ellas apren­do un mon­tón.

-¿Su ado­les­cen­cia te plan­tea mu­chos de­sa os? Pien­so en te­mas co­mo dro­gas, al­cohol…

-Sí, cla­ro. Yo siem­pre fui muy cau­te­lo­so y me­di­do res­pec­to de la no­che y sus ex­ce­sos, y eso es lo que le tra­to de trans­mi­tir­les a ellas. “Nun­ca se pa­sen, eso siem­pre se pa­ga”, les di­go. No sé cuán­to ca­so me ha­rán…

-¿Cuá­les son tus pa­sio­nes fue­ra de la mú­si­ca?

-Mu­chas. Pue­do pa­sar de mi­rar un buen par­ti­do de fut­bol, a sa­lir a an­dar en ska­te, a com­prar un ins­tru­men­to o me­ter­me a in­da­gar en el mun­do de las finanzas y la po­lí­ti­ca. La co­mi­da tam­bién es una de mis pa­sio­nes.

-¿Co­ci­nás?

-No, no ten­go ese don. Me en­can­ta­ría te­ner­lo pe­ro soy más de sa­lir a co­mer afue­ra. Es una de las po­cas co­sas que no es­tá de­ma­sia­do me­dia­ti­za­da por la tec­no­lo­gía. Hay que em­pil­char­se y sa­lir a co­mer, eso es ge­nial. Me gus­ta el sus­hi, la bue­na pas­ta. En Ita­lia le dan mu­cha bo­la al ri­tual de la co­mi­da, el 50 por cien­to de la vi­da pa­sa por ahí.

-Men­cio­nas­te re­cién la ro­pa y es evi­den­te que te­nés una gran co­ne­xión con el mun­do de la mo­da, ¿có­mo arran­có esa re­la­ción?

-En Ita­lia, y por va­rios ami­gos que tra­ba­ja­ban en ese mun­do. Gra­cias a ellos co­no­cí a di­se­ña­do­res co­mo Do­me­ni­co Dol­ce, Ste­fano Gab­ba­na, Ale­xan­der Mcqueen… A la pro­pia Car­la Bru­ni, que no era di­se­ña­do­ra pe­ro sí es­ta­ba muy vin­cu­la­da al mun­di­llo de la mo­da eu­ro­pea. A ella me la pre­sen­tó Ce­sa­re Pia­cot­ti, un di­se­ña­dor de za­pa­tos que tra­ba­ja pa­ra to­da las mar­cas top de allá.

-En esa épo­ca tam­bién te vin­cu­las­te con mu­chos mú­si­cos. Ten­go en­ten­di­do que ju­ga­bas al fút­bol con Rob­bie Wi­lliams…

-Di­ga­mos que com­par­tía­mos la can­cha, pe­ro él ju­ga­ba real­men­te a otro de­por­te. Era ca­si pro­fe­sio­nal, ha­bía he­cho in­fe­rio­res en no sé dón­de y te pin­ta­ba la ca­ra. La te­nía muy cla­ra. De esos par­ti­dos par­ti­ci­pa­ban mu­chos mú­si­cos: el fla­co de Too­le, los de Be­ta Band, Jar­vis Coc­ker, de Pulp… ¡Y Jo­va­not­ti! Que era ma­lí­si­mo pe­ro te­nía mu­cho ca­ris­ma. Mu­cho.

- ¿Te la­men­tás en al­gún pun­to ha­ber vuel­to a la Ar­gen na?

-No, pa­ra na­da. Ade­más, tam­po­co sien­to que ha­ya si­do una vuel­ta de­fi­ni­ti­va. Hoy es­toy fe­liz acá pe­ro ma­ña­na quién sa­be. Me in­tere­sa man­te­ner una es­pe­cie de desarraigo eterno, sien­to que me mantiene ac­ti­vo y des­pier­to. ❖

Siem­pre fui muy cau­te­lo­so y me­di­do res­pec­to de la no­che y sus ex­ce­sos, y esoes lo que tra­to de trans­mi­tir­les a mis hi­jas. No sé cuán­to ca­so me ha­rán…

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