“VI­VO SIN CUL­PA EL SE­XO SIN COM­PRO­MI­SO”

LAS CON­FE­SIO­NES DE JIMENA BARON

Caras - - FOCO - Por Kary Ló­pez (pro­duc­ción: Ale­jan­dro Lu­cia­ni)

Se de­fi­ne co­mo una mu­jer fron­tal pe­ro con­ci­lia­do­ra, que apren­dió a per­do­nar­se y, en es­pe­cial, a vi­vir ca­da día con fe­li­ci­dad y en­tre­ga. Jimena Ba­rón (29) tam­bién re­co­no­ce vi­vir un pro­ce­so de apren­di­za­je cru­cial: el que lle­ga con la sol­te­ría, pe­ro con un hi­jo cu­ya fe­li­ci­dad se ha vuel­to la prio­ri­dad y al­gu­nas otras con­di­cio­nes que no pien­sa ne­go­ciar co­mo mu­jer.

“Me pa­sa­ron mu­chas co­sas en la vi­da; no la pa­sé bien. Co­sas de mi in­fan­cia, con mi pa­dre, que fa­lle­ció ha­ce dos años, y con el pa­dre de mi hi­jo. Y des­de el do­lor en­ten­dí que no ten­go idea de lo que va a pa­sar con mi vi­da. To­das las no­ches agra­dez­co a Dios la sa­lud de mi hi­jo y la mía y el te­ner tra­ba­jo. Mi ma­ne­ra de vi­vir es pa­sar­la bien, real­men­te. So­bre to­do des­pués de un mo­men­to de tan­ta ex­po­si­ción, con lo que pa­só con Da­niel y en el que, co­mo mu­jer, me vi en el pi­so, por­que fue tan hu­mi­llan­te. Y con to­do el mun­do opi­nan­do: des­de los no­ti­cie­ros a los pro­gra­mas de chi­men­tos. ¿Có­mo al­guien a la que le pa­só al­go así se va a ma­ne­jar bien? Yo hi­ce lo que pu­de”, di­ce la ac­triz so­bre su me­diá­ti­ca rup­tu­ra con el ex fut­bo­lis­ta Da­niel Os­val­do (31), pa­dre de su ama­do Mo­rri­son (3), cu­yos con­flic­tos y es­cán­da­los co­pa­ron los ti­tu­la­res.

Pe­ro hoy, de re­gre­so a la te­le­vi­sión con “Quie­ro Vi­vir a tu La­do”, la ti­ra de El Tre­ce, y tras un bre­ve no­viaz­go al que pu­so fin, Jimena ha­bla de to­do: Por qué eli­ge no es­tar en pa­re­ja, có­mo vi­ve sus días de sol­te­ra y la com­pli­ci­dad con su ni­ño, “Mo­mo”. Y, tam­bién, de su nue­va y más sen­ti­da am­bi­ción: el dis­co que es­tá por ter­mi­nar de gra­bar y que se vol­vió ca­tar­sis fren­te a to­do lo que le to­có vi­vir. Re­gre­só a la ti­ra dia­ria pe­ro en pa­ra­le­lo tra­ba­ja en su pri­mer dis­co, ¿Có­mo vi­ve es­te eta­pa co­mo can­tan­te?

— Mi dis­co es mi ma­yor ilu-

sión. Es al­go que ha­go por­que me apa­sio­na y me gus­ta y so­bre to­do por­que la mú­si­ca apa­re­ce en un mo­men­to de mi vi­da muy par­ti­cu­lar. Y aho­ra que el dis­co es­tá ca­si ter­mi­na­do y son le­tras que hi­ce yo, to­das, es co­mo una ma­ne­ra to­tal de exor­ci­zar mu­chos sen­ti­mien­tos y de sa­nar, por más que sue­ne gra­sa. Pa­ra mí es un pro­ce­so muy sa­na­dor y ten­go mu­chas ga­nas de com­par­tir­lo, es­toy muy con­ten­ta. ¿A quién le can­ta?

— Es có­mo si hu­bie­se gra­ba­do un año de te­ra­pia. To­do sa­le de aden­tro. Creo que siem­pre es­tá el amor, la fuer­za más gran­de del mun­do, pe­ro tam­bién sien­to que des­pués de mu­chas co­sas que me pa­sa­ron, de­fien­do a las mu­je­res. Se me acer­ca­ron mu­chas que se sen­tían en las mis­mas si­tua­cio­nes que yo pa­sé. Y el men­sa­je es: bueno, pa­ra ade­lan­te. Fue sa­car de ex­pe­rien­cias do­lo­ro­sas co­sas bue­nas.

—La cri­ti­ca­ron por sus pi­ro­pos pú­bli­cos a Ma­lu­ma, ¿Hay mu­cho ma­chis­mo en la so­cie­dad ar­gen­ti­na?

—Ab­so­lu­ta­men­te, lo hay en la Ar­gen­ti­na y en La­ti­noa­mé­ri­ca. Lo que pa­só con­mi­go fue es­pec­ta­cu­lar, más allá de que en lo per­so­nal no me afec­ta lo que opi­nen de mi vi­da. Y me­nos por lo que si­go sos­te­nien­do que de­be­ría ser lo más nor­mal del mun­do. De­cir un pi­ro­po o eso de que­rer le­van­tar­se “de­ses­pe­ra­da­men­te”, en­tre co­mi­llas, co­mo di­je­ron, me pa­re­ce fan­tás­ti­co. ¿Me con­si­guie­ron el te­lé­fono de Ma­lu­ma? No (ri­sas) Es un bom­bón cla­ro, pe­ro hay hom­bres muy lin­dos en la Ar­gen­ti­na; be­llos. —Un me­dio ti­tu­ló “Ac­triz en ofer­ta”, pe­ro us­ted se de­fen­dió. En­ton­ces, ¿En­ca­rar a un hom­bre no la ha­ce una mu­jer en ofer­ta?

—Pe­ro eso no ten­go ni que con­tes­tar­lo. El ‘tweet’ que ex­pu­se so­bre el te­ma tu­vo 55 mil li­kes. Nun­ca en vi­da tu­ve uno con tan­tos, co­mo la can­ti­dad de men­sa­jes di­rec­tos y mi­nas en la ca­lle que me di­je­ron que es­ta­ba per­fec­to lo que ha­cía. Soy una mu­jer fron­tal. Y siem­pre fue así, des­de chi­ca. Es­tu­ve de via­je un mes por Tai­lan­dia ha­cien­do to­ples y al­mor­za­ba así, con ami­gas mu­je­res y tam­bién ami­gos va­ro­nes. No ten­go mu­cho fil­tro.

—Tam­bién ex­pre­só, vía Ins­ta­gram: “Fe­liz día de los enamorados a to­dos los gi­les que me hi­cie­ron enamo­rar al pe­do por­que eso no era NA­DA pa­re­ci­do al amor”. ¿Es­tá enoja­da con los hom­bres?

—No, no lo es­toy. A mí me en­can­tan los hom­bres. Si no, con las que me pa­sa­ron ya hu­bie­se cam­bia­do de gé­ne­ro (ri­sas). La pen­sé, pe­ro las mu­je­res…no, no po­dría, por aho­ra. He co­no­ci­do hom­bres ma­ra­vi­llo­sos. Yo no quie­ro un fan de no­vio; quie­ro un hom­bre que me ad­mi­re. Por­que yo sí soy re fan de no­via. Lo amo, le di­go que es un po­tro, le co­cino, lo es­pe­ro... Si no lo ten­go que es­pe­rar, me voy a dor­mir en paz, no le rom­po las bo­las. No es que ele­gí mal, por­que hu­bie­se sig­ni­fi­ca­do que no qui­se ver al­go, yo no la vi di­rec­ta­men­te. Y eso me de­ja tran­qui­la si el día de ma­ña­na ten­go que ha­blar de es­te te­ma con mi hi­jo. Pue­do de­cir­le que es­tu­ve muer­ta de amor por su pa­dre. Yo me enamo­ré de Da­niel y se­gu­ra­men­te sea de esos hom­bres que me mar­ca­ron a fue­go. Oja­lá lle­gue otro que sea dis­tin­to. Me que­do con eso y di­go, “¡Bueno, per­dó­na­te! ¡Te­nés eso pa­ra con­tar­le a tu hi­jo! —¿Qué lec­tu­ra pu­de ha­cer aho­ra, a la dis­tan­cia, so­bre su re­la­ción con Da­niel Os­val­do? —Fue una his­to­ria her­mo­sa en su mo­men­to, en un prin­ci­pio. Des­pués pa­só lo que pa­só y hoy vi­vo mi pro­ce­so. Y Da­niel no ten­go idea de lo que ha­rá de su vi­da y de sus co­sas… Que ha­ga lo que quie­ra; no es más un asun­to mío. Me en­can­ta es­tar en pa­re­ja y eso por mo­men­tos lo ex­tra­ño. Me cos­tó mu­cho que se rom­pa el cas­ti­lli­to de la fa­mi­lia, que era tam­bién un gran sue­ño pa­ra mí. Eso creo que nos pa­sa a to­das, es muy fe­me­nino, más allá de que uno va a ser fa­mi­lia siem­pre y de que te co­nec­ta un hi­jo. No po­dés des­vin­cu­lar­te, por­que es el pa­dre de tu hi­jo. No es mi idea pa­ra na­da, al con­tra­rio, hoy te­ne­mos un víncu­lo mu­cho me­jor, pe­ro fue du­rí­si­mo. Los due­los son di­fí­ci­les y más cuan­do se vuel­ven me­diá­ti­cos. Me sal­vó el acer­ca­mien­to de tan­tas mu­je­res has­ta la fe­cha, con al­gu­nas has­ta me ha­blo por men­sa­jes de Ins­ta­gram, al­go me que emo­cio­na. Me vol­ví una mu­jer a la que se le acer­can mu­je­res con his­to­rias y me pa­re­ce im­pre­sio­nan­te.

—¿Qué no ne­go­cia vi­vir aho­ra en una re­la­ción de pa­re­ja?

—La li­ber­tad, por su­pues­to y tam­bién el res­pe­to. Pe­ro sin­ce­ra­men­te aho­ra no me ima­gino con na­die. Es un año par­ti­cu­lar y en­tre ti­ra, dis­co e hi­jo, lis­to, ¡me que­dan dos mi­nu­tos pa­ra ha­cer ab­do­mi­na­les y her­vir ver­du­ra! (ri­sas). De es­tar con al­guien tie­ne que ser un hom­bre que me po­ten­cie, esa es la pa­la­bra. Que ha­ga que yo me sien­ta más, me­jor; que me ha­ga lu­gar en su vi­da pe­ro que res­pe­te mis tiem­pos, pe­ro aho­ra no me ima­gino. —¿En­ton­ces pre­fie­re una re­la­ción li­bre? No sé qué es una re­la­ción li­bre... —¿Vi­ve sin cul­pa el se­xo sin com­pro­mi­so?

— Sí, por su­pues­to. Hoy me quie­ro di­ver­tir. No es­toy pen­san­do en un com­pro­mi­so, no me veo ahí. Tam­po­co creo que eso se pue­da or­ga­ni­zar. Hoy no me ima­gino en una re­la­ción. —¿Fal­ta un po­co aún pa­ra vol­ver al rue­do con un no­viaz­go?

—In­tu­yo que sí, pe­ro des­pués nun­ca se sa­be, no es­toy ne­ga­da tam­po­co. Me hue­lo co­mo que es­toy en otra sin­to­nía, por lo me­nos has­ta que pa­se lo del dis­co. Que sé yo. En es­te mo­men­to no me cua­dra. Mien­tras tan­to tra­ba­jo pa­ra que cuan­do vuel­va a pa­sar, por­que ade­más me en­can­ta­ría te­ner otro hi­jo, que no se me de­rrum­be más el cas­ti­llo.. Pa­ra apun­tar me­jor. Ten­go cla­ro lo que qui­sie­ra vi­vir y, es­ta vez, ten­go en­cen­di­das las alar­mas pa­ra lo que no. —¿Y có­mo se en­cuen­tra hoy su re­la­ción con Da­niel Os­val­do?

— Es­ta­mos bien. Da­niel es­tá en Bue­nos Ai­res así es que or­ga­ni­za­mos bien las vi­si­tas a mi hi­jo y con to­do.

—¿Es de que­dar bien con sus ex?

—Re. Los amo. Es­ta­ría con to­dos de nue­vo. Ten­go la me­jor,

“Me pa­sa­ron mu­chas co­sas en la vi­da. Y des­de el do­lor en­ten­dí que no sé qué pa­sa­rá con mi vi­da. Mi ma­ne­ra de vi­vir es pa­sar­la bien.”

po­de­mos ha­blar y mo­rir de ri­sa cuan­do nos cru­za­mos. Me pa­re­ce que lo ame­ri­ta si al­gu­na vez tu­vis­te al­go lin­do. Me pa­re­ce ho­rri­ble que que­den las co­sas mal. Es cues­tión de es­pe­rar.

—De he­cho con­tó que la se­gun­da vuel­ta con Da­niel fue sa­na­do­ra…

—Sí, es­tu­vo bue­ní­si­ma, la ver­dad que sí. Tu­vi­mos mu­chas char­las. Pro­ba­ble­men­te sea di­fí­cil de en­ten­der, pe­ro fue ne­ce­sa­ria y sa­na­do­ra. No me arre­pien­to pa­ra na­da. Ob­via­men­te du­ró lo que du­ró por­que yo ya sa­bía lo que que­ría y lo que no y no fun­cio­nó. Pe­ro pa­ra mí fue po­de­ro­so de­cir es­ta vez “No, es­to no cam­bió y no”. Quie­ro te­ner una ener­gía co­mo la que ten­go hoy con mi hi­jo Mo­rri­son, que es­ta­mos to­do el día rien­do. Mo­rri­son es es­pec­ta­cu­lar, es un com­pa­ñe­ra­zo. Me di­ce: “Ma­mi ¿Te­nés que ir a tra­ba­jar no, por la pla­ta? An­dá ma­mi an­dá. Que­ría que te que­des pe­ro an­dá”. Es muy par­ti­cu­lar Mo­mo. Y yo ten­go que es­tar así, con ener­gía y con­ten­ta, pa­ra criar­lo.

— ¿Cuá­les son hoy sus mo­men­tos de pla­cer, a so­las?

—Cuan­do en­treno; tres ve­ces por se­ma­na, sino me em­pie­zo a des­equi­li­brar. En mi ca­sa hay un gim­na­sio y en­treno so­la, por­que la rutina me la ar­mó yo y más allá de la cues­tión es­té­ti­ca es un

mo­men­to mío. Me gus­ta sen­tir que ten­go un cuer­po fuer­te, por­que no soy fla­ca, sino que ten­go un fí­si­co en­tre­na­do, y te­ner una im­pron­ta más po­wer. Par­te de te­ner tan­ta ener­gía, po­der tra­ba­jar y es­tar de buen hu­mor es en­tre­nar y co­mer bien. Sien­to una ener­gía in­fi­ni­ta. Soy muy ri­gu­ro­sa con la ali­men­ta­ción. Ten­go mu­cha con­duc­ta, mis ami­gas no lo en­tien­den. Yo no con­su­mo ha­ri­nas des­de fe­bre­ro del año pa­sa­do. Hay una or­ga­ni­za­ción pa­ra que és­to sea así. Por­que te­ner una vi­da sa­na par­te de eso, hay que ir al ba­rrio chino una vez por se­ma­na, her­vir la le­gum­bre, te­ner la ba­na­na, la man­za­na y las nue­ces en el bol­so du­ran­te las gra­ba­cio­nes. Yo em­pe­cé a en­tre­nar cuan­do Mo­rri­son te­nía tres me­ses y ha­go ae­ró­bi­co y ab­do­mi­na­les des­de en­ton­ces. —¿Qué es­pe­ra de es­te 2017? —Que lle­gue mi dis­co y ¿el amor?... Ya lle­ga­rá. Tam­bién es­ta­ría bueno vi­vir es­ta eta­pa so­la has­ta can­sar­me, co­mo pa­ra que cuan­do el amor lle­gue pue­da es­tar lis­ta.

La ac­triz de “Quie­ro Vi­vir a tu La­do” ha­bla de su fe­liz pre­sen­te co­mo ma­má de Mo­rri­son, el ni­ño que tu­vo con su ex, Da­niel Os­val­do. Cuen­ta por qué no quie­re es­tar de no­via y có­mo man­tie­ne el fí­si­co es­pec­ta­cu­lar que lo­gró con tra­ba­jo ae­ró­bi­co y una die­ta que des­de ha­ce un año no in­clu­ye ha­ri­nas.

Jimena di­ce que des­pués de la tor­men­ta que atra­ve­sa­ron con su me­diá­ti­ca se­pa­ra­ción, hoy con Os­val­do man­tie­nen una re­la­ción bue­na. Siem­pre se­duc­to­ra, mos­tró sus cur­vas y un ta­tua­je in­si­nuan­te.

“Mi se­gun­da vuel­ta con Da­niel fue sa­na­do­ra. Pe­ro sa­bía lo que que­ría y lo que no y no fun­cio­nó.”

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