“DEJARIA QUE MA­TIL­DA FUE­RA UNA LOLITA”

LUCIANA SA­LA­ZAR LE­JOS DE REDRADO Y AMPARADA POR SU HI­JA

Caras - - REVELACIONES - Por Die­go Es­te­ves (Pro­duc­ción Sol Mi­ran­da)

No ti­tu­bea al de­cir que hoy es más ta­pa por su hi­ja Ma­til­da de 10 me­ses que por ella mis­ma. Luciana Sa­la­zar (37) no le es­ca­pa a la po­lé­mi­ca y ad­mi­te que vi­ve su ma­ter­ni­dad co­mo una suer­te de reality show por­que, se­gún ella, en tiem­pos de re­des so­cia­les has­ta los no fa­mo­sos ex­po­nen sus vi­das en ese uni­ver­so pú­bli­co.

Acos­tum­bra­da al ata­que los ha­ters —esos odia­do­res se­ria­les que abun­dan en la web—, la con­duc­to­ra del ci­clo de es­pec­tácu­los de NET TV, “Chis­mo­ses”, de­ta­lla que el 80% de los co­men­ta­rios ha­cia ella son ha­la­gos y que só­lo el res­to son agra­vios. A pe­sar de que ya no le “en­tra nin­gu­na ba­la”, ase­gu­ra que la úni­ca crí­ti­ca que le mo­les­ta es que le tra­ten de “frí­vo­la” o “su­per­fi­cial”.

Al ha­blar con CA­RAS de su rol de ma­dre, “Lu­li” se mues­tra más con­ser­va­do­ra de lo que se po­dría creer y dis­pa­ra: “Si a los 15 años me pi­de de ope­rar­se las lo­las, no la de­jo”. La ac­triz ase­gu­ra que só­lo se operó el bus­to, que no tie­ne ce­lu­li­tis ni se pe­sa y que no se cas­ti­ga por sus de­fec­tos. ¿Si los tie­ne? Uno: las ore­jas.

En el plano sen­ti­men­tal, la blon­da no des­car­ta ini­ciar­le una de­man­da a Mar­tín Redrado. Más allá de la úl­ti­ma pe­lea que tu­vie­ron cuan­do ella des­cu­brió que él ha­bía con­ge­la­do un va­so con su nom­bre y su fe­cha de na­ci­mien­to co­mo una bru­je­ría pa­ra “blo­quear­la” amo­ro­sa­men­te, “Lu­li” es­ta­ría eva­luan­do ac­cio­nes le­ga­les por ha­ber­se sen­ti­do dam­ni­fi­ca­da. Dis­pues­ta a dar vuel­ta la pá­gi­na, du­ran­te la en­tre­vis­ta con­fir­ma el ru­mor que la une al mul­ti­mi­llo­na­rio es­ta­dou­ni­den­se y ami­go de Do­nald Trump, Gill De­zer, y res­pon­de si es­ta­ría dis­pues­ta a de­jar­lo to­do por amor.

—¿Es cier­to que sa­le con un mul­ti­mi­llo­na­rio es­ta­dou­ni­den­se, Gill De­zer?

—(Ri­sas) Me es­tás po­nien­do en un com­pro­mi­so... hay diá­lo­go, y lo de­jo ahí. No me quie­ro ex­pla­yar más. —¿Tu­vo una ci­ta con él? —No es­toy de no­via, pe­ro si el día de ma­ña­na pa­sa, es otra his­to­ria. Me pa­re­ció una per­so­na di­vi­na, pe­ro hoy tra­to de man­te­ner esa pri­va­ci­dad co­mo cuan­do arran­qué. Tra­té de man­te­ner mi in­ti­mi­dad ba­jo lla­ve por­que nun­ca se sa­bía mu­cho de mí. Con Redrado fue di­fí­cil man­te­ner la re­ser­va y lue­go fui­mos pa­re­ja. A ve­ces con al­guien de afue­ra es más fá­cil es­con­der­se. Es­toy pre­pa­ra­da pa­ra co­no­cer un hom­bre que me des­ve­le y me vuel­va lo­ca de amor, pe­ro no sé quién se­rá. —¿Tie­ne mu­chos can­di­da­tos? —Hay mu­cha gen­te que me es­cri­be y no co­noz­co. Yo no soy muy sa­li­do­ra y no voy de even­to en even­to. Soy muy se­lec­ti­va y ma­ne­jo un círcu­lo muy ce­rra­do. Si co­noz­co a al­guien es por­que me lo pre­sen­tan. —¿Có­mo co­no­ce a los hom­bres? —Por­que al­guien me lo pre­sen­ta. No co­noz­co hom­bres en un bo­li­che. Las per­so­nas que co­noz­co lle­gan de par­te de al­guien.

—¿Qué re­qui­si­tos tie­ne que te­ner un hom­bre pa­ra que le de una opor­tu­ni­dad?

—A es­ta al­tu­ra, una se po­ne más exi­gen­te. No pue­do co­no­cer a cual­quie­ra. Tie­ne que ser al­guien que ya se­pa mis gus­tos pa­ra no arran­car de ce­ro. —¿La lle­ga­da de Ma­til­da reem­pla­zó su de­seo por los hom­bres?

—En ese sen­ti­do, to­da la vi­da dis­fru­té del es­tar enamo­ra­da o en­gan­cha­da con al­guien, ade­más de mi in­ti­mi­dad. Eso no lo cam­bió la lle­ga­da de Ma­til­da, pe­ro hoy mis prio­ri­da­des son di­fe­ren­tes. Los tiem­pos me los ha­go y ten­go a mi ma­má que me ayu­da.

—¿Le pu­so la va­ra más al­ta a los hom­bres des­de la lle­ga­da de su hi­ja?

—No es la va­ra más al­ta, pe­ro quie­ro es­tar se­gu­ra de la per­so­na pa­ra pre­sen­tar­le a mi fa­mi­lia di­rec­ta.

—En su vi­da adul­ta, ¿al­gu­na vez sa­lió con al­guien que no fue­ra mi­llo­na­rio?

La con­duc­to­ra del ci­clo de es­pec­tácu­los de NET TV, “Chis­mo­ses”, di­ce que se pu­so más se­lec­ti­va con los hom­bres des­de que fue ma­má. Ha­bla de sus en­cuen­tros con con Luis Mi­guel y Mes­si.

—Con­ven­ga­mos que cuan­do me hi­ce co­no­ci­da los hom­bres que se me acer­can son po­de­ro­sos, por el círcu­lo en el que me ma­ne­jo. La ma­yo­ría son em­pre­sa­rios y gen­te del Me­dio.

—¿Se enamo­ra­ría de un fut­bo­lis­ta? —Sa­lí con dos que no voy a nom­brar, pe­ro no es mi ru­bro pre­fe­ri­do. Me cues­ta es­tar con un de­por­tis­ta, no es mi tar­get. No de­ja­ría to­do por un hom­bre, ten­dría que es­tar muy enamo­ra­da. El de­por­tis­ta tam­bién es muy in­di­vi­dua­lis­ta. No me enamo­ré de de­por­tis­tas, pe­ro no le cie­rro la puer­ta a na­da. —¿Ni a una mu­jer? —Hoy sí le ce­rra­ría la puer­ta, pe­ro no ten­go la bo­la de cris­tal, así que no pue­do ser con­clu­yen­te. Me co­noz­co bas­tan­te y du­do que me pa­se al­go que ha­ga que me gus­te la mu­jer, pe­ro uno nun­ca sa­be. Me gus­ta tan­to el hom­bre que lo veo ca­si co­mo un im­po­si­ble.

—¿Re­ci­bió al­gu­na pro­pues­ta de una mu­jer?

—Me han di­cho ca­da co­sa... me acuer­do de una mu­jer que me di­jo en un bo­li­che que con la que úni­ca per­so­na que se iría del lu­gar se­ría con­mi­go (ri­sas). El otro día es­tu­ve en un even­to y una mu­jer me aga­rra­ba y me apre­ta­ba, es­ta­ba de­ma­sia­do me­lo­sa. Me pa­só con mu­je­res co­no­ci­das y has­ta me pe­leé con una por­que me to­ca­ba en pú­bli­co y a mí no me gus­ta­ba. —¿Acep­ta­ría a una mu­jer den­tro de su pa­re­ja?

—No, en una pa­re­ja no hay lu­gar pa­ra tres, de nin­guno de los dos la­dos. Aho­ra, con una per­so­na co­mún que me pro­po­ne un trío, pre­fe­ri­ría un hom­bre. Lo más cer­ca que es­tu­ve de eso fue cuan­do sa­lí con dos her­ma­nos bra­si­le­ros pe­ro no en si­mul­tá­neo.

—¿La frus­tra no en­con­trar el amor de pa­re­ja? —No me de­ses­pe­ra. —¿El amor de Ma­til­da reem­pla­zó el amor por un hom­bre? —Son amo­res di­fe­ren­tes. Una co­sa es tu vi­da sen­ti­men­tal con otra per­so­nas y otra tu hi­ja, que es un sen­ti­mien­to dis­tin­to. —¿Le gus­ta­ría que su hi­ja fue­ra ta­pa de re­vis­ta? —¡Ya fue ta­pa de re­vis­ta! (Ri­sas) Hoy ella es más de­man­da­da que yo, las ta­pas me las pi­den con ella. De adul­ta quie­ro que sea fe­liz. Si yo lo ha­go, es por­que no me ge­ne­ra nin­gún da­ño. No la voy a ex­po­ner a que lo ha­ga. —¿Y si fue­ra una “lolita”? —Si mi hi­ja es­tá de acuer­do y quie­re ha­cer­lo y le di­vier­te, y a mi me pa­re­ce co­rrec­to, no ten­go nin­gún pro­ble­ma.

—¿Pien­sa na­cio­na­li­zar­la ar­gen­ti­na?

—Si la na­cio­na­li­zo, per­de­ría la ciu­da­da­nía es­ta­dou­ni­den­se. Ya es ar­gen­ti­na por­que su ma­má es ar­gen­ti­na y tie­ne to­da la po­si­bi­li­dad de re­ci­bir el amor y el ca­ri­ño de es­te país, pe­ro tie­ne otra po­si­bi­li­dad en otro país, por si quie­re ir­se a es­tu­diar o tra­ba­jar afue­ra que, no sien­do ame­ri­ca­na, se le ha­ría mu­cho más di­fí­cil. Tie­ne su DNI co­mo re­si­den­te en Ar­gen­ti­na.

—Su­po­nien­do que Ma­til­da es­té a pun­to de cum­plir 15 años y le pi­de ope­rar­se las lo­las, ¿que ha­ría?

—Me es­tás po­nien­do en una si­tua­ción muy com­pli­ca­da. Me pa­re­ce muy chi­qui­ta y qui­zá se pue­da arre­pen­tir, me gus­ta­ría que es­tu­vie­ra más ma­du­ra. Hay co­sas que tie­nen que te­ner mi apro­ba­ción. Por lo me­nos has­ta los 18 años, yo de­ci­di­ré. No de­ja­ría que se so­me­ta de tan chi­ca a al­go de lo que po­dría arre­pen­tir­se.

—¿Se arre­pien­te de ha­ber­se ope­ra­do?

—Al prin­ci­pio, cuan­do me ope­ré las lo­las, te­nía mu­cho y me re­du­je de a po­co. Aho­ra me sien­to un po­co más acor­de con el ta­ma­ño.

—¿Qué ci­ru­gías se hi­zo?

“El hom­bre que me pi­da de­jar­lo to­do se­ría un ti­rano. Eso es po­se­sión, así que no lo acep­ta­ría. Pe­ro sí me iría a vi­vi afue­ra.”

—No quie­ro en­trar en esa de vuel­ta, por­que des­pués me ter­mi­nan cri­ti­can­do. Di­cen que me hi­ce la co­la y no es así. La gen­te siem­pre ter­mi­na cre­yen­do lo que quie­re.

—¿Usa el pho­tos­hop en sus posteos?

—En las fo­tos no me re­duz­co la cin­tu­ra ni me re­to­co o me plan­cho la ca­ra, só­lo cam­bio el fil­tro pa­ra dar­le más lu­mi­no­si­dad a la fo­to. —¿Qué ve cuan­do es­tá sin ta­co agu­ja y des­nu­da fren­te al es­pe­jo? —Lo mis­mo, me veo igual. —¿Se en­cuen­tra de­fec­tos? —To­dos nos en­con­tra­mos de­fec­tos, pe­ro no me cas­ti­go por eso. Qui­zá me cas­ti­go más por lo que di­go más que por có­mo me veo. Fí­si­ca­men­te, no es­toy to­do el tiem­po pe­gán­do­me. Sí en­treno, por­que con las co­mi­das soy un desas­tre. Só­lo me que­da en­tre­nar. Me acom­pa­ña la ge­né­ti­ca y so­mos bas­tan­te fla­cos. Mi ma­má no tie­ne ce­lu­li­tis ni es­trías, a pe­sar de ha­ber te­ni­do cua­tro hi­jas. —¿Tie­ne ce­lu­li­tis? —No ten­go ce­lu­li­tis ni es­trías, por­que en­treno. A sim­ple vis­ta, no se ve.

—¿Qué par­te de su cuer­po no le gus­ta?

—No me gus­tan mis ore­jas, des­de chi­ca. Ten­go un co­lor en la piel de­ma­sia­do blan­co y a ve­ces se me no­tan to­das las ve­nas, por eso me sue­lo ha­cer el “so­ple­tea­do”. Ten­go los ojos muy achi­na­dos y me gus­ta­ría te­ner­los muy abier­tos. Pe­ro no me cas­ti­go por­que me man­ten­go con la gim­na­sia. —¿Por qué es­tá tan pen­dien­te de su fí­si­co?

—No lo ha­go por la mi­ra­da del otro, siem­pre fui así. Me gus­ta ver­me sexy y lo lle­vo des­de pe­que­ña, eso de gus­tar­me a mí mis­ma. Lo pri­me­ro que ha­go fren­te al es­pe­jo es ha­cer una po­se sexy y no en­con­trar el de­fec­to. Bus­co en el es­pe­jo a una Lu­li sexy. —¿Tie­ne mie­do de que Ma­til­da sea muy de­pen­dien­te de la ima­gen?

—La voy a edu­car de una for­ma pa­ra que se sien­ta có­mo­da con lo que ella quie­ra. Tal vez sal­ga des­pre­jui­cia­da o co­mo su ma­má, co­que­ta y que le gus­te es­tar im­pe­ca­ble. —Se la vin­cu­ló a un gru­po de fa­mo­sos que ex­hi­ben a sus hi­jos por­que otor­ga ra­ting, ¿qué bus­ca al po­sar con Ma­til­da?

—Ella com­par­te con­mi­go co­sas que yo ha­go. Mi vi­da es pú­bli­ca. En Es­ta­dos Uni­dos, la fa­mi­lia de los fa­mo­sos es­tá ex­pues­ta, más aún con las re­des so­cia­les. Hoy tie­nen más ra­ting las re­des que la te­le­vi­sión. En­ton­ces si lo ha­cés en las re­des, es lo mis­mo que ha­cer­lo en los me­dios tra­di­cio­na­les. No cri­ti­co al que no lo quie­re mos­trar co­mo tam­po­co al que quie­re ha­cer­lo. Mien­tras sea be­bé no me pa­re­ce que uno le es­té ha­cien­do un da­ño. En al­gún pun­to a uno le gus­ta com­par­tir su fe­li­ci­dad con el pú­bli­co.

—¿Sien­te que vi­ve en un reality show per­ma­nen­te? —El otro día la es­cu­ché de­cir a Mo­ria (Ca­sán) al­go muy in­tere­san­te, que hoy to­dos es­ta­mos den­tro de un reality des­de que exis­ten las re­des so­cia­les, aún la gen­te que no es fa­mo­sa. Los fa­mo­sos qui­zá es­ta­mos so­bre­ex­pues­tos por­que le­van­tan lo que uno ha­ce en to­dos los me­dios. Si me das ele­gir, pre­fie­ro vol­ver a la épo­ca don­de no exis­tían las re­des so­cia­les. Si bien el 80% de mis se­gui­do­res me di­ce co­sas lin­das, hay otro tan­to que es en­vi­dio­sa, los ha­ters, que crean cuen­tas de re­sen­ti­mien­to y bron­ca pa­ra agre­dir­te. —¿Qué cree el pú­bli­co de us­ted que no se con­di­ce con su per­so­na?

—Que di­cen que soy frí­vo­la, fría, y soy ce­ro eso. No me mo­les­ta a es­ta al­tu­ra de mi vi­da. Si si­go en pie es por­que me las ban­qué to­das. Veo mu­cho odio y en­vi­dia en mu­cha gen­te, yo no me me­to con na­die y no agre­do a na­die. —¿Es ob­se­si­va? —Pre­fie­ro de­fi­nir­me co­mo pun­ti­llo­sa, por­que ob­se­si­va tie­ne una con­no­ta­ción ne­ga­ti­va.

—¿Tu­vo que cam­biar des­de la lle­ga­da de Ma­til­da? —Me re­la­jé con al­gu­nas co­sas. Cuan­do la de­jo con mi ma­má, le lleno la ca­be­za y la vuel­vo lo­ca. Es­toy muy atrás de ella pe­ro no me ge­ne­ra un dra­ma. La cam­bio, le lim­pio el “po­pó” y el vó­mi­to, ha­go de to­do. —¿Ha­ce co­le­cho? —No ha­go co­le­cho, sal­vo al­gu­na vez que se rom­pió la ca­le­fac­ción en la ca­sa, pe­ro a par­tir de los seis me­ses duer­me en su cuar­to. Ella, a la ma­ña­na, si to­da­vía no me le­van­té, jue­ga so­li­ta y ca­da vez que la voy a bus­car a la cu­na, me ve y se de­ses­pe­ra. Con el te­ma co­mi­das, mi ma­má me co­ci­na y le guar­do las co­mi­das en el free­zer, eso me sim­pli­fi­ca mu­cho por­que no sé co­ci­nar. —¿Y có­mo or­ga­ni­za sus co­mi­das? —Soy un po­co des­pro­li­ja. Me gus­tan mu­cho los dul­ces. Pue­do co­mer tor­tas, un al­fa­jor, sin in­fu­sio­nes por­que no me gus­ta el ca­fé, el té o el ma­te, en­ton­ces lo re­em­pla­zo con ju­go de na­ran­ja o yo­gurth. Al­muer­zo una en­sa­la­da con fi­deos, un ome­let­te o pas­tas. Co­mo cuan­do pue­do, no ten­go ho­ra­rios. A la tar­de, co­mo al­go dul­ce, no ten­go una ru­ti­na de co­mi­da. La ce­na pa­ra mí es fun­da­men­tal por­que du­ran­te el día no me gus­ta lle­nar­me por­que me aga­rra sue­ño. Me con­vie­ne co­mer de no­che así duer­mo bas­tan­te. Ayer sa­lí a ce­nar y co­mí una pro­vo­le­ta, unas pe­chu­gas con pa­pas fri­tas y he­la­do de pos­tre. No me pri­vo de na­da. —¿Se pe­sa? —Ha­ce mu­cho que no me pe­so. Siem­pre me veo igual de cuer­po.

—¿Có­mo se sien­te aho­ra que des­de su rol de con­duc­to­ra de “Chis­mo­ses” por NET TV se ocu­pa de ha­blar de la vi­da de los otros?

—Me sien­to bien por­que en el rol de con­duc­to­ra una no se me­te mu­cho en el ba­rro sino que di­ri­ge el pro­gra­ma. El ba­rro que­da pa­ra los pa­ne­lis­tas por­que se po­nen a opi­nar, a de­ba­tir, eso me sa­ca el pe­so de me­ter­me a fon­do. Es­toy con­ten­ta por­que me die­ron una lin­da opor­tu­ni­dad, era al­go que que­ría ha­cer y pa­ra lo que me ve­nía pre­pa­ran­do. Se vi­ve un muy buen cli­ma. Se me pa­san vo­lan­do las dos ho­ras. Es­tá bueno y hay que ga­nar ho­ras de vue­lo en es­ta pro­fe­sión, es un pa­so im­por­tan­te.

—En una re­cien­te en­tre­vis­ta con Ca­ro­li­na “Pam­pi­ta” Ar­dohain en “Pam­pi­ta In­ti­ma” (NET TV), con­tó que en su úl­ti­mo show en la Ar­gen­ti­na, Luis Mi­guel la in­vi­tó a ce­nar, ¿por qué no fue? —Al­guien que le es­ta­ba or­ga­ni­zan­do una ce­na me lla­mó pa­ra ver si po­día ir, pe­ro yo es­ta­ba de no­via y no me pa­re­cía co­rrec­to.

—Si los dos es­tu­vie­ran sol­te­ros, ¿acep­ta­ría ver­lo? —Si los dos es­tu­vie­ra­mos sol­te­ros, no lo pen­sé. Co­mo ami­gos, sí. —¿Le gus­ta co­mo hom­bre? —Es una per­so­na in­tere­san­te des­de la ad­mi­ra­ción co­mo ar­tis­ta. Pa­ra res­pon­der­te eso ten­dría que co­no­cer­lo en pro­fun­di­dad. —¿Vio la se­rie de Luis Mi­guel? —Sí, vi la se­rie y me en­can­tó. —Re­cien­te­men­te vino Die­go Bo­ne­ta, el ac­tor que lo in­ter­pre­ta en la se­rie, ¿le gus­ta?

—Pa­re­ce un chi­co di­vino pe­ro no sé si es mi gus­to. Ade­más, es­tá de no­vio. Aun­que si es­tu­vie­ra sol­te­ro, to­mar al­go no se le nie­ga a na­die...

—En la úl­ti­ma se­ma­na se ha­bló de un su­pues­to ro­man­ce que ha­bría te­ni­do con Lio­nel Mes­si en 2009, ¿sa­lió con el fut­bo­lis­ta?

—No voy a ha­blar de eso. Una vez lo

co­no­cí en per­so­na pe­ro no quie­ro con­tar de­ta­lles.

—¿Se vol­vió a ver con Mar­tín Redrado?

—Sí, tres ve­ces: en su ofi­ci­na, en su ca­sa y en mi ca­sa de Nor­del­ta. En su ofi­ci­na, vol­vió a in­ten­tar be­sar­me. El sen­ti­mien­to no se va de un día al otro. El me di­jo que se­guía sin­tien­do co­sas por mí.

—Des­pués de las dis­cor­dias de es­te úl­ti­mo tiem­po, ¿lo de­jó ver a Ma­til­da? —No. Nun­ca en­ten­dí bien la re­la­ción de Ma­til­da con él, no sé si la quie­re o no por­que no es­tu­vo en su na­ci­mien­to.

—Pe­ro par­ti­ci­pó ac­ti­va­men­te en el pro­ce­so e in­clu­so la ayu­dó eco­nó­mi­ca­men­te pa­ra lle­var ade­lan­te la su­bro­ga­ción...

—Sí, él es­tu­vo en ese te­ma pre­sen­te, pe­ro hay mu­chas co­sas pri­va­das que no pue­do con­tar.

—¿Redrado se sien­te pa­dre de Ma­til­da?

—No sé, eso es al­go que ha­bría que pre­gun­tar­le a él.

—¿Tie­ne que ver con la men­sua­li­dad que él le pa­ga? (NdR: Va­ne­sa Wa­sin­ger, ex del hi­jo de Mar­tín Redrado, To­más, di­jo que el eco­no­mis­ta le pa­ga­ría cin­co ci­fras en dó­la­res) —Esas son co­sas que él de­be­ría acla­rar pú­bli­ca­men­te. Ten­go en­ten­di­do que la va a que­re­llar. —¿No le va a per­mi­tir ver­la? —Si no me pi­de per­dón, nun­ca más en su vi­da va a ver a Ma­til­da. To­do de­pen­de­rá de él y de mis con­di­cio­nes pa­ra que la pue­da ver.

—¿Por qué cree es­tá tan ob­se­sio­na­do con us­ted?

—Sien­to que tu­ve un amor sano con él, una vez lo ha­bla­mos en te­ra­pia de pa­re­ja y el psi­có­lo­go me dio el aval. Cuan­do ten­go esas reac­cio­nes in­tem­pes­ti­vas con él es por­que rom­pe có­di­gos, ni se­pa­ra­da me res­pe­ta. Yo soy una mu­jer de có­di­gos y lu­cho por eso. No hay un ex no­vio mío que te ha­ble mal de mí. Ten­go una ex­ce­len­te re­la­ción con la ma­yor par­te de ellos. Hoy ten­go una re­la­ción ex­ce­len­te con su ex Iva­na (Pa­gés). Ella fue la úni­ca que me man­dó un men­sa­je cuan­do na­ció mi hi­ja. Soy una mu­jer con có­di­gos y cuan­do los rom­pen con­mi­go yo tam­po­co los ten­go. No me voy a que­dar ca­lla­da. Yo soy así, pue­do po­ner­te en un al­tar, pe­ro si me fa­llas, te ha­go la cruz. —¿En al­gún mo­men­to pen­só ini­ciar al­gu­na ac­ción le­gal con su abo­ga­da Ana Ro­sen­feld con­tra Mar­tín Redrado? —To­da­vía no lo de­ci­di­mos, ana­li­za­re­mos si yo me sien­to dam­ni­fi­ca­da en al­gún pun­to.

—¿Es­tá Ma­til­da in­vo­lu­cra­da en ese re­cla­mo?

—No im­por­ta eso. Hoy so­mos las dos, ella de­pen­de de mí, así que en al­gún pun­to ella es par­te.

—¿Redrado la in­dem­ni­zó por la se­pa­ra­ción?

—No, ni ha­bla­mos de eso, pa­ra na­da. Tam­po­co me in­tere­sa re­mo­ver co­sas de mi pa­sa­do. Ya no es mi pa­re­ja y no ten­go por­qué cui­dar­lo.

—¿Có­mo reac­cio­na­ría él si se en­te­ra que es­tá con al­guien?

—El ya lo sa­be, se lo con­té. No es­toy de no­via, es­toy co­no­cien­do a al­guien y lo lle­vo ocul­to por­que no es­toy se­gu­ra. Por un tiem­po no quie­ro que mi vi­da pri­va­da es­té en bo­ca de to­dos y mu­cho me­nos des­pués de to­do lo que pa­sé. Quie­ro man­te­ner­lo en re­ser­va en al­gún pun­to por­que to­da mi vi­da fue así. An­tes de Mar­tín fui muy re­ser­va­da con mi vi­da pri­va­da.

—Si se enamo­ra­ra de al­guien, ¿De­ja­ría to­do por amor?

—El hom­bre que me pi­da de­jar­lo to­do se­ría un ti­rano. Si me pi­den que no tra­ba­je más acá, pue­do ac­ce­der, pe­ro nun­ca re­le­ga­ría mi per­fil pú­bli­co. Eso no es amor. Eso es po­se­sión, así que no lo acep­ta­ría. Me iría a vi­vir afue­ra, de­pen­de de don­de sea el des­tino. Es­ta­ría dis­pues­ta a em­pe­zar una nue­va vi­da. No soy enamo­ra­di­za, soy más bien com­pli­ca­da. No me preo­cu­pa se­guir so­la por­que no es­toy so­la. El amor de un hom­bre me po­ten­cia­ría.

“Hoy Ma­til­da es más de­man­da­da que yo. Las ta­pas de re­vis­ta me las pi­den con ella.”

La ac­triz no des­car­ta ini­ciar­le una de­man­da a Mar­tín Redrado por sen­tir­se dam­ni­fi­ca­da. Di­ce que la úl­ti­ma vez que se vie­ron él in­ten­tó be­sar­la y le di­jo que se­guía sin­tien­do co­sas por ella.

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