Có­mo se rea­li­za el cho­que de pos­te

La ba­ja su­per­fi­cie de im­pac­to ha­ce di­fí­cil di­si­par la fuer­za, lo que pro­du­ce gran­des chan­ces de in­tru­sión.

Clarin - Autos - - SEGURIDAD - Ga­briel Sil­vei­ra gsil­vei­ra@cla­rin.com

Las prue­bas de cho­que en­tre­gan un re­sul­ta­do cer­te­ro de qué es lo que su­ce­de con la es­truc­tu­ra del vehícu­lo du­ran­te y des­pués del im­pac­to. Ade­más de los fron­ta­les y la­te­ra­les, que si­mu­lan gol­pes con­tra otros au­tos, es­tán los que re­pro­du­cen el que es con­tra una co­lum­na o un ár­bol. A es­te úl­ti­mo se lo co­no­ce co­mo im­pac­to de pos­te y, por sus ca­rac­te­rís­ti­cas, es uno de los más le­ta­les. Cla­rín par­ti­ci­pó en Landsberg, Ale­ma­nia, de uno de es­tos en­sa­yos que só­lo es su­pe­ra­do por los au­tos más se­gu­ros.

La prue­ba la reali­zó La­tin NCAP, en las ins­ta­la­cio­nes del ADAC, el Au­to­mó­vil Club Ale­mán, en don­de tam­bién eva­lúa la se­gu­ri­dad de los au­tos que se ven­den en el país eu­ro­peo. A di­fe­ren­cia de los otros en­sa­yos, el im­pac­to de pos­te pre­sen­ta una com­ple­ji­dad par­ti­cu­lar, ya que la su­per­fi­cie del au­to que re­ci­be la ener­gía del im­pac­to es muy pe­que­ña. Y el ele­men­to es só­li­do e ina­mo­vi­ble. Es por eso que re­sul­ta muy di­fí­cil di­si­par esa fuer­za y las po­si­bi­li­da­des de in­tru­sión den­tro del ha­bi­tácu­los son gran­des. Re- sultan vi­ta­les las ba­rras de pro­tec­ción den­tro de las puer­tas, la ri­gi­dez del pi­lar B (que es­tá en­tre las puer­tas de­lan­te­ra y tra­se­ra) y la ac­tua­ción de air­bags la­te­ra­les y de cor­ti­na.

El au­to se co­lo­ca so­bre una pla­ta­for­ma que es ti­ra­do por una guía a tra­vés de un mo­tor hi­dráu­li­co. El vehícu­lo re­co­rre 53 me­tros y cho­ca a 30 km/h. La fuer­za que so­por­ta el cuer­po es de en­tre 20 y 30 g.

El im­pac­to se pro­du­ce con­tra una co­lum­na de ace­ro re­lle­na de hor­mi­gón, que es­tá co­lo­ca­da so­bre una es­truc­tu­ra de con­cre­to de 300 to­ne­la­das, cu­ya ma­yor par­te es­tá en­te­rra­da en el sue­lo (17 me­tros).

Pre­via­men­te se co­lo­ca den­tro del vehícu­lo al dummy, un mu­ñe­co que si­mu­la la es­truc­tu­ra ósea de una per­so­na y que es­tá re­ple­to de sen­so­res que pue­den me­dir los es­fuer­zos, la pre­sión y la des­ace­le­ra­ción a la que es so­me­ti­do. Ca­da uno cuesta en­tre 300 y 350 mil eu­ros. Dos per­so­nas se en­car­gan de co­lo­car pin­tu­ra en di­fe­ren­tes sec­to­res del cuer­po y la ca­be­za del dummy pa­ra que des­pués de­jen sus mar­cas en los lu­ga­res del in­te­rior del vehícu­lo en los que ter­mi­na gol­pean­do el mu­ñe­co.

El “ma­qui­lla­je” es lo úl­ti­mo que se ha­ce, pa­ra evi­tar que la pin­tu­ra se se­que. An­tes se ajus­ta­ron los equi­pos de súper cá­ma­ra len­ta y fotografía. An­tes de una fuer­te alar­ma, se en­cien­den los pa­ne­les de re­flec­to­res que per­mi­ten to­mar ca­da ima­gen al de­ta­lle. El so­ni­do del ca­rro ga­nan­do ve­lo­ci­dad an­ti­ci­pa su pron­ta lle­ga­da.

¡Pum! El so­ni­do del im­pac­to es se­co. Vis­to des­de una pla­ta­for­ma en al­tu­ra, no pa­re­ce muy gran­de el da­ño. Pe­ro al ba­jar de la pla­ta­for­ma y ver de cer­ca có­mo que­dó el Co­ro­lla, se to­ma rá­pi­da­men­te con­cien­cia de la pe­li­gro­si­dad de es­te ti­po de ac­ci­den­te. A pe­sar de que los va­lo­res die­ron muy bien y que la es­truc­tu­ra re­sis­tió bien el gol­pe, el ni­vel de in­tru­sión de la co­lum­na es no­ta­ble. Es por eso que se vuel­ven fun­da­men­ta­les el res­to de los ele­men­tos que ac­túan una vez pro­du­ci­do el im­pac­to, co­mo las ba­rras den­tro de las puer­tas y los air­bags la­te­ra­les y de cor­ti­na.

Re­sul­ta­do. A pe­sar de la in­tru­sión, los va­lo­res die­ron muy bien.

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