La fa­la­cia del “des­aco­ple”

Clarin - Rural - - LOS TEMAS DE LA SEMANA - Héc­tor A. Huer­go hhuer­go@clarin.com

El go­bierno in­sis­te con la teo­ría del “des­aco­ple”, que con­sis­te en in­de­pen­di­zar los pre­cios agrí­co­las in­ter­nos res­pec­to a los in­ter­na­cio­na­les. Pa­ra ello, ya no le al­can­za con las re­ten­cio­nes, cu­yo ob­je­ti­vo prio­ri­ta­rio es re­cau­dar. Ape­la en­ton­ces al ar­did de las tra­bas a la ex­por­ta­ción, ope­ra­do a tra­vés del per­ver­so me­ca­nis­mo de los ROEs.

Es­to ha lle­va­do a una bre­cha obs­ce­na en­tre el va­lor teó­ri­co de ex­por­ta­ción, y el pre­cio del mer­ca­do in­terno.

En es­tos días re­cru­de­ce la in­dig­na­ción por el ca­so del tri­go, mien­tras el go­bierno se re­go­dea por las con­se­cuen­cias co­la­te­ra­les del dis­la­te: la se­ma­na pa­sa­da la Sociedad Ru­ral Ar­gen­ti­na se abrió de Ar­gen- tri­go, la en­ti­dad que coor­di­na a la ca­de­na del sec­tor.

La po­lé­mi­ca de­ci­sión fue ce­le­bra­da por mu­chos pro­duc­to­res, qui­zá sin ad­ver­tir que CFK mar­có otra mues­ca en la cu­la­ta de su fu­sil an­ti-cam­po.

El ar­gu­men­to que sub­ya­ce atrás de la teo­ría del des­aco­ple es el cui­da­do de “la me­sa de los ar­gen­ti­nos”. He­mos de­mos­tra­do mu­chas ve­ces su in­efi­ca­cia, por­que en reali­dad lo que fi­nal­men­te se des­aco­pla es el pre­cio de los ali­men­tos res­pec­to de la ma­te­ria pri­ma.

El tri­go ba­jó un 35% en el mer­ca­do internacional, y hay ade­más una bre­cha de 30%/40% en­tre el FAS teó­ri­co y el pre­cio del mer­ca­do. Mu­chos, los que pue­den, uti­li­zan el grano co­mo fo­rra­je. Con el no­vi­llo a 16 pe­sos es una con­ver­sión en car­ne más que in­tere­san­te.

El mer­ca­do es­tá tam­bién aba­rro­ta­do de ha­ri­na, con los mo­li­nos ope­ran­do al 60%, por­que tam­bién es­tá tra­ba­da la ex­por­ta­ción.

Pe­ro el pan si­gue su­bien­do. Una mues­tra de épo­ca: el pan dul­ce cos­ta­rá es­ta Na­vi­dad un 30% más que el año pa­sa­do.

Pe­ro hay un he­cho que re­sal­ta, con grue­sos tra­zos de evi­den­cias, que la teo­ría se con­vir­tió en una ver­da­de­ra fa­la­cia. Es lo que su­ce­de con los com­bus­ti­bles, con enor­me im­pac­to en el po­der ad­qui­si­ti­vo, pe­ro que ade­más atra­vie­san al agro

Es cla­ra la in­efi­ca­cia de in­de­pen­di­zar los pre­cios in­ter­nos de los ex­ter­nos

des­de va­rias di­rec­cio­nes.

El lec­tor, del cam­po o la ciu­dad, ha­brá ad­ver­ti­do ya que los com­bus­ti­bles si­guen su­bien­do. Quien mar­ca el rit­mo es YPF. En los paí­ses nor­ma­les, el pre­cio de la naf­ta acom­pa­ña las os­ci­la­cio­nes del pe­tró­leo.

En Es­ta­dos Uni­dos, ba­jó de 2,80 el ga­lón (0,77 dó­la­res/li­tro), a 1,60 (0,44 U$S/l). Ca­si la mi­tad. Lo mis­mo con el ga­soil. Pe­ro hay más. Fe­liz­men­te pa­ra el sec­tor, ya las naf­tas se cor­tan con eta­nol. Es­to sig­ni­fi­ca nue­va de­man­da pa­ra maíz: más de un mi­llón de to­ne­la­das con las cin­co plan­tas en ope­ra­ción. Y to­das pre­pa­ra­das pa­ra ex­pan­dir­se. Sin em­bar­go, el go­bierno de­ci­dió “aco­plar” el pre­cio del eta­nol al pre­cio del maíz, su ma­te­ria pri­ma. Por su­pues­to, no tras­la­da es­te me­nor costo al pre­cio de la naf­ta, lo que sig­ni­fi­ca, li­sa y lla­na­men­te, trans­fe­rir in­gre­sos de la ca­de­na agroin­dus­trial, al vie­jo mun­do del pe­tró­leo.

Pa­ra quie­nes pien­san, con la me­jor vo­lun­tad, que es una for­ma de ca­pi­ta­li­zar a la em­pre­sa es­ta­tal, con­vie­ne que re­cuer­den que só­lo una par­te de YPF es del Es­ta­do, y que es­ta trans­fe­ren­cia be­ne­fi­cia a otras em­pre­sas del ru­bro.

Por su pues­to, en los EE.UU. el pre­cio del eta­nol ba­jó al mis­mo rit­mo que la naf­ta, a la que sus­ti­tu­ye en un 10%.

Co­mo lo mis­mo su­ce­dió con el maíz, fren­te al im­pac­to de la ma­yor co­se­cha de la his­to­ria, las plan­tas de eta­nol es­tán a full: la se­ma­na pa­sa­da se su­peró el ré­cord de pro­duc­ción dia­rio, con 982.000 ba­rri­les. El ré­cord an­te­rior era de 974.000 (www.et­ha­nol­pro­du­cer.com). No es un da­to me­nor. Con es­te rit­mo, se di­ge­ri­rán 130 mi­llo­nes de to­ne­la­das de maíz, un ter­cio de la co­se­cha, lo que ge­ne­ra un so­por­te pa­ra los pre­cios.

El de­rrum­be se ori­gi­nó en el au­men­to es­pe­ra­do de los stocks fi­na­les, que pa­sa­ron de 15 a 40 mi­llo­nes de to­ne­la­das. Ima­gi­ne­mos lo que su­ce­de­ría si es­ta in­dus­tria no exis­tie­ra. El de­rrum­be se­ría te­rri­ble.

Pe­ro en la Ar­gen­ti­na de hoy son po­cos los que pien­san es­tra­té­gi­ca­men­te. Ya es ho­ra, en­tran­do en la rec­ta fi­nal de la era K.

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