Un cam­bio de nor­ma

Clarin - Rural - - PROTAGONISTA - Ja­vier Rei­ga­da Abo­ga­do es­pe­cia­lis­ta en te­mas agra­rios

Ha co­men­za­do a re­gir el nue­vo Có­di­go Ci­vil y Co­mer­cial de la Na­ción (en ade­lan­te C.C. y C.). Lue­go de más de un si­glo de vi­gen­cia ha con­clui­do el ci­clo del Có­di­go Ci­vil de la Na­ción crea­do por Vé­lez Sar­field que ri­gió des­de el año 1871.

El nue­vo có­di­go uni­fi­ca la le­gis­la­ción ci­vil y co­mer­cial. Por eso, con­si­de­ra­mos im­por­tan­te ana­li­zar que re­per­cu­sión tie­ne ello so­bre la le­gis­la­ción agraria.

Pro­ba­ble­men­te, la cues­tión más im­por­tan­te sea el pla­zo de vi­gen­cia de los con­tra­tos. La ley de arren­da­mien­to es­ta­ble­ce un pla­zo mí­ni­mo, pe­ro no un má­xi­mo, sal­vo pa­ra el ca­so del ar­tícu­lo 45, en las que el arren­da­ta­rio se obli­ga a ha­cer me­jo­ras que re­tar­da­ren la pro­duc­ción en dos años y en cu­yo ca­so el pla­zo má­xi­mo pa­ra con­tra­tar se ex­tien­de a vein­te años. En lo de­más se re­gía por el an­ti­guo Có­di­go Ci­vil, que en su art. 1505 es­ta­ble­cía un pla­zo má­xi­mo de diez años. Su co­rre­la­ti­vo –el art. 1197 del C.C. y C. -es­ta­ble­ce que el pla­zo no pue­de su­pe­rar el de vein­te años pa­ra el des­tino ha­bi­ta­cio­nal y de cin­cuen­ta años pa­ra los otros des­ti­nos, en­tre los cua­les es­tá in­clui­do el de arren­da­mien­to ru­ral.

La ex­ten­sión de es­te pla­zo no es un te­ma me­nor ya que arren­dar por un pla­zo de cin­cuen­ta años su­pera las po­si­bi­li­da­des de pre­vi­sión del ne­go­cio, lo que re­per­cu­te en la de­ter­mi­na­ción del va­lor del arren­da­mien­to, má­xi­me que el C.C. y C. no pre­vé la ac­tua­li­za­ción mo­ne­ta­ria. Por di­cho mo­ti­vo lo con­ve­nien­te es re­la­cio­nar­lo con el va­lor de la pro­duc­ción -ya sea agrí­co­la o ga­na­de­ra-es­ta­ble­cien­do el va­lor en pe­sos equi­va­len­te a una de­ter­mi­na­da can­ti­dad de quin­ta­les de grano o ki­lo­gra­mos de car­ne va­cu­na, de­ter­mi­nan­do el ti­po, etc. Se ha­ce hin­ca­pié en el va­lor de­be ser en “pe­sos”, ya que ello es fun­da­men­tal pa­ra su eje­cu­ta­bi­li­dad se­gún lo ha de­ter­mi­na­do la pro­lí­fi­ca ju­ris­pru­den­cia al res­pec­to.

Otro te­ma im­por­tan­te es la in­ter­pre­ta­ción de los con­tra­tos. Si bien la nor­ma­ti­va del C.C. y C. es si­mi­lar a la an­te­rior, ya no se ex­pre­sa que las par­tes de­ben so­me­ter­se al con­tra­to “co­mo a la ley mis­ma”, se­gún lo es­ta­ble­cía el art. 1197 del an­ti­guo Có­di­go. Exis­te una se­ria po­si­bi­li­dad de que una nue­va co­rrien­te ju­ris­pru­den­cial sea más in­ter­ven­cio­nis­ta en lo que res­pec­ta a mo­di­fi­car la vo­lun­tad de las par­tes, co­mo ya se ha vis­to que ocu­rre en los úl­ti­mos años.

Pe­ro apar­te de ello el C.C. y C. ha crea­do otras nor­mas co­mo la mo­di­fi­ca­ción de la ley de so­cie­da­des que se de­no­mi­na ac­tual­men­te “Ley ge­ne­ral de So­cie­da­des” la que per­mi­te la crea­ción de la So­cie­dad Anó­ni­ma Uni­per­so­nal (SAU).

En ba­se a ello se ad­mi­te que una so­la y mis­ma per­so­na sea el in­te­gran­te de una SAU que sea pro­pie­ta­ria –por ejem­plo- de un tam­bo, y de otra que se de­di­que a la ex­plo­ta­ción agrí­co­la.

En lo que res­pec­ta a las re­la­cio­nes de fa­mi­lia me­re­ce ser con­si­de­ra­da la po­si­bi­li­dad de pac­tos so­bre he­ren­cia fu­tu­ra -ve­da­da por el an­te­rior có­di­go- siem­pre que sean re­la­ti­vos a una ex­plo­ta­ción pro­duc­ti­va o a par­ti­ci­pa­cio­nes so­cie­ta­rias de cual­quier ti­po, con mi­ras a la con­ser­va­ción de la uni­dad de ges­tión em­pre­sa­ria o a la pre­ven­ción o so­lu­ción de con­flic­tos es­ta­ble­ci­da por el art. 1010 del C.C. y C.

Se am­plía la por­ción dis­po­ni­ble por el tes­ta­dor que en el an­ti­guo có­di­go (art. 3593) era de cua­tro quin­tos pa­ra los hi­jos y de dos ter­cios (art. 3594) pa­ra los as­cen­dien­tes el C.C. y C. en su art. 2445 la es­ta­ble­ce en dos ter­cios y un me­dio res­pec­ti­va­men­te, no ha­bien­do va­ria­do la le­gí­ti­ma del cón­yu­ge.

No cabe du­da en­ton­ces que el C.C. y C. ten­drá gran in­fluen­cia en el fu­tu­ro de­sa­rro­llo del queha­cer agro­pe­cua­rio. t

Cen­tral. Lo más im­por­tan­te del ac­tual có­di­go es el cam­bio de vi­gen­cia de los con­tra­tos de al­qui­ler.

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