“Quie­ro al­go dis­tin­to a lo que hi­ce”

Vol­ca­do al ci­ne, es­tre­na el jue­ves “Los que aman, odian”, con es­ce­nas de se­xo con Lui­sa­na Lo­pi­la­to, fil­ma con Bran­do­ni y lo ha­rá con Ar­man­do Bo co­mo un ti­po en­fer­mo. La fama, las sel­fies, la vi­da.

Clarin - Spot - - Nota De Tapa - Pa­blo O. Scholz ps­cholz@cla­rin.com

Un té. Es­toy pe­lo­tu­do, es­toy des­de las 7 y cuarto arri­ba”. Lo di­ce el hom­bre que a los 62 años le cues­ta dis­tin­guir cuál fue el me­jor año ar­tís­ti­co que ha vi­vi­do “por­que han si­do mu­chos”, el que se au­to­ge­ne­ra tra­ba­jos (en abril de 2018 pro­du­ci­rá y di­ri­gi­rá tea­tro), el que acep­ta sel­fies pe­ro con­sien­te que a ve­ces es can­sa­dor. El que se ca­mu­fla ba­jo una bu­fan­da has­ta sen­tar­se en un bar en Ba­rra­cas pa­ra ha­blar, en­tre otras co­sas, de Los que aman, odian, en la que tie­ne es­ce­nas de se­xo con Lui­sa­na Lo­pi­la­to (su hi­ja en Ca­sa­dos con hi­jos) y es­tre­na el jue­ves. El que se pi­de un té, so­lo. Y el que se que­dó con el de­lan­tal de co­ci­ne­ro de la obra Nues­tras mu­je­res co­mo sou­ve­nir. -¿Y lo usás?

-Lo ten­go, lo usé el do­min­go ha­cien­do un asa­di­to en mi ca­sa.

Gui­ller­mo Fran­ce­lla se en­tu­sias­ma co­mo cuan­do pa­tea­ba ATC y Ca­nal 9 tra­tan­do de de­jar un cu­rri­cu­lum, “me ha­cía fotos ar­tís­ti­cas que sa­lían un hue­vo, y veía có­mo las en­te­rra­ban en un ca­jón…”. Pe­ro una vez que arran­có, prác­ti­ca­men­te no se de­tu­vo.

Aho­ra tie­ne una se­gui­di­lla: es­tre­na pe­lí­cu­la, fil­ma otra, y ca­si de in­me­dia­to otra más, y en­sa­ya­rá y es­tre­na­rá obra ba­sa­da en una pe­lí­cu­la.

“Es­toy bien, con­ten­to. El es­treno de Los que aman, odian no iba a ser en sep­tiem­bre sino en abril, pe­ro por to­do lo que le pa­só a Lui­sa­na, po­bre­ci­ta, con su hi­ji­to, se pos­ter­gó y fil­ma­mos lo que nos que­da­ba en mar­zo y abril”. -¿Te lle­gan mu­chos guio­nes?

-Sí.

-¿Y de­cís que no y es­tá to­do bien, al­gún di­rec­tor im­por­tan­te te acer­ca y le de­cís que no? ¿Te pa­só? -Mi­rá, soy muy res­pe­tuo­so con el te­ma de las de­vo­lu­cio­nes. Y si es un con­te­ni­do que no me sien­to cómodo, o los li­bros no me gus­tan… Sí, cla­ro, por su­pues­to, me nie­go. Lo que sí, tra­to de no te­ner a na­die con un “De­ja­me que es­toy vien­do…”. No, esa fra­ne­la que se­gún ellos es muy ha­bi­tual... Pe­ro no na­ce de mí, me ha­blas­te de di­rec­to­res co­no­ci­dos, pe­ro pue­den ser ig­no­tos, o que yo no co­noz­co, y ten­go la mis­ma ac­ti­tud. -Con Hu­ber­man, es­te ho­meó­pa­ta de la no­ve­la de Bioy Casares y Sil­vi­na Ocam­po, ¿qué pun­tos en co­mún en­con­tras­te pa­ra po­der cons­truir­lo? -Me gus­tó el uni­ver­so que que­ría con­tar des­de que leí el guión. La ho­meo­pa­tía es hoy com­ba­ti­da, ima­gi­na­te lo que fue en la dé­ca­da del ‘40. No era só­lo por la pro­fe­sión, en­tre glo­bu­li­tos y tu­bi­tos de en­sa­yo, sino por la trans­for­ma­ción que tie­ne a par­tir de una pa­cien­te. Le na­ce una pa­sión que nunca ha­bía sen­ti­do en su vi­da, y lo en­lo­que­ce, no es so­la­men­te que lo enamo­ra, lo me­te en un lu­gar que no pue­de ma­ne­jar, y ella, que es tra­duc­to­ra y com­par­te con él la lec­tu­ra de li­bros, es una co­mehom­bres, una fem­me fa­ta­le que

en aque­lla épo­ca no era tan co­mún ob­ser­var­las. Y le cam­bia exis­ten­cial­men­te la vi­da.

Fran­ce­lla re­cuer­da que el ho­tel en la cos­ta don­de trans­cu­rre la ma­yor par­te del re­la­to lo fil­ma­ron en es­ce­na­rios co­mo la Vi­lla Ocam­po “que es la plan­ta ba­ja; la plan­ta al­ta es otro lu­gar, en la ca­lle Ba­sa­vil­ba­so y la em­pa­ta­ron, las áreas ar­tís­ti­cas han si­do ex­tra­or­di­na­rias. ¿La pla­ya? Es Pun­ta Mé­da­nos, cer­qui­ta de Pi­na­mar. Es la na­da mis­ma. No sé si vos o tu fa­mi­lia lle­ga­ron a co­no­cer el Ho­tel Os­ten­de, el vie­jo, ¿si­gue es­tan­do? No sé cuál es el es­ta­do, pe­ro con­cre­ta­men­te hu­bo mu­cha vi­da aris­to­crá­ti­ca.”

-Ellos eran ha­bi­tués.

-Cla­ro. Y te di­go que a mí me pa­só que so­bre­vo­la­ba la pre­sen­cia de Sil­vi­na, de Vic­to­ria, de Bioy, de Bor­ges.

-¿Ha­bías si­do lec­tor de ellos?

-Sí, bueno, no ávi­do, pe­ro he leí­do, no de Sil­vi­na ni de Vic­to­ria, co­sas de Bioy y de Bor­ges. Ha­ce po­qui­to leí un anec­do­ta­rio de Bor­ges muy sim­pá­ti­co, muy gra­cio­so. Pe­ro lo que sig­ni­fi­ca un mun­do que yo no vi­ví, del piano, del li­cor, esa mú­si­ca, yo la pu­de ver. Es­to es dis­tin­to. Es dis­tin­to a cual­quier co­sa que vi y que hi­ce. Tam­po­co veo asi­dua­men­te ese co­lor. Los efec­tos es­pe­cia­les han si­do tre­men­dos, ese en­cie­rro que se ge­ne­ra, con cier­tos to­ques de Agatha Ch­ris­tie, con sus­pen­so. Es­toy en­tu­sias­ma­do, vos lo di­jis­te re­cién, no es de las pe­lí­cu­las que acá en la Ar­gen­ti­na se sue­len ha­cer. A mí el uni­ver­so me apa­sio­na.

-Hu­ber­man cam­bió en la pe­lí­cu­la.

-En la no­ve­la era el que con­ta­ba la vi­da de Mary. Fue adap­ta­do por Ma­ci y Est­her Feld­man. Un dulce de le­che Ale­jan­dro, mor­fa­ble. Yo es­toy se­gu­ro de que al pú­bli­co le va a gus­tar la pe­lí­cu­la. -Es­ta­mos en un mo­men­to en que se vi­ve una pri­ma­ve­ra del ci­ne argentino, en­tre “La cordillera”, la de Suar, “Ma­má se fue de via­je”. ¿Te pa­re­ce que es só­lo un mo­jón, o a qué obe­de­ce? -Agos­to siem­pre ha si­do una fe­cha bue­na, por el fe­ria­do lar­go. Yo tu­ve Co­ra­zón de León, El se­cre­to de sus ojos, en esa fe­cha. A ve­ces no me gus­ta que se pe­guen tan­to las pe­lí­cu­las ar­gen­ti­nas. Aun­que sean con­te­ni­dos di­fe­ren­tes. A mí me su­ce­dió con Atra­co y con Dos más dos, creo que era, cuan­do se pe­gan… -Se res­tan pú­bli­co. Y es­ta cues­tión, el lle­gar al mi­llón de es­pec­ta­do­res es una ob­se­sión… -Yo ya la vi­ví mu­chas ve­ces, y no es que no me in­tere­sa, por­que se­ría un fal­so. Co­mo cuan­do ha­cés TV, “no me in­tere­sa el ra­ting”, o cuan­do ha­cés tea­tro no te im­por­ta la can­ti­dad de es­pec­ta­do­res. Aun­que no sea el pro­duc­tor yo quie­ro que me va­ya muy bien, pe­ro re­pi­to, no es un te­ma, por­que si no iría a otro ti­po de ci­ne. Que lo pue­do ase­gu­rar mu­cho más.

-¿Vas al ci­ne cuan­do es­tán tus pe­lí­cu­las?

-La acom­pa­ño co­mo lo­co.

-Pe­ro no a ha­cer pren­sa, ¿vas a los ci­nes a ver la reac­ción del pú­bli­co?

-Sí. Me­dio ca­mu­fla­di­to atrás. Cuan­do ha­go in­te­rior, Cór­do­ba o Ro­sa­rio, soy de me­ter­me atrás, a es­cu­char la reac­ción. Me en­can­ta, en­tro un po­qui­to em­pe­za­da, me sien­to y es­cu­cho. Tam­po­co lo ha­go tan asi­dua­men­te por­que to­do el ac­ce­so al shop­ping, to­da la en­tra­da des­de de­te­ner­se a ha­blar con la gen­te, la sel­fie…

- ¿Can­sa ya un po­co to­do eso, sin­ce­ra­men­te?

-Lo que pa­sa es que… Es una de­man­da ex­te­rior muy gran­de. Don­de yo siem­pre ten­go la me­jor ener­gía, pe­ro na­die atien­de un es­ta­do aními­co di­fe­ren­te, o de can­san­cio o de sa­lud. “¿Sa­ca­mo una fo­ti­to?” Y, bueno, sí, pe­ro sa­bés que es así, y en­ton­ces… Go­zo de una gran po­pu­la­ri­dad, me sien­to muy que­ri­do, en­ton­ces... -¿Pen­sás o te cues­tio­nás “voy al ci­ne, có­mo ha­go…”?

-Y, cla­ro. Ca­mi­ná un ra­ti­to por Mon­tes de Oca con­mi­go. No es tan sen­ci­llo.

-A la can­cha vas.

-Sí, por­que a la de Ra­cing voy por Pa­sa­je Cor­bat­ta, di­rec­ta­men­te al pal­co, pe­ro ob­via­men­te es un día de cien­tos de fotos. Cien­tos. Es­toy sen­ta­do, bueno.

-¡Es­toy sen­ta­do!

-Sí. Por­que ¿có­mo se ha­ce? “No, no sa­co”. Vie­nen los chi­cos a sa­car­se. Pe­ro ya es­tá en mi vi­da. Es­ta in­ter­na­li­za­do. Ha­ce mu­chos años que me pa­sa. En una épo­ca eran los au­tó­gra­fos, en­ton­ces “no ten­go (bi­ro­me, ha­ce con los ges­tos, co­mo ex­cu­sán­do­se), pe­ro la fo­to… -Re­don­dea­me las es­ce­nas eró­ti­cas con Lui­sa­na, có­mo fue, qué pue­de ge­ne­rar en la gen­te. -Bueno, es­to es fic­ción, en Ca­sa­dos

con hi­jos Pe­pe Ar­gen­to tam­bién era fic­ción. So­mos ac­to­res, Lui­sa­na te­nía 18 años, aho­ra tie­ne 30, me pa­re­ce que la úni­ca al­ter­na­ti­va era man­dar­se, o man­dar­se. No es­tá bien si son me­dias tin­tas, des­de el so­pa­po que me arran­ca la ca­be­za… -¿Te pe­ga en se­rio, no?

-Ob­vio. Has­ta la pa­sión que hay, tie­ne que ser ver­da­de­ra, si no lo es, no po­días con­ven­cer a na­die de lo que real­men­te ocu­rría. -No tu­vis­te an­tes es­ce­nas de se­xo en el ci­ne.

-No que re­cuer­de. Al­gu­na en TV.

-Se te caía el ja­bón al fi­nal en una pe­lí­cu­la y te aga­cha­bas, en los ‘80.

-Ehhhhh, creo que en te­le sí, al­go en ci­ne ten­go, no pue­do pre­ci­sar…

-Es co­mo una pri­me­ra vez, ex­po­ner­te de una for­ma dis­tin­ta.

-Lui­sa­na tras ver la pe­lí­cu­la di­jo “no me vi yo”, y eso es­tá bueno. Y a mí me gus­ta ver­me tam­bién di­fe­ren­te en co­sas, en tiem­pos. -No so­la­men­te el bi­go­ti­to, pa­sa por otro la­do. ¿Al­go nue­vo en te­le­vi­sión? -No. Ten­go ga­nas… Aún no me lle­gan li­bros, no hay tan­tos unitarios, pe­ro es­tas co­sas de Net­flix, o ha­cer co­sas in­tere­san­tes de ca­pí­tu­los, sí, me gus­ta­ría ha­cer, con una te­má­ti­ca que me se­duz­ca. -¿Se­guís ata­do a un con­tra­to con Te­le­fe?

-No. Pa­sa que prác­ti­ca­men­te to­da la dé­ca­da del ‘90 y de 2000 hi­ce mu­chí­si­mos ci­clos. Con Gus­ta­vo Yan­ke­le­vich, con Clau­dio Vi­lla­rruel y con To­más Yan­ke­le­vich. Aho­ra me fal­ta de­bu­tar con Da­río Tu­ro­velzky. -Si te ofre­cen al­go…

-Ob­vio. No des­car­to na­da.

No tu­ve es­ce­nas de se­xo en el ci­ne, que re­cuer­de. Con Lui­sa­na la úni­ca al­ter­na­ti­va era man­dar­se, o man­dar­se.”

¿Te­le­vi­sión? Ten­go ga­nas.. no me lle­gan li­bros de unitarios, pe­ro es­tas co­sas de Net­flix, o ha­cer co­sas en ca­pí­tu­los...”

AN­DRÉS D’ELIA

Lle­gar o no lle­gar, no es la cues­tión. La hi­po­té­ti­ca ba­rre­ra del mi­llón de es­pec­ta­do­res no lo preo­cu­pa. “Ha­ría otro ci­ne”, di­ce.

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