“Nin­gún mú­si­co de­be en­ce­rrar­se en un so­lo es­ti­lo”

El pio­ne­ro del pop elec­tró­ni­co, ha­bla de la evo­lu­ción del gé­ne­ro y des­ta­ca el rol de lo vi­sual en sus pues­tas.

Clarin - Spot - - Música -

El com­po­si­tor y mú­si­co fran­cés Jean­mi­chel Ja­rre, uno de los pio­ne­ros en ex­plo­rar la mú­si­ca elec­tró­ni­ca, que el 9 de no­viem­bre to­ca­rá por pri­me­ra vez en la Ar­gen­ti­na, en GEBA, ad­vier­te des­de un co­mien­zo de su char­la con Cla­rín que la im­pro­vi­sa­ción no es lo pri­mor­dial den­tro de su gé­ne­ro. Al mis­mo tiem­po, reivin­di­ca su con­cep­to de pro­gre­sión cons­tan­te y de la exis­ten­cia de po­cos lí­mi­tes so­no­ros, aún cuan­do sos­tie­ne un fuer­te an­cla­je en el con­cep­to de es­truc­tu­ra, ges­ta­do a la som­bra de sus es­tu­dios.

Es que Ja­rre es tan­to un com­po­si­tor en los tér­mi­nos que pro­po­ne la mú­si­ca lla­ma­da clá­si­ca co­mo un ha­bi­li­do­so ar­te­sano de la elec­tró­ni­ca; y pue­de pa­sar in­me­dia­ta­men­te de la par­ti­tu­ra al de la eje­cu­ción im­pro­vi­sa­da. "A los 16 en­tré al Mu­sic Re­search Cen­tre (GRM), en Pa­rís, y ahí hu­bo una unión de am­bas co­sas", cuen­ta el ar­tis­ta, de 68 años. "Fue el pri­mer lu­gar en el mun­do que se pu­so co­mo ob­je­to de es­tu­dio la mú­si­ca elec­tró­ni­ca. Me per­mi­tió ex­plo­rar más en tér­mi­nos de so­ni­dos, y de abrir­me al mun­do".

La lla­ve pa­ra esa aper­tu­ra al mun­do la en­con­tró con Oxy­gè­ne (1976), el éxi­to gi­gan­tes­co de Ja­rre. Aun­que no fue el debut dis­co­grá­fi­co del fran­cés (pre­via­men­te ha­bía edi­ta­do el sim­ple The Ca­ge y el dis­co De­ser­ted Pa­la­ce), a es­te ál­bum, de una so­la pie­za elec­tró­ni­ca di­vi­di­da en seis par­tes, se lo con­si­de­ra su pri­mer pro­yec­to ofi­cial. Uno de los pa­sa­jes más im­pac­tan­tes del tra­ba­jo, pre­sen­ta­do co­mo sin­gle, es la sec­ción Oxy­gè­ne Part IV que, pa­ra él, "re­pre­sen­ta la ca­ra más acep­ta­ble" den­tro de la mú­si­ca elec­tró­ni­ca, por­que "se des­ta­ca la me­lo­día".

-Con 40 años de dis­tan­cia ¿cuá­les son las di­fe­ren­cias en­tre "Oxy­gè­ne" (1976) y "Oxy­gè­ne 3" (2016), tu úl­ti­mo dis­co de es­tu­dio?

-El pri­mer "Oxy­gè­ne" lo hi­ce con seis ca­pí­tu­los, sin tí­tu­lo, co­mo si es­cri­bie­se un li­bro. Vi que en esos tiem­pos po­dría ser ge­nial, pa­ra pen­sar en tér­mi­nos de se­cuen­cias. Y siem­pre es­tu­ve in­tere­sa­do en las se­cuen­cias; tan­to en la li­te­ra­tu­ra, pe­lí­cu­las... Pe­ro co­mo no exis­tía en la mú­si­ca elec­tró­ni­ca, me pa­re­ció in­tere­san­te pro­po­ner­lo con Oxy­gè­ne. Con Oxy­gè­ne 3, es co­mo si fue­se la ter­ce­ra tem­po­ra­da. Es al­go con­cep­tual. Fue pen­sa­do en los mis­mos ins­tru­men­tos con los cua­les hi­ce el pri­me­ro, ca­si el mis­mo so­ni­do, pe­ro en una his­to­ria y un es­ce­na­rio di­fe­ren­te.

-En tu ado­les­cen­cia es­tu­dias­te y to­ca­bas el piano, has­ta te gus­ta­ban el jazz y el rock. ¿Có­mo fue el pa­so pa­ra ser uno de los pio­ne­ros de la mú­si­ca elec­tró­ni­ca?

-To­qué en una ban­da de rock, y me gus­ta­ba -me si­gue gus­tan­do- el jazz. Des­pués de en­trar al GRM me di cuen­ta de qué era lo que que­ría ha­cer. Ex­plo­rar la mú­si­ca elec­tró­ni­ca es co­mo co­ci­nar... Pa­ra mí la elec­tró­ni­ca siem­pre es­tu­vo li­ga­da a es­ta ana­lo­gía de co­ci­nar: mez­clar, mix­tu­rar tex­tu­ras, pe­ro den­tro de un sis­te­ma orgánico. Me di cuen­ta de que eso era lo que que­ría ha­cer, siem­pre tra­tan­do de crear un puen­te en­tre la ex­pe­ri­men­ta­ción y el pop, dán­do­le im­por­tan­cia a la me­lo­día. Des­de que en­tré me cam­bió la vi­da y me de­di­qué ex­clu­si­va­men­te a ello.

-Pe­ro re­co­no­cis­te ser un adic­to a la mú­si­ca en ge­ne­ral.

-Es ver­dad que soy un adic­to a la mú­si­ca, pe­ro me re­fie­ro a mi adic­ción a es­cri­bir y com­po­ner mú­si­ca. No soy

un adic­to a es­cu­char mú­si­ca y di­fe­ren­te ti­po de mú­si­cas to­do el tiem­po. Pe­ro cla­ro, pon­go aten­ción y es­cu­cho mu­cha mú­si­ca elec­tró­ni­ca, por­que me es fa­mi­liar. Y tam­bién voy por el la­do de la mú­si­ca clá­si­ca, el jazz, el rock y el heavy me­tal. Creo que nin­gún mú­si­co de­be en­ce­rrar­se en un só­lo es­ti­lo de mú­si­ca.

- ¿Có­mo ima­gi­na­bas el fu­tu­ro de la mú­si­ca elec­tró­ni­ca en tus co­mien­zos?

-Siem­pre es­tu­ve con­ven­ci­do que la mú­si­ca elec­tró­ni­ca iba a ex­plo­tar en el si­glo XXI. Pen­sé que no iba a ser una ten­den­cia o al­go de un de­ter­mi­na­do mo­men­to, co­mo se pue­de en­ca­si­llar a al­gu­nos es­ti­los mu­si­ca­les, sino al­go con­ti­nuo que iba a ser una "co­sa ma­yor" en es­te si­glo. Y cam­bió to­do, en cuan­to a com­po­si­ción, pro­duc­ción y dis­tri­bu­ción de la elec­tró­ni­ca con la ayu­da de in­ter­net y la tec­no­lo­gía.

-En 1997, en el 850 aniver­sa­rio de la ciu­dad de Mos­cú, en Ru­sia, to­cas­te pa­ra más de tres mi­llo­nes de per­so­nas. Un ré­cord ab­so­lu­to. ¿Qué sen­tis­te?

-Es ex­tra­ño... (po­ne una pau­sa). Es un mis­te­rio en­tre dos en­ti­da­des: el es­ce­na­rio y la au­dien­cia. Y es­ta quí­mi­ca pue­de fun­cio­nar o no. Pe­ro cuan­do te­nés una au­dien­cia en vi­vo de más de tres mi­llo­nes de per­so­nas, sal­van­do las dis­tan­cias, es co­mo un au­dien­cia de un gran tea­tro. La pro­por­ción es di­fe­ren­te y la pro­duc­ción fue gi­gan­te. Pe­ro lo her­mo­so de es­to es es­tar pre­pa­ra­do pa­ra to­car en es­ta­dios, en tea­tros, en clubs, al ai­re li­bre...

-Pe­ro ima­gino que es co­mo lle­gar al súm­mum... ¿Cuál es el si­guien­te pa­so pa­ra un ar­tis­ta?

-El si­guien­te pa­so, en mi opi­nión, es dar lo má­xi­mo en el pró­xi­mo con­cier­to pa­ra ha­cer­lo úni­co. En es­te mo­men­to es­toy muy en­tu­sias­ma­do por los shows que da­ré en Amé­ri­ca del sur, en Chi­le y la Ar­gen­ti­na, por pri­me­ra vez. Es un sue­ño he­cho reali­dad, por­que des­de el co­mien­zo de mi ca­rre­ra, las pri­me­ras car­tas que re­ci­bí apre­cian­do mi tra­ba­jo, lue­go de mi pri­mer y se­gun­do ál­bum, eran de Ar­gen­ti­na, Chi­le y Bra­sil. Sé que hay mu­chos se­gui­do­res ahí y me gus­ta­ría com­par­tir mi mú­si­ca con ellos de la me­jor for­ma po­si­ble. Es un desafío muy in­tere­san­te pre­sen­tar­me en tu país. Bue­nos Ai­res es muy ri­co en tér­mi­nos cul­tu­ra­les, y cons­tan­te­men­te apo­ya y apre­cia los nue­vos con­cep­tos.

- Ha­blás de una épo­ca en la que, in­clu­so, no era tan co­mún te­ner ac­ce­so a tu mú­si­ca...

- Es un mis­te­rio. Pe­ro he re­ci­bi­do mu­chas car­tas de Amé­ri­ca del sur por mi mú­si­ca. Des­de en­ton­ces sen­tí al­go muy cer­cano en­tre mi mú­si­ca y el pú­bli­co de allí. Pue­de ser por­que en mis me­lo­días pue­da ha­ber un to­que la­tino. Por lo pron­to, es­toy muy agra­de­ci­do por com­par­tir es­te nue­vo pro­yec­to, y es­pe­cial­men­te es­te tour, con gen­te de tu país, por­que es una de las pro­duc­cio­nes más in­tere­san­tes de las que he he­cho, en re­la­ción a las vi­sua­les.

- ¿Siem­pre fue tan im­por­tan­te el ele­men­to vi­sual en tus shows?

- Fui uno de los pri­me­ros in­vo­lu­cra­dos en las vi­sua­les en la mú­si­ca elec­tró­ni­ca. En es­tos tiem­pos has­ta el en rock hay vi­sua­les, y ca­da vez que voy a fes­ti­va­les elec­tró­ni­cos veo co­sas que he he­cho 25 años an­tes. Es­ta vez, ten­go la am­bi­ción de pre­sen­tar al­go di­fe­ren­te. Es ex­ci­tan­te po­der com­par­tir con el pú­bli­co una es­pec­ta­cu­lar at­mós­fe­ra tri­di­men­sio­nal, pe­ro sin ga­fas, com­ple­men­ta­do con la mú­si­ca, dán­do­le otro ti­po de pro­fun­di­dad des­de una pers­pec­ti­va con efec­tos 3D.

-No sos di­se­ña­dor, por lo tan­to, ¿de dón­de en­con­trás ins­pi­ra­ción pa­ra crear ese ti­po de vi­sua­les?

-De mi mú­si­ca, prin­ci­pal­men­te. Siem­pre in­ten­té que mi mú­si­ca crea­ra una pers­pec­ti­va o un es­ca­pe so­no­ro, y qui­se ex­pre­sar­lo vi­sual­men­te. Des­pués, pa­ra ca­da can­ción me ins­pi­ré en pe­lí­cu­las, pin­tu­ras, vi­deos, in­ter­net, tra­tan­do de en­con­trar el "vo­ca­bu­la­rio" vi­sual in­di­ca­do pa­ra ex­pre­sar­lo. En es­te tour lo que tra­to de ha­cer es que no sea al­go ho­mo­gé­neo, sino una pro­gre­sión cons­tan­te. Que no te ima­gi­nes có­mo se­rá el show has­ta el fi­nal. Pa­ra crear los ele­men­tos de sor­pre­sa me­dian­te una pro­gre­sión de so­ni­do y vi­sua­les.w

Adic­to. El ar­tis­ta fran­cés con­fie­sa que no pue­de pa­rar de com­po­ner y es­cri­bir, y que le pres­ta aten­ción a lo que pa­sa en el jazz, el rock y el heavy.

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