Víc­tor Maytland, pa­dre del porno ar­gen­tino

Víc­tor Maytland. Di­rec­tor es­tre­lla de pe­lí­cu­las con­di­cio­na­das

Clarin - Spot - - Portada - Her­nán Firpo hfir­po@cla­rin.com

-¿Justo, justo?

-Sí, mi pri­me­ra pe­lí­cu­la, Las Tor­tu­gas Mu­tan­tes Pin­jas, es de 1989, pe­ro yo em­pie­zo con mi ci­ne porno en 1987. Ha­ce justo 30 años, con una se­rie de do­cu­men­ta­les lla­ma­dos Anua­rio. Ahí des­cu­bro el hu­mor a tra­vés de la mú­si­ca. A una es­ce­na de les­bia­nis­mo le me­to mú­si­ca de Al­mo­dó­var y ese ter­mi­na sien­do mi se­llo.

-¿Po­de­mos ti­tu­lar: el porno na­cio­nal na­ció ha­ce 30 años?

-Du­ró 30 años.

-¿Se aca­bó?

-Co­mo in­dus­tria, sí. Aho­ra no da pa­ra ha­cer más de una pe­li por año. In­ter­net se co­mió to­do el ne­go­cio.

-¿Has­ta que vos lle­gas­te só­lo eran las te­tas de la Co­ca Sar­li?

-Sí. Y So­fo­vich con Los ca­ba­lle­ros de la ca­ma re­don­da. No ha­bía más que eso.

-En Wi­ki­pe­dia di­ce que vol­vis­te en 1987. ¿Es­tu­vis­te exi­lia­do?

-Si lla­más exi­lio al ha­ber tra­ba­ja­do en Ca­nal 9, sí... Yo ve­nía del ci­ne po­lí­ti­co, bah, de es­tu­diar ci­ne po­lí­ti­co.

-En Wi­ki­pe­dia di­ce que tra­ba­jas­te en “La ho­ra de los hor­nos”, la pe­lí­cu­la de Pino So­la­nas y Octavio Ge­tino, del Gru­po de Ci­ne Li­be­ra­ción...

-Wi­ki­pe­dia di­ce cual­quier co­sa. Di­ce que soy uru­gua­yo. Da a en­ten­der que es­tu­ve exi­lia­do. Ha­ce po­co se hi­zo una pe­lí­cu­la so­bre mi vi­da, Maytland se lla­ma. Es muy lin­da, pe­ro me pin­tan co­mo un per­so­na­je sar­treano y yo tra­ba­ja­ba en la pro­duc­ción de Fe­liz Do­min­go y en Ca­la­bro­mas. ¡Tam­po­co soy Cos­ta-ga­vras! To­do el mé­ri­to fue de Ge­tino y de Pino So­la­nas con La ho­ra de los hor­nos.

-¿Y vos que hi­cis­te ahí?

-Yo fui me­ri­to­rio, era el que le lle­va­ba el ca­fé a Pino. Hi­ce pe­lí­cu­las fir­ma­das por Ro­ber­to Se­na, mi ver­da­de­ro nom­bre, pe­lí­cu­las don­de tra­ba­ja­ban Mo­ria Ca­sán, et­cé­te­ra, y se es­tre­na­ban só­lo en video. Pe­ro de gol­pe me vi en la ne­ce­si­dad de ir un po­co más allá y bueno, ha­ga­mos porno di­je. Al prin­ci­pio lo pen­sé co­mo al­go en jo­da, pe­ro fue que­dan­do.

-¿Có­mo son los sub­si­dios del INCAA en el caso del porno?

-¡¿Sub­si­dios?! Ja­más un sub­si­dio, nun­ca, nun­ca. De ha­ber pre­sen­ta­do uno de mis pro­yec­tos, lo hu­bie­ra he­cho de ma­ne­ra en­cu­bier­ta pa­ra des­pués me­ter­le el porno. No po­día ir de fren­te.

-¿O sea que el INCAA te dis­cri­mi­nó?

-Siem­pre tu­ve la du­da de por qué no me sub­si­dia­ba. Igual yo nun­ca me pre­sen­té. No me ani­mé y co­mo ade­más me iba muy bien, no ne­ce­si­ta­ba nin­gu­na cla­se de sub­si­dio.

-¿Cuán­tas pe­lí­cu­las hi­cis­te?

-Más de 200. Yo pro­du­je pa­ra los Es­ta­dos Uni­dos. Hi­ce ci­ne hé­te­ro, bi­se­xual, gay, ci­ne porno con te­má­ti­ca tra­ves­ti... Mi seu­dó­ni­mo, Vic­tor Maytland, lo usa­ba só­lo con las pe­lí­cu­las he­te­ro­se­xu­laes. Des­pués usa­ba otros nom­bres de fan­ta­sía co­mo Jean Luc Go­det...

-¿Có­mo se te ocu­rre lo del porno?

-Por­que co­mo ci­neas­ta po­lí­ti­co no pu­de fil­mar y me sa­lía de la vai­na por ha­cer co­sas.

-¿Quien fue la pri­me­ra ac­triz porno argentina?

-Sa­mant­ha Ray.

-Hay que ha­cer­le una nota ur­gen­te…

-Se fue a Mia­mi, pu­so un in­mo­bi­lia­ria, le fue bár­ba­ro, pe­ro me­dio que nie­ga su pa­sa­do.

-¿Tu­vi­mos al­gún John Hol­mes?

-No, siem­pre tu­ve pi­bes dis­cre­tos. No nos ca­rac­te­ri­za­mos por actores porno es­pec­ta­cu­la­res. Ac­tri­ces tam­bién tu­ve a Dé­bo­ra Pratt, muy lin­da, muy yan­qui, una de las es­tre­llas de ci­ne porno na­cio­nal con ver­da­de­ro per­fil in­ter­na­cio­nal. Mu­rió.

-¿De si­da?

-No, un ACV. Di­cen que la ma­tó el porno, pe­ro en el porno es­ta­ba bien y sa­lu­da­ble. Con el porno te­nía mu­cho la­bu­ro. Cuan­do cae el ne­go­cio ella em­pie­za a es­tar co­mo per­di­da y se po­ne a to­mar dro­gas. Aparte era bi­po­lar...

-Di­jis­te que te con­tra­ta­ron de los Es­ta­dos Uni­dos. ¿Te­ne­mos un se­xo de ex­por­ta­ción?

-Ellos veían que yo po­día en­trar muy bien en el mer­ca­do la­tino.

-¿A Ma­ría Riot la co­no­cés? Ella se ven­de co­mo pros­ti­tu­ta fe­mi­nis­ta y ac­triz porno o al­go así...

-La ver­dad que yo no le creo na­da. Yo vi una es­ce­na o dos, na­da más, pe­ro la mi­na se ven­de bien con ese asun­to del “pos­porno”.

-¿Qué es?

-Una re­ve­ren­da pe­lo­tu­dez: que el hom­bre tie­ne un apa­ra­to re­pro­duc­tor agre­si­vo que de­be ser re­em­pla­za­do con con­so­la­do­res y dil­dos. To­do es­to vie­ne apo­ya­do por las ar­ma­das fe­mi­na­zis. Ellas me odian. En un de­ba­te pú­bli­co has­ta lle­ga­ron a es­cu­pir­me.

-¡¿Las #Ni una me­nos?!

-No, las fe­mi­na­zis esas que se me­tie­ron de lleno en el #Ni una me­nos. Ellas son agre­si­vas y con­fun­den vio­len­cia con pa­sión. Cuan­do es­tás co­gien­do, ¿qué su­ce­de en los úl­ti­mos 20 se­gun­dos? Les das rá­pi­do. ¿Y por qué? Por­que te­nés pa­sión. Di­cen que tie­ne que ha­ber porno pa­ra mu­je­res. Y bueno, da­le, yo te lo ha­go pe­ro, ¿cuál es? No exis­te. La co­sa es que se ar­mó un de­ba­te pú­bli­co y las mi­nas me pu­tea­ron y me es­cu­pie­ron. Me de­cían: “¡Te­ne­mos es­to!”, y me mos­tra­ban unas te­tas her­mo­sas...

-Vos tra­ba­jás con “no actores”. ¿Eso pue­de ser una for­ma de pros­ti­tu­ción en­cu­bier­ta?

-En la pe­lí­cu­la no, por­que es un rol que yo asigno. Si la chi­ca me di­ce con tal no tra­ba­jo, pa­ra mí es­tá to­do bien. Ade­más, si es­tu­vie­ra con­si­de­ra­do pros­ti­tu­ción yo es­ta­ría pre­so.

-¿El se­xo es más fá­cil pa­ra las mu­je­res que pa­ra los hom­bres?

-Totalmente. Al hom­bre se le tie­ne que pa­rar. En el con­tex­to de una gra­ba­ción, de ca­da cien só­lo pue­den dos o tres. Du­ran­te las pe­lí­cu­las, el se­xo es una de­man­da: yo te ne­ce­si­to a tal ho­ra en tal lu­gar y vos de­bés te­ner una erec­ción. Es muy di­fí­cil ca­len­tar­se con al­go que en definitiva es la­bu­ro.

-¿Qué cla­se porno es el que más con­su­mi­mos?

-Las te­tas gran­des si­guen pa­gan­do. Lo “ama­teur” tam­bién.

-¿Y qué es lo que no si­gue “pa­gan­do”?

-El va­gi­nal sen­ci­llo y el les­bia­nis­mo. En el caso del les­bia­nis­mo ne­ce­si­tás ur­gen­te que ha­ya un ti­po ahí, una fi­gu­ra mas­cu­li­na desa­rro­lla­da con un pe­ne... No­so­tros no es­ta­mos mal vis­tos a ni­vel mun­dial. Si tu­vie­ra que ha­cer un ran­king di­ría que es­ta­mos sex­tos, Bra­sil quin­to y Es­ta­dos Uni­dos es el uno. Pe­ro Argentina su­pera a Por­tu­gal, Is­rael o Gre­cia.

-¿Qué nos po­ne por en­ci­ma de Por­tu­gal?

-La crea­ti­vi­dad y la in­ven­ti­va que te­ne­mos, ade­más de la de­sin­te­re­sa­da co­la­bo­ra­ción de téc­ni­cos ge­nia­les y mú­si­cos.

-Pe­ro me ha­blás de téc­ni­cos y mú­si­cos...

-Sí, no es­ta­mos en el ran­king por la ex­ce­len­cia ac­to­ral. Los yan­quis son maes­tros. El di­rec­tor les di­ce “co­jan” y los ti­pos es­tán 25 mi­nu­tos co­gien­do sin pa­rar. Acá nun­ca se pu­do. Acá a ve­ces se in­hi­ben y se les ba­ja.

-¿Por qué Hugh Hef­ner vi­vió y mu­rió en una mansión ro­dea­do de ru­bias y vos, el zar del porno na­cio­nal, vi­vís en un 5to “F”?

-¿Pe­ro acá có­mo ha­cés? Im­po­si­ble. Es­to du­ró 30 años. Vi­ví bien, po­dría vi­vir sin tra­ba­jar, pe­ro no es­ta­mos pa­ra lu­jos.

“Yo tra­ba­ja­ba en la pro­duc­ción de ‘Fe­liz do­min­go’ y en ‘Ca­la­bro­mas’. ¡Tam­po­co soy Cos­ta-ga­vras!”.

FER­NAN­DO DE LA OR­DEN

No se es­con­de. Maytland di­ri­gió “Las tor­tu­gas pin­jas” en 1989, pe­ro en 1987 ya es­ta­ba ha­cien­do porno. Di­ce que du­ró só­lo trein­ta años.

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