Una re­la­ción un tan­to par­ti­cu­lar

Son ma­dre e hi­ja en “La quie­tud”, el fil­me de Pa­blo Tra­pe­ro que es­tre­na el jue­ves, an­tes de ir a Ve­ne­cia y To­ron­to.

Clarin - Spot - - Nota De Tapa - San­dra Com­mis­so scom­mis­so@cla­rin.com

Se mi­ran con amor. Gra­cie­la Bor­ges elo­gia a Mar­ti­na Gus­man, y Mar­ti­na no le sa­ca de en­ci­ma la mi­ra­da de ad­mi­ra­ción. El di­rec­tor Pa­blo Tra­pe­ro apro­ve­chó ese sen­ti- mien­to mu­tuo y las con­vir­tió en ma­dre e hi­ja en La quie­tud, su fil­me más re­cien­te que se es­tre­na es­te jue­ves. Pe­ro en la pe­lí­cu­la no hay una re­la­ción amo­ro­sa sino con­flic­ti­va, ten­sa y dra­má­ti­ca en­tre ellas.

-¿Les cos­tó ar­mar ese víncu­lo ma­dre e hi­ja tan ás­pe­ro?

Bor­ges: La co­noz­co a Mar­ti­na des­de ha­ce mu­chos años y hay cier­tos enamo­ra­mien­tos que se dan con al­gu­nas per­so­nas y con ella fue así. Tal vez fue hi­ja mía en otra vi­da, o quién sa­be qué. Siem­pre te­nía­mos pen­dien­te tra­ba­jar jun­tas. Cuan­do me lla­mó Tra­pe­ro le di­je que sí an­tes de que me con­ta­ra el pro­yec­to. Hay una sim­bio­sis con ella, so­mos muy pa­re­ci­das. Y en la pe­lí­cu­la fue un desafío, por­que mi per­so­na­je pre­fie­re a la otra hi­ja. Y me cos­tó mu­cho eso. Me an­gus­tia­ba por­que a Mar­ti­na la quie­ro es­pe­cial- men­te. Por suer­te, con to­do el elen­co tra­ba­ja­mos con mu­cha amo­ro­si­dad, y no siem­pre ocu­rre eso. Pe­ro yo ne­ce­si­to ge­ne­rar ese cli­ma de tra­ba­jo siem­pre, pa­ra mí es fun­da­men­tal.

En La quie­tud, Es­me­ral­da (Bor­ges) guar­da va­rios se­cre­tos que em­pe­za­rán a sa­lir a luz cuan­do sus hi­jas, Mia (Gus­man) y Eugenia (Bé­ré­ni­ce Be­jo) se vuel­van a en­con­trar y re­ini­cian su in­ten­sa re­la­ción de amor y ri­va­li­dad. El elen­co lo com­ple­tan Joaquín Fu­rriel y Ed­gar Ra­mí­rez. Gus­mán: Pa­ra mí, tra­ba­jar con Gra­cie­la fue cum­plir un sue­ño, prin­ci­pal­men­te. Ella es un ícono, “la” ac­triz del cine ar­gen­tino.

-¿Te dio un po­co de te­mor?

Gus­man: Y sí, me dio... Bor­ges: No le dio na­da, si es una ac­triz ge­nial, no di­gas pa­va­das... (ri­sas) Gus­man: Hay que de­cir las co­sas co­mo son. El desafío era so­bre to­do por el ti­po de víncu­lo, com­par­ti­mos un par de es­ce­nas muy fuer­tes. Creo que se dio una mez­cla de de­lei­te vién­do­la con un apren­di­za­je del pro­ce­so. Un po­co lo que le pa­sa a mi per­so­na­je, que bus­ca el amor de esa ma­dre de­ses­pe­ra­da­men­te. Lo apro­ve­ché pa­ra ar­mar el per­so­na­je. Bor­ges: Te voy a de­cir al­go, con res­pec­to al ego que ya per­dí en el ca­mino por­que em­pe­cé a los 14 y ten­go... 32 (ri­sas). Lo que ella me ayu­dó en cier­tas es­ce­nas que fue­ron muy fuer­tes es fe­no­me­nal. Hay que ser muy agra­de­ci­do en la vi­da. Y ella es­tu­vo ahí en un mo­men­to en que no sa­lía el tex­to. Y uno tra­ba­ja con la ener­gía del otro. En cine es así. Si no te­nés la mi­ra­da del otro, no po­dés ha­cer na­da, te sen­tís per­di­do. Y con ella nun­ca de­jé de en­con­trar­me a pe­sar de que las es­ce­nas no eran pa­ra na­da amo­ro­sas. Pien­so en eso y me emo­ciono... Gus­man: Creo que hu­bo una gran con­ten­ción de am­bas.

-En la pe­lí­cu­la hay mu­chas ca­pas de con­flic­tos que se su­per­po­nen: lo so­cial, lo his­tó­ri­co que afec­ta la vi­da pri­va­da de es­ta fa­mi­lia, y des­pués to­dos los con­flic­tos ín­ti­mos en­tre la ma­dre y las hi­jas, en­tre las her­ma­nas, en­tre ellas y los hom­bres de su vi­da.

Gus­man: Hay al­go de esas re­la­cio­nes in­ter­per­so­na­les pri­ma­rias que es muy fuer­te a par­tir del ma­triar­ca­do que es el eje de to­do. Co­mo si los cin­co per­so­na­jes fue­ran uno so­lo, sim­bió­ti­co y en­crip­ta­do en al­go de lo que

No sa­bés lo que tra­ba­jé pa­ra que Es­me­ral­da es­tu­vie­ra de­te­rio­ra­da. Ter­mi­né con un pin­za­mien­to que aún arras­tro.” Gra­cie­la Bor­ges

Hay al­go de ins­tau­rar el em­po­de­ra­mien­to fe­me­nino des­de un lu­gar muy au­tén­ti­co. To­ca te­mas co­mo el de­seo y el abor­to.”

Mar­ti­na Gus­man

no pue­den es­ca­par. Y ade­más, en es­te ca­so, los hom­bres son fun­cio­na­les a es­tas mu­je­res. Uno de ellos es el ob­je­to de de­seo de las dos pa­ra su­bli­mar el in­ces­to que no se ani­man a con­cre­tar ellas. La pe­lí­cu­la ron­da to­do el tiem­po lo que no se di­ce y lo que se di­ce, pe­ro de otra for­ma. -El uni­ver­so fe­me­nino es muy po­de­ro­so en es­ta his­to­ria.

Gus­man: Sí, se me­te en el uni­ver­so fe­me­nino de lleno y, ade­más de ha­blar de la bús­que­da del amor que es al­go uni­ver­sal, to­ca te­mas muy ac­tua­les, el de­seo, la in­fi­de­li­dad, has­ta el abor­to. Bor­ges: Es cu­rio­so, por­que cuan­do la fil­ma­mos el año pa­sa­do no es­ta­ba tan vi­si­ble el te­ma del abor­to y aho­ra mi­rá to­do lo que pa­só. -El de­seo fe­me­nino es cla­ve en la re­la­ción en­tre esas dos her­ma­nas, ¿no? Gus­man: Creo que en ese sen­ti­do hay al­go de ins­tau­rar el em­po­de­ra­mien­to fe­me­nino des­de un lu­gar muy au­tén­ti­co.la se­xua­li­dad es un mo­do de ex­pre­sión muy im­por­tan­te en to­dos los per­so­na­jes. ¿Te ima­gi­nás una es­ce­na de dos va­ro­nes, dos her­ma­nos, mas­tur­bán­do­se y com­par­tien­do ese

pla­cer? Ha­yas vis­to o no la ima­gen en al­gún la­do, lo po­dés ima­gi­nar por­que es­tá ins­ta­la­do en el ima­gi­na­rio co­lec­ti­vo. Pe­ro eso mis­mo con dos mu­je­res es más dis­rup­ti­vo, más in­có­mo­do, y la pe­lí­cu­la plan­tea esa in­co­mo­di­dad y a par­tir de ahí te ins­tau­ra en un ti­po de víncu­lo tan par­ti­cu­lar en­tre ellas.

Bor­ges: Pe­ro lo me­jor es que to­do eso es­tá tra­ta­do con una enor­me de­li­ca­de­za y una gran be­lle­za vi­sual. -Jus­ta­men­te, me pa­re­ce que el fil­me tie­ne una vuel­ta de tuer­ca en la es­té­ti­ca que se di­fe­ren­cia mu­cho de otras pe­lí­cu­las de Tra­pe­ro.

Gus­man: Creo que en otras pe­lí­cu­las de Pa­blo, la os­cu­ri­dad de los per­so­na­jes se ve re­fle­ja­da en el afue­ra, la ima­gen. Acá, el afue­ra es de mu­cha be­lle­za y la os­cu­ri­dad es­tá en esos víncu­los en­tre los per­so­na­jes, y que­da un po­co ta­pa­da por el pai­sa­je. De­trás del re­tra­to fa­mi­liar per­fec­to, de­trás del fil­tro de Ins­ta­gram que es al­go tan ac­tual, es­tá to­do lo que no es­tá re­suel­to, las he­ri­das abier­tas.

Bor­ges: Es una pe­lí­cu­la muy di­fe­ren­te, un po­co in­có­mo­da por­que te que­dás con una sen­sa­ción ra­ra. Es de esos fil­mes que te pe­ga en al­go muy

in­terno y te de­ja pen­san­do. Es ma­ra­vi­llo­so co­mo ellos, Pa­blo y Mar­ti­na, que son tan ar­mó­ni­cos y lu­mi­no­sos en su vi­da, pue­den me­ter­se en un te­rreno así y des­cri­bir­lo tan bien. En ese sen­ti­do, to­do en el elen­co nos en­tre­ga­mos mu­cho, nos com­pro­me­ti­mos con el pro­yec­to. -¿Qué es lo que más te atra­jo de tu per­so­na­je, Gra­cie­la?

Bor­ges: Es­toy muy fe­liz con Es­me­ral­da, a pe­sar de que, por ha­cer una pe­lí­cu­la de ve­rano en in­vierno, ter­mi­né con un pin­za­mien­to que to­da­vía arras­tro. Me sien­to en un mo­men­to ex­tra­or­di­na­rio por es­te per­so­na­je y es­ta pe­lí­cu­la. Es una mu­jer a la que le han pa­sa­do co­sas fuer­tes. Es muy ju­ga­do. Y qui­se que se no­ta­ra mu­cho en el fí­si­co. Por eso las ca­nas, el des­ali­ño. No sa­bés lo que tra­ba­jé pa­ra que Es­me­ral­da es­tu­vie­ra de­te­rio­ra­da. Y no qui­se ver ni un fo­to­gra­ma an­tes pa­ra no con­di­cio­nar­me.

Gus­man: Ella pe­día que le agre­ga­ran más ca­nas y cuan­do Pa­blo la veía, de­cía: “¿Qué pa­só acá? Yo no pe­dí tan­to”. Bor­ges: Mi nie­ta vio una fo­to y me di­jo: “Ay, abue­la, te vi y me pa­re­ció que es­ta­bas un po­co vie­ji­ta”. Y bueno, te­nía que ser así.w

FO­TOS DE LU­CÍA MERLE

Ad­mi­ra­ción. Es lo que se tie­nen una a otra. En el dra­ma que di­ri­ge el ma­ri­do de Mar­ti­na, el per­so­na­je de Gra­cie­la guar­da va­rios se­cre­tos, que des­en­ca­de­nan la tra­ma.

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