“Ma­ta­ron la li­ber­tad que te­nía­mos en la épo­ca de los hip­pies”

Pau­lo Coel­ho. Au­tor de “Hip­pie”

Clarin - Spot - - Nota De Tapa - Pa­tri­cia Suá­rez Especial pa­ra Cla­rín

El gurú de las le­tras la­ti­noa­me­ri­ca­nas re­vi­sa su pa­sa­do con rit­mo de th­ri­ller. "Lo que que­ría­mos era crear una so­cie­dad apar­te y tal vez en eso fui­mos muy in­ge­nuos”, re­fle­xio­na.

Es­pe­ra­do y siem­pre desea­do, el bra­si­le­ño Pau­lo Coel­ho lan­zó su vi­gé­si­mo li­bro. Se tra­ta de Hip­pie, una no­ve­la ins­pi­ra­da en su pro­pia vi­da. Con un rit­mo tre­pi­dan­te, ca­si de th­ri­ller, aun­que él de­cla­re que no es­tá se­gu­ro de que sea así: “Com­pren­do que las per­so­nas cuan­do leen un li­bro quie­ran ir ha­cia el fi­nal y com­pren­do por qué pue­de leer­se co­mo un th­ri­ller. No obs­tan­te yo creo que la na­rra­ti­va, la pro­sa, es muy im­por­tan­te. Co­mo de­cía Le­wis Ca­rroll: ‘Pa­ra es­cri­bir tie­nes que res­pe­tar una re­gla, em­pe­zar por el prin­ci­pio, ir has­ta el fi­nal y pa­rar’. Creo que es­cri­bir es eso y fue eso lo que hi­ce mien­tras es­cri­bía Hip­pie y so­la­men­te con­tan­do lo que vi­ví”.

Su li­bro na­rra las aven­tu­ras de es- te jo­ven Pau­lo y su bús­que­da den­tro de un mo­vi­mien­to (el hip­pie) que no las te­nía to­das con­si­go. Lue­go de rom­per con una aman­te ma­yor que él, ini­cia su ca­mino des­de un Bra­sil mi­li­ta­ri­za­do, don­de no tar­da en caer pre­so y ser tor­tu­ra­do por los pa­ra­mi­li­ta­res. Ape­nas li­be­ra­do, se atre­ve­rá a se­guir con el des­tino pla­nea­do: la tan men­ta­da ru­ta ha­cia Eu­ro­pa con des­tino fi­nal, Ne­pal. El li­bro sa­lió en abril en los mer­ca­dos nor­te­ame­ri­ca­nos y eu­ro­peos y es­ta­rá des­de el pri­mer día de sep­tiem­bre en las li­bre­rías ar­gen­ti­nas. Por correo elec­tró­ni­co, Coel­ho con­tes­tó las pre­gun­tas de Cla­rín.

-Hip­pie es una au­to­fic­ción. Us­ted co­men­ta que los he­chos allí con­ta­dos le ocu­rrie­ron y que só­lo los pa­só por el ta­miz de la fic­ción, en be­ne­fi­cio del lec­tor. ¿Có­mo se sin­tió sien­do su pro­pio per­so­na­je, es­ta vez?

-To­dos los li­bros son un re­fle­jo de mi al­ma. En al­gu­nos es más vi­si­ble co- mo El pe­re­grino de Com­pos­te­la o Las val­qui­rias, en otros no tan­to. Pe­ro yo soy tam­bién un pas­tor de San­tia­go bus­can­do el te­so­ro. Es­cri­bí el li­bro en ter­ce­ra per­so­na pa­ra ver­me a mí mis­mo y ver con ma­yor dis­tan­cia lo que pen­sa­ba en aquel tiempo. Tam­bién pa­ra fa­ci­li­tar mi tra­ba­jo, ya que así pue­do des­cri­bir lo que sien­ten otros per­so­na­jes, co­mo el fran­cés o Kar­la, sin la ne­ce­si­dad de uti­li­zar una ma­ne­ra más com­pli­ca­da pa­ra de­cir eso. Es cu­rio­so: el li­bro me hi­zo ob­ser­var lo que pa­sa aho­ra, las so­cie­da­des to­tal­men­te con­ser­va­do­ras, que ma­ta­ron la li­ber­tad in­te­rior que te­nía­mos en aque­lla épo­ca. Por lo tan­to, soy to­dos mis per­so­na­jes. En el hip­pie es­toy más vi­si­ble: soy él.

Hip­pie es so­bre to­do una road mo­vie. Una road mo­vie tra­di­cio­nal, que re­co­rre di­fe­ren­tes geo­gra­fías, Pe­rú, Bra­sil, Es­tam­bul, rum­bo a Ne­pal. Y una road mo­vie es­pi­ri­tual: el pro­ta­go­nis­ta par­te a la bús­que­da del cre­ci­mien­to in­di­vi­dual y pa­ra eso atra­vie­sa una pe­ri­pe­cia pro­pia de los héroes tra­di­cio­na­les: la vo­ca­ción de es­cri­tor, un vie­jo amor, la de­ten­ción y tor­tu­ra de los pa­ra­mi­li­ta­res, el via­je a Ams­ter­dam, la pro­pues­ta de con­ver­tir­se en un nar­co­tra­fi­can­te, un nue­vo amor, el mo­vi­mien­to Ha­re Krish­na, el Su­fí, el via­je a Ne­pal, has­ta lo­grar la me­ta. El pro­ta­go­nis­ta tie­ne un amo­río con una chi­ca, Kar­la, que aca­ba de rom­per con un aman­te fran­cés y ca­sa­do (con otra).

-¿Pla­neó us­ted to­do el de­rro­te­ro de la no­ve­la o, co­mo una suer­te de road mo­vie, se fue de­jan­do lle­var por aque­llo que vi­ve y an­he­la el pro­ta­go­nis­ta?

-El via­je era una de las cla­ves del mo­vi­mien­to hip­pie. Era don­de uno en­con­tra­ba a los otros; pa­sé mo­men­tos muy du­ros co­mo la tor­tu­ra y la pri­sión; y mo­men­tos es­pec­ta­cu­la­res, co­mo el via­je a Ne­pal. Yo no pla­neé na­da, yo cal­qué la historia tal cual.

Es­cri­bí el li­bro por­que veo el mun­do de hoy, don­de la gen­te tie­ne ca­da vez más mie­do de to­do; no se pue­de dar un pa­so a la de­re­cha o a la iz­quier­da por­que te ata­can. Lo que con­té fue pu­ra y sim­ple­men­te mi ex­pe­rien­cia. La ex­pe­rien­cia siem­pre es la historia que más en­ca­ja en la li­te­ra­tu­ra, co­mo los va­go­nes de un tren, que es­ta vez vol­vie­ron ha­cia el pa­sa­do.

-¿Cuán­to im­pac­tó en us­ted el mo­vi­mien­to hip­pie, co­mo es­cri­tor, co­mo ar­tis­ta?

-El mo­vi­mien­to hip­pie fue mi epi­fa­nía. Allí em­pe­zó to­do; yo sa­bía muy po­co del mo­vi­mien­to: vi­vía en Bra­sil y Bra­sil es­ta­ba ba­jo los mi­li­ta­res. Ha­bía leí­do al­gu­nas co­sas pe­ro ha­bía mu­cha cen­su­ra y no se po­día in­tere­sar uno en las co­sas que no fue­ran per­mi­ti­das. En­ton­ces mi pri­me­ra vi­sión del mun­do fue a tra­vés de los exis­ten­cia­lis­tas, co­mo Jean-paul Sar­tre y Si­mo­ne de Beau­voir, y con to­dos los exis­ten­cia­lis­tas de la épo­trar ca. Cuan­do lle­ga­ron los hip­pies con una idea com­ple­ta­men­te dis­tin­ta del mun­do, ahí me iden­ti­fi­qué com­ple­ta­men­te con ellos. Vi que de­trás de sus fi­lo­so­fías, ha­bía un que­rer ver el mun­do sin el ve­lo de lo es­ta­ble­ci­do por la so­cie­dad. Hay que re­cor­dar que era una épo­ca muy re­pre­so­ra, don­de to­dos los que eran dis­tin­tos eran, de una ma­ne­ra u otra, ata­ca­dos. Por eso, si­guien­do el mo­vi­mien­to hip­pie, una de las pri­me­ras co­sas que hi­ce cuan­do vol­ví a Bra­sil, fue crear una re­vis­ta, que lla­mé la Un­der­ground Press, pa­ra com­par­tir co­no­ci­mien­tos que no ibas a en­con- en otros si­tios. Du­ró so­la­men­te dos nú­me­ros, pe­ro igual me hi­zo muy bien sa­ber que po­día plas­mar to­do lo apren­di­do en una re­vis­ta.

-¿Cree que de al­gu­na ma­ne­ra el hip­pis­mo cam­bió nues­tro mun­do pa­ra me­jor? ¿De­be­ría­mos re­to­mar al­gu­nos de los apren­di­za­jes que se hi­cie­ron en esa épo­ca?

-El mo­vi­mien­to hip­pie no era im­prác­ti­co, idea­lis­ta y an­ti­ca­pi­ta­lis­ta: el mo­vi­mien­to hip­pie era al­go fue­ra de es­ta so­cie­dad. No que­ría­mos con­fron­tar a la so­cie­dad por la con­fron­ta­ción mis­ma. Lo que que­ría­mos era crear una so­cie­dad apar­te y tal vez en eso fui­mos muy in­ge­nuos. Una so­cie­dad con otros va­lo­res en re­la­ción con la mu­jer, con la co­mi­da, con el via­je, con la mo­da. La mo­da era una ma­ne­ra en que uno iden­ti­fi­ca­ba al otro, al par. Los hip­pies no lo­gra­ron cam­biar el mun­do pa­ra me­jor: ya ve­mos el desas­tre que es el mun­do aho­ra. Sin em­bar­go, los hip­pies de esa épo­ca lo­gra­ron cam­biar­se a sí mis­mos pa­ra me­jor, pa­ra ver el mun­do de una ma­ne­ra dis­tin­ta. Y la si­guen vien­do con la res­pon­sa­bi­li­dad y la so­li­da­ri­dad que ca­rac­te­ri­za­ba a los hip­pies.

-En Spo­tify se for­mó una lis­ta de las can­cio­nes que us­ted men­cio­na en su li­bro, con el nom­bre “Hip­pie de Pau­lo Coel­ho”. ¿Re­co­mien­da leer la no­ve­la oyen­do las can­cio­nes ci­ta­das?

-No: eso no mar­cha. Por­que el li­bro ne­ce­si­ta una con­cen­tra­ción especial. Si hay una mú­si­ca que se acer­ca mu­cho al li­bro es At­hom Heart Mot­her de Pink Floyd… Yo no he con­se­gui­do leer un so­lo li­bro en mi vi­da, es­cu­chan­do mú­si­ca a la vez. El li­bro exi­ge una con­cen­tra­ción gran­de; por eso es­toy ab­so­lu­ta­men­te en con­tra de la idea de adap­ta­ción de mis li­bros al ci­ne. Yo no vendo mis de­re­chos. Si bien ven­dí aho­ra tres li­bros pa­ra una se­rie, es por­que no tie­nen na­da que ver con los tres li­bros. El de­mo­nio y la se­ño­ri­ta Prim, La bru­ja de Por­to­be­llo y Bri­da… se­rán par­te de una se­rie ba­sa­da en ellos. Aquí no se tra­ta­rá de con­tar la historia de es­tos tres li­bros, por­que un li­bro no tie­ne tra­duc­ción a imá­ge­nes. El li­bro es un me­dio que ne­ce­si­ta que un lec­tor o un di­rec­tor, quien va a crear los per­so­na­jes, los es­ce­na­rios, ha­ga una nue­va es­cri­tu­ra. Por eso siem­pre prohi­bí la ven­ta de los de­re­chos.

A pe­sar de lo que di­ce, hay un pu­ña­do de pe­lí­cu­las ba­sa­das en sus li­bros, y tal co­mo con­tó él, fir­mó un acuer­do con las pro­duc­to­ras de Ame­ri­can Gods, Fre­mantle Me­dia North Ame­ri­ca, Ran­dom Hou­se Stu­dio y Dan­cing Led­ge Pro­duc­tions, pa­ra la crea­ción de un dra­ma.

Ex­plo­ran­do te­mas y per­so­na­jes de las tres his­to­rias, el th­ri­ller po­li­cial tra­ta­rá de la con­di­ción hu­ma­na. Se­gún el por­tal ame­ri­cano Dead­li­ne, la se­rie, aún sin tí­tu­lo, se­gui­rá a un jo­ven sa­cer­do­te que se em­bar­ca en una jor­na­da de au­to­des­cu­bri­mien­to y re­den­ción. Fue se­pa­ra­do de su igle­sia, es un fu­gi­ti­vo de la ley, y es per­se­gui­do por una po­de­ro­sa fa­mi­lia cri­mi­nal. Al mis­mo tiempo, una agen­te de la CIA que lo vi­gi­la des­cu­bre po­de­res mis­te­rio­sos y una co­ne­xión más pro­fun­da con el sa­cer­do­te de lo que ja­más ima­gi­nó ser po­si­ble. Pron­to habrá más Coel­ho, tam­bién en pan­ta­lla.

Los hip­pies no lo­gra­ron cam­biar el mun­do pa­ra me­jor: ya ve­mos el desas­tre que es el mun­do aho­ra”.

AP

Un imán so­bre los de­más. Pau­lo Coel­ho es se­gui­do por 15,3 mi­llo­nes de per­so­nas en Twit­ter. Aho­ra ha­bla del ca­mino que lo lle­vó a ser quien es.

Hip­pie Pau­lo Coel­hoEd. Gri­jal­bo $ 449 Ebook: $283,99 328 pá­gi­nas

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