El Via­je­ro Ilus­tra­do

Las tien­das, tra­di­cio­nes y pla­tos tí­pi­cos de dis­tin­tos ba­rrios chi­nos de to­do el mun­do.

Clarin - Viajes - - PORTADA -

Ca­da fe­bre­ro, la co­mu­ni­dad chi­na de to­do el mun­do ce­le­bra su Fies­ta de Año Nue­vo, tam­bién co­no­ci­da co­mo Fies­ta de la Pri­ma­ve­ra, en los ba­rrios que los in­mi­gran­tes chi­nos tie­nen en ciu­da­des y pue­blos de ca­si to­do el mun­do. El Via­je­ro Ilus­tra­do tie­ne la po­si­bi­li­da­de de dis­fru­tar de ese es­pec­tácu­lo co­lo­ri­do, rui­do­so y con tra­di­ción pro­pia y ge­ne­ro­sa.

Los “chi­nos de ul­tra­mar” y sus des­cen­dien­tes su­man más de 40 mi­llo­nes y sus ba­rrios abun­dan por do­quier. Al­gu­nos son mar­gi­na­les y otros muy cén­tri­cos, pe­ro en to­dos, cree El Via­je­ro, se res­pi­ra igual: los ne­go­cios se api­ñan con ca­rac­te­rís­ti­cas si­mi­la­res y la va­rie­dad de pro­duc­tos siem­pre asom­bra. Una vez su­pe­ra­da la pri­me­ra im­pre­sión que pro­vo­can los olo­res, uno se en­tre­ga a co­mi­das de­li­cio­sas -en las que pes­ca­dos ex­tra­ños con­vi­ven con al­gas y es­pe­cias-, sa­la- das o dul­ces. To­do ex­hu­ma per­fu­me. Co­mo se sa­be, en los paí­ses an­gló­fo- nos a es­tos ba­rrios se los lla­ma, sim- ple­men­te, Chi­na­town.

Ha­ce unos días, la fies­ta con el gran dra­gón que re­co­rre las ca­lles dio co- mien­zo al Año del Ga­llo de Fue­go. En Bue­nos Ai­res se reali­zó en el co­ra­zón de Bel­grano, don­de se con­gre­ga la co- lec­ti­vi­dad chi­na y ofre­ce co­mi­das y ob­je­tos siem­pre cu­rio­sos: pes­ca­dos co­mu­nes y ra­ros, ver­du­ras fres­cas y tam­bién lla­ma­ti­vas, va­rie­dad de in- fu­sio­nes y con­di­men­tos, pro­duc­tos exó­ti­cos co­mo el snack ja­po­nés de arroz in­fla­do con ma­ní y esos cu­rio- sos he­la­dos que aman los orien­ta­les.

La ma­yor can­ti­dad de chi­nos y des- cen­dien­tes fue­ra de su país se con- cen­tra en en el fa­mo­so Chi­na­town de San Fran­cis­co, Es­ta­dos Uni­dos. Sin em­bar­go, el de Nue­va York es más bu- lli­cio­so y co­lo­ri­do. Sus ca­lles es­tre- chas y los ne­go­cios po­bla­dos de ob­je- tos atraen a una im­pre­sio­nan­te can­ti­dad de gen­te que cu­rio­sea en esos la­be­rin­tos ple­tó­ri­cos de olo­res y co- lo­res. Allí se consigue ro­pa, re­lo­jes y bol­sos, mu­chos de mar­cas du­do­sas, a buen pre­cio. Pe­ro en el de Kua­la Lum­pur, Ma­la­sia, se en­cuen­tran las me­jo­res mar­cas ori­gi­na­les.

El Ba­rrio Chino de Lon­dres (In­gla­te­rra), cer­ca de Pi­ca­dilly Cir­cus, es­tá pre­pa­ra­do pa­ra el tu­ris­mo. Las tien­das ven­den ba­ra­ti­jas y no hay quien se va­ya sin un fa­rol ro­jo con dra­go­nes. Con buen ojo se des­cu­bren de­ta­lles, co­mo el atuen­do tra­di­cio­nal de se­da qi­pao. Co­mo en otros ba­rrios, el gran atrac­ti­vo es la co­mi­da y El Via­je­ro tie­ne de­bi­li­dad por el dim sum, pe­que­ños arro­lla­dos de arroz re­lle­nos con car­ne, que tie­nen tam­bién ver­sio­nes ve­ge­ta­ria­nas.

En el con­ti­nen­te ame­ri­cano, a ex­cep­ción de San Fran­cis­co, la his­to­ria más an­ti­gua de in­mi­gran­tes chi­nos qui­zás sea la de Li­ma, Pe­rú. Lle­ga­ron a me­dia­dos del si­glo XIX y se ins­ta­la­ron en la cén­tri­ca ca­lle Ca­pón y el jar­dín Otai­za. Allí, pla­tos tí­pi­cos de las pro­vin­cias de Guang­dong, Si­chuán y Pe­kín se unie­ron a la pa­le­ta gas­tro­nó­mi­ca lo­cal y for­ma­ron las chi­fas (co­mi­das fu­sión).

To­dos los ba­rrios chi­nos se abren en un gran por­tal. Uno de los más in­tere­san­tes es el de San Jo­sé de Cos­ta Ri­ca, con un ar­co ins­pi­ra­do en la di­nas­tía Tang. que co­rre a lo lar­go de un bu­le­var pea­to­nal de 550 me­tros de lar­go. El ba­rrio com­ple­to cu­bre ca­si 10 ki­ló­me­tros cua­dra­dos.

JOR­GE SANCHEZ

Por­tal. El Ba­rrio Chino de Bue­nos Ai­res atrae a ve­ci­nos y tu­ris­tas..

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