Líneas aé­reas low cost vs. tre­nes

Cla­ves pa­ra ele­gir la me­jor al­ter­na­ti­va a la ho­ra de tras­la­dar­se de un des­tino a otro en el Vie­jo Con­ti­nen­te.

Clarin - Viajes - - PORTADA - San­dra Lion Es­pe­cial pa­ra Cla­rín

Pros y con­tras de es­tos me­dios de transporte a la ho­ra de or­ga­ni­zar un iti­ne­ra­rio por Europa.

En el mo­men­to de co­men­zar a pla­ni­fi­car un via­je por Europa –en el que el pre­su­pues­to es un te­ma a con­si­de­rar-, sur­gen va­rias du­das. Se pien­sa qué lu­ga­res se tie­nen ga­nas de co­no­cer, lue­go se es­bo­za un pri­mer re­co­rri­do y des­pués se bus­ca el mo­do de unir ca­da uno de esos des­ti­nos. En­ton­ces la du­da es uni­ver­sal: ¿ae­ro­lí­neas low cost o tre­nes?

Si bien am­bas al­ter­na­ti­vas son efi­ca­ces, hay cier­tos pun­tos a to­mar en cuen­ta pa­ra de­ter­mi­nar con cla­ri­dad cuál con­vie­ne to­mar en ca­da ca­so.

Pre­cio

Las low cost se ca­rac­te­ri­zan por ofre­cer tic­kets aé­reos a pre­cios muy con­ve­nien­tes, aun­que hay que con­si­de­rar cier­tos fac­to­res: el horario en que sa­len y los cos­tos que hay que su­mar­le al pa­sa­je. Los bo­le­tos más eco­nó­mi­cos tien­den a ser aque­llos que des­pe­gan muy tem­prano o muy tar­de y, ade­más de las mo­les­tias que pue­de im­pli­car­le al via­je­ro, en mu­chas ciu­da­des eu­ro­peas el transporte pú­bli­co no fun­cio­na por la no­che (o lo ha­ce con una fre­cuen­cia muy baja), por lo que al cos­to del avión pue­de te­ner que su­mar­se el de un ta­xi.

Por otro la­do, a la pri­me­ra ta­ri­fa ex­hi­bi­da en la web de las ae­ro­lí­neas hay que agre­gar­le otros cos­tos que va­rían de acuer­do con los ser­vi­cios que ne­ce­si­te o desee el pa­sa­je­ro, co­mo des­pa­char el equi­pa­je (se­gún el pe­so), ele­gir el asien­to, com­prar la co­mi­da abor­do (a ve­ces los au­ri­cu­la­res tam­bién), es­tar en­tre los pri­me­ros en la fi­la pa­ra in­gre­sar, con­tar con un se­gu­ro de via­je y abo­nar una ta­ri­fa ex­tra por pa­gar con tar­je­ta de cré­di­to. Lo bueno es que es­tos ser­vi­cios son op­ta­ti­vos, por lo que el pre­cio pue­de aún man­te­ner­se ba­jo si así se pre­fie­re.

An­tes de com­prar el pa­sa­je, no obs­tan­te, con­vie­ne che­quear si el tra­yec­to pue­de ha­cer­se en tren: si se con­si­guen los bo­le­tos ni bien abren las ven­tas, pue­de ser aún más eco­nó­mi­co tras­la­dar­se por es­te me­dio.

Equi­pa­je

Si hay una gran des­ven­ta­ja de las ae­ro­lí­neas en com­pa­ra­ción con los tre­nes, es en el equi­pa­je. Las low cost tie­nen re­glas muy es­tric­tas en re­la­ción al ta­ma­ño y pe­so de las va­li­jas, tan­to las que de­ben des­pa­char­se co­mo las que van a bor­do. Mien­tras que al­gu­nas com­pa­ñías son más fle­xi­bles y no sue­len pe­sar los bul­tos de ca­bi­na (siem­pre y cuan­do ten­gan un ta­ma­ño acep­ta­ble pa­ra el sen­ti­do co­mún), otras no de­jan su­bir al avión sin an­tes co­lo­car el equi­pa­je en un com­par­ti­men­to pa­ra ase­gu­rar­se de que ten­ga las me­di­das y el pe­so co­rrec­tos.

A di­fe­ren­cia de las ae­ro­lí­neas, en los tre­nes eu­ro­peos por lo ge­ne­ral no hay un lí­mi­te de pe­so o ta­ma­ño pa­ra el equi­pa­je. Al­gu­nas líneas tie­nen un es­ta­tu­to que re­gu­la la can­ti­dad y me­di­das -sue­le muy ge­ne­ro­so-, pe­ro lo cier­to es que en la prác­ti­ca no se con­tro­la. Es­ta es una gran ven­ta­ja si el via­je­ro tie­ne mu­chos bul­tos y no quie­re pa­gar el ex­ce­so de equi­pa­je que le co­bra­rían las ae­ro­lí­neas. Un da­to no me­nor a to­mar en cuen­ta es que el pa­sa­je­ro es quien lle­va sus va­li­jas has­ta el tren y las co­lo­ca en los com­par­ti­men­tos la­te­ra­les o so­bre los asien­tos. Y ahí sí, al in­ten­tar su­bir la va­li­ja so­bre la ca­be­za, ca­da ki­lo cuen­ta (y se mal­di­ce).

La lí­nea Eu­ros­tar es una de las que -en teo­ría- li­mi­ta el equi­pa­je a dos ar­tícu­los gran­des por pa­sa­je­ro, con un má­xi­mo de 85 cm en cual­quie­ra de sus la­dos, ade­más de un pe­que­ño equi­pa­je de mano. Pe­ro, de nue­vo, no sue­len con­tro­lar­lo.

Du­ra­ción del via­je

En un análisis rá­pi­do, un vue­lo que rea­li­za un re­co­rri­do de ori­gen a des­tino en 1h 30’, con­tra un tren que lo ha­ce en 6 hs, pa­re­ce ser me­jor al­ter­na­ti­va. Pe­ro no to­do lo que bri­lla es oro: a esa ho­ra y me­dia hay que su­mar­le al­gu­nas más, por­que las low cost pa­ra aba­ra­tar cos­tos, tra­ba­jan con ae­ro­puer­tos más ale­ja­dos (a ve­ces in­clu­so en ciu­da­des cer­ca­nas), por lo que hay que cal­cu­lar por lo me­nos 1 o 1h 30’ más pa­ra lle­gar a des­tino. Ade­más, pa­ra ha­cer el check in hay que arri­bar al­re­de­dor de 2,30-3 ho­ras an­tes. Lue­go, al lle­gar al des­tino, nue­va­men­te hay que su­mar el tras­la­do de 1 o 1.30hs has­ta el cen­tro, por lo que el via­je de 1.30 de avión se con­vier­te en uno de 7 hs, o más.

Las es­ta­cio­nes de tren, en cam­bio, es­tán en el cen­tro de las ciu­da­des, por lo que son de fá­cil y rá­pi­do ac­ce­so. Si el tra­yec­to es de 5 o 6 ho­ras y pue­de rea­li­zar­se en un via­je di­rec­to o con has­ta un cam­bio de tren (pa­ra no te­ner que su­bir y ba­jar el equi­pa­je más ve­ces), en­ton­ces con­vie­ne tras­la­dar­se de es­ta ma­ne­ra. Pe­ro si las ciu­da­des es­tán muy ale­ja­das y el tren las une en 12 hs, por ejem­plo -a me­nos que sea un tren noc­turno, lo que per­mi­te aho­rrar­se la no­che de ho­tel-, o con mu­chas com­bi­na­cio­nes, la me­jor al­ter­na­ti­va sí es el aéreo.

Can­ti­dad de des­ti­nos

Si se tie­ne pen­sa­do rea­li­zar un via­je lar­go re­co­rrien­do di­ver­sos pue­blos y ciu­da­des en di­fe­ren­tes paí­ses, lo más pro­ba­ble es que sea con­ve­nien­te com­prar un pa­se de tren y com­ple­men­tar­lo con tic­kets de low cost.

En Europa exis­ten dis­tin­tos pa­ses de tre­nes con pre­cios que va­rían de acuer­do con la can­ti­dad de paí­ses a vi­si­tar, la can­ti­dad de pa­ra­das que se reali­cen y al tiem­po en el que se efec­túe el re­co­rri­do. Eu­rail ofre­ce dis­tin­tos pa­ses por paí­ses li­mí­tro­fes, por un so­lo país o por al me­nos 5 paí­ses.

Su ven­ta­ja prin­ci­pal es que per­mi­ten aho­rrar di­ne­ro si el via­je trans­cu­rre por va­rios des­ti­nos dis­tan­tes en­tre sí, o si se efec­túan mu­chos tras­la­dos en un tiem­po aco­ta­do de tiem­po. El pun­to en con­tra es que im­pli­can mu­cha planificación pa­ra sa­ber de an­te­mano qué re­co­rri­do apro­xi­ma­do se va a ha­cer. Es con­ve­nien­te tam­bién to­mar un vue­lo low cost pa­ra unir dos pun­tos ale­ja­dos y no “gas­tar” uno de los días de pa­se de tren.

Co­mo­di­dad

Es un pun­to muy sub­je­ti­vo, pe­ro los tre­nes eu­ro­peos son, ge­ne­ral­men­te, más có­mo­dos que los avio­nes: lim­pios, si­len­cio­sos, con bu­ta­cas am­plias y acol­cha­das . La ma­yo­ría cuen­ta con va­gón-res­tau­ran­te y al­gu­nos in­clu­so con jue­gos pa­ra ni­ños, co­mo en al­gu­nas líneas sui­zas. Ade­más, ofre­cen dis­tin­tas po­si­bi­li­da­des de asien­to: en­fren­ta­dos, al la­do, en va­go­nes si­len­cio­sos, en com­par­ti­men­tos pa­ra 4 o 6 per­so­nas y en otros ex­clu­si­vos pa­ra fa­mi­lias.

Tre­nes. Lle­gan al cen­tro de las ciu­da­des y son muy có­mo­dos pe­ro los via­jes de­mo­ran más.

Low cost. Ra­pi­dez y buen pre­cio si se va con po­co equi­pa­je, pe­ro ate­rri­zan le­jos del cen­tro.

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