Sen­de­ros por un bos­que en­can­ta­do

El Hoh Rain Fo­rest, ubi­ca­do en el es­ta­do de Washington, es un bos­que tem­pla­do úni­co en el país.

Clarin - Viajes - - POSTALES ESTADOS UNIDOS -

Es el es­ce­na­rio per­fec­to para un cuen­to de ha­das. En­tre los es­pe­sos mus­gos y lí­que­nes que ta­pi­zan la cor­te­za de ár­bo­les centenarios y cuel­gan des­de lo al­to de las ra­mas, las pie­dras ta­pi­za­das de un in­ten­so verde y es­pe­cies co­mo la mar­mo­ta Olym­pus o el cier­vo de Roo­se­velt, no ex­tra­ña­ría la apa­ri­ción de al­gún gno­mo de lar­go som­bre­ro en pun­ta, un duende ju­gue­tón o un ha­da sol­tan­do es­tre­lli­tas mien­tras ba­te sus alas.

El Bos­que Hú­me­do Hoh (Hoh Rain Fo­rest) es un bos­que tem­pla­do úni­co

en los Es­ta­dos Unidos, y el des­tino más vi­si­ta­do del Par­que Na­cio­nal Olím­pi­co, en la pe­nín­su­la del mis­mo nom­bre, ubi­ca­da en el es­ta­do de Washington, bien al no­roes­te del país. El par­que fue de­cla­ra­do Pa­tri­mo- nio de la Hu­ma­ni­dad y Re­ser­va de la Bios­fe­ra por la Unesco, y los bos­ques que pro­te­ge al­gu­na vez abar­ca­ron gran par­te de la cos­ta del Pa­cí­fi­co, des­de el su­des­te de Alas­ka has­ta la cos­ta cen­tral de Ca­li­for­nia. Con el tiem­po, su ex­ten­sión de fue re­du­cien­do, y por eso el bos­que de Hoh, cer­ca de Seattle y de la ca­na­dien­se Van­cou­ver, es hoy uno de los me­jo­res ejem­plos que que­dan de sel­va tro­pi­cal tem­pla­da en los Es­ta­dos Unidos.

La cos­ta sur de la Pe­nín­su­la Olím­pi­ca es el lí­mi­te has­ta don­de lle­ga­ron los gla­cia­res de la cos­ta del Pa­cí­fi­co, y de he­cho el Va­lle de Hoh -al fon­do del cual co­rre el río del mis­mo nom­bre­fue for­ma­do ha­ce mi­llo­nes de años por un enor­me gla­ciar.

Es una zo­na muy hú­me­da, en la que llue­ve to­do el año -y es­pe­cial­men­te en in­vierno-, lo que da lu­gar a es­te exu­be­ran­te verde de es­pe­cies de co­ní­fe­ras y ca­du­ci­fo­lias. Su­ce­de que en­tre la pe­nín­su­la y el res­to del con­ti­nen­te es­tán las mon­ta­ñas Olym­pic, que ha­cen que los vien­tos hú­me­dos del Pa­cí­fi­co se ele­ven y des­car­guen allí bue­na par­te de su hu­me­dad.

Esas llu­vias pro­vo­can las cre­ci­das del río en pri­ma­ve­ra y oto­ño, que con­tri­bu­yen con más hu­me­dad para crear una au­tén­ti­ca sel­va en la que cre­ce to­do ti­po de hon­gos, mus­gos y lí­que­nes, que lle­gan a cu­brir por com­ple­to las cor­te­zas de los ár­bo­les.

Pi­nos de la cos­ta de Ore­gon, ce­dros ro­jos oc­ci­den­ta­les, ar­ces de ho­ja gran­de, ar­ces en­re­da­de­ra y cho­pos de Ca­li­for­nia pue­blan el bos­que, aun­que las es­pe­cies pre­do­mi­nan­tes son el abe­to de Sit­ka y la tsu­ga del Pa­cí­fi­co, que pue­den lle­gar a ca­si 100 me­tros de al­to y has­ta sie­te de diá­me­tro. Pe­ro son los mus­gos y he­le­chos, que cu­bren to­do de verde y crean par­ti­cu­la­res efec­tos vi­sua­les con la luz, los que crean esa di­men­sión ca­si oní­ri­ca.

En el par­que hay va­rios ca­mi­nos y una red de sen­de­ros para ca­mi­na­tas “má­gi­cas“. El me­jor si­tio para ini­ciar el re­co­rri­do es el Cen­tro de Vi­si­tan­tes, al fi­nal de Up­per Hoh Road, don­de se dan con­se­jos y se pue­de ver una ex­po­si­ción para en­ten­der por qué el

lu­gar es tan es­pe­cial. El cen­tro abre to­dos los días en ve­rano, cie­rra de di­ciem­bre a prin­ci­pios de mar­zo y en pri­ma­ve­ra y oto­ño sue­le abrir de vier­nes a do­min­gos (los ho­ra­rios pue­den va­riar en ca­da tem­po­ra­da).

De allí par­ten dos sen­de­ros cor­tos: Hall of Mos­ses Trail (1,3 km) y Spru­ce Na­tu­re Trail (ca­si 2 km), aun­que la prin­ci­pal ru­ta de trek­king es el sen­de­ro del río Hoh, que tie­ne ca­si 28 km y lle­ga has­ta el gla­ciar Mea­dows, en el mon­te Olim­po. ■

GETTY IMAGES

Pai­sa­je verde. Fue de­cla­ra­do Pa­tri­mo­nio de la Hu­ma­ni­dad.

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