El tiem­po de­te­ni­do en Poz­nan

Clarin - Viajes - - ÚLTIMA PARADA - Da­nie­la Cas­tro Ci­neas­ta

A ori­llas del río War­ta, en el oes­te de Po­lo­nia, Poz­nan me des­lum­bró por su ar­qui­tec­tu­ra y su his­to­ria. Via­jé a Po­lo­nia en no­viem­bre de 2017 pa­ra asis­tir a un fes­ti­val de ci­ne y así des­cu­brí es­ta an­ti­gua ciu­dad fun­da­da en 1250. Está ubi­ca­da ca­si a mi­tad de ca­mino en­tre Ber­lín y Var­so­via. En la Ca­te­dral de San Pe­dro y San Pa­blo es­tán en­te­rra­dos mu­chos de los pri­me­ros re­yes po­la­cos.

El cas­co his­tó­ri­co de Poz­nan -co­no­ci­do co­mo Os­trow Tums­ki- su­frió mu­cho du­ran­te la úl­ti­ma gue­rra mun­dial. Hu­bo una gran ba­ta­lla aquí en 1945 en­tre los ejér­ci­tos de Rusia y Ale­ma­nia y so­lo que­da­ron rui­nas. Pe­ro al­re­de­dor de la vie­ja pla­za del mer­ca­do me­die­val, Stary Ry­nek, to­do fue re­cons­trui­do, in­clu­so la ca­te­dral y los palacios que la ro­dean, co­mo la Aca­de­mia Lu­bransky, un co­le­gio uni­ver­si­ta­rio crea­do en 1518. Hoy el lu­gar es un co­lla­ge de mo­nu­men­tos his­tó­ri­cos, tea­tros, palacios, ga­le­rías de ar­te, ba­res y res­tau­ran­tes.

El im­po­nen­te cas­ti­llo im­pe­rial de Poz­nan, que do­mi­na una co­li­na a la iz­quier­da del río War­ta, fue cons­trui­do ha­cia 1910 du­ran­te la épo­ca en que la ciu­dad, que se lla­ma­ba Po­sen, era par­te del im­pe­rio ale­mán. Hoy es un cen­tro cul­tu­ral de­di­ca­do al teatro y el ci­ne, con ga­le­rías de ar­te y ca­fés. Poz­nan es fa­mo­sa por sus fe­rias co­mer­cia­les y tam­bién por sus fes­ti­va­les. Está el fes­ti­val tea­tral Mal­ta, que se hace en ju­nio y to­ma su nom­bre del la­go Mal­ta, un gran par­que pú­bli­co. En di­ciem­bre lle­ga “Ale Kino”, un fes­ti­val de ci­ne pa­ra los jó­ve­nes.

En los al­re­de­do­res de la pla­za cen­tral, Stary Ry­nek, no fal­tan mu­seos pa­ra ver. Hay uno de­di­ca­do a los ins­tru­men­tos mu­si­ca­les. Otro re­cuer­da el le­van­ta­mien­to po­la­co de 1918 cuan­do la re­gión, que desde el si­glo XVIII era do­mi­na­da por Ale­ma­nia, vol­vió ser par­te de Po­lo­nia. En­tre las cu­rio­si­da­des, Poz­nan tie­ne un mu­seo de­di­ca­do a las crois­sants, las me­dia­lu­nas, un sím­bo­lo lo­cal.

En la épo­ca de es­plen­dor del reino de Po­lo­nia, du­ran­te la di­nas­tía de los Ja­ge­llon, es­ta ciu­dad se en­ri­que­ció por su pri­vi­le­gia­da ubi­ca­ción en las ru­tas co­mer­cia­les que atra­ve­sa­ban Eu­ro­pa ha­cia Li­tua­nia y Rusia.

Po­lo­nia siem­pre me in­tere­só; leí so­bre la úl­ti­ma gue­rra y el pa­pel de las mu­je­res en el con­flic­to. En mi vi­si­ta co­no­cí a una gran mu­jer, Fran­cis, di­rec­to­ra de ci­ne. Por su edad po­dría ser mi abue­la, y me re­ve­ló se­cre­tos de es­ta cul­tu­ra. Jun­tas re­co­rri­mos el mer­ca­do de Na­vi­dad, un mo­men­to de co­mu­ni­dad en me­dio del frío de esa épo­ca del año. El aro­ma de los pi­nos cor­ta­dos es ma­ra­vi­llo­so. Los ar­te­sa­nos que tra­ba­jan en ma­de­ra só­lo vie­nen a Poz­nan en esos días.

El edi­fi­cio del municipio, el his­tó­ri­co Ra­tusz, del año 1560 he­cho por ar­qui­tec­tos ita­lia­nos, su­frió los vai­ve­nes del país. Fue re­cons­trui­do mu­chas ve­ces y hoy alo­ja el Mu­seo His­tó­ri­co de la ciu­dad. El detalle del Ra­tusz está en su vie­jo re­loj, tie­ne dos ca­bras me­cá­ni­cas que apa­re­cen al me­dio­día, dán­do­se to­pe­ta­zos. To­dos lo ce­le­bran co­mo un he­cho ex­tra­or­di­na­rio. El tiem­po que pa­re­ce de­te­ni­do es la gran ca­rac­te­rís­ti­ca de Poz­nan; esas ca­bras son un em­ble­ma.

Me­die­val. Se­gún Cas­tro, “el cas­co his­tó­ri­co es un co­lla­ge de mo­nu­men­tos, tea­tros, palacios, ga­le­rías de ar­te y ba­res”.

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