La es­ta­ción de sub­te más pro­fun­da del mun­do

Ar­se­nal­na es­tá 105,5 me­tros ba­jo tie­rra, en Kiev. Pa­ra lle­gar al an­dén se tar­da más de 5 mi­nu­tos por es­ca­le­ras.

Clarin - Viajes - - CURIOSIDADES UCRANIA -

Ubi­ca­da en­tre el río Dnie­per y al­gu­nos ce­rros que la ro­dean, la geo­gra­fía de Kiev, ca­pi­tal de Ucra­nia, obli­gó a los cons­truc­to­res del sub­te­rrá­neo a agu­zar el in­ge­nio cuan­do se ini­cia­ron las obras en la dé­ca­da de 1950.

El sub­te de Kiev cuen­ta con tres lí­neas, que su­man 67 km y 52 es­ta­cio­nes. En no­viem­bre de 1960 se inau­gu­ró Ar­se­nal­na, una de las cin­co es­ta­cio­nes más an­ti­guas, ubi­ca­da en la Lí­nea N° 1 Svia­toshyns­ko-bro­vars­ka, que une el es­te y oes­te de Kiev. Co­mo se ve­rá, por más de un mo­ti­vo, la es­ta­ción Ar­se­nal­na es una atrac­ción tu­rís­ti­ca inusual en Ucra­nia y aca­so tam­bién en el res­to de Eu­ro­pa.

Su cons­truc­ción no fue na­da sen­ci­lla. Es que es­tá si­tua­da a una pro­fun­di­dad de 105,5 me­tros, por lo cual es la más pro­fun­da del mun­do, se­gún se­ña­lan las es­ta­dís­ti­cas. Si ima­gi­na­ria­men­te se hi­cie­ra un po­zo ver­ti­cal con aque­llas me­di­das, po­dría alo­jar­se allí la Es­ta­tua de la Li­ber­tad un em­ble­ma de Nue­va York- y to­da­vía que­da­rían do­ce me­tros li­bres.

La pro­fun­di­dad po­co fre­cuen­te de Ar­se­nal­na tie­ne sus ra­zo­nes, que es­tán en re­la­ción con la geo­lo­gía del te­rreno y la geo­gra­fía de Kiev.

La en­tra­da al pú­bli­co es­tá ubi­ca­da so­bre la ci­ma de un es­car­pa­do va­lle, cer­cano al río Dnie­per, cu­yas al­tas ori- llas se ele­van so­bre el res­to de la ciu­dad. Du­ran­te la cons­truc­ción de Ar­se­nal­na hu­bo con­ti­nuas inun­da­cio­nes. Esos ac­ci­den­tes obli­ga­ron a re­di­se­ñar la es­ta­ción. Se pla­ni­fi­có co­mo una pa­ra­da in­ter­me­dia, ubi­ca­da en una lí­nea que cru­za­ría el Dnie­per y con­ti­nuar ha­cia la ori­lla iz­quier­da del río, don­de es­tán ubi­ca­dos los ba­rrios más re­si­den­cia­les.

Po­co mo­vi­mien­to

Ar­se­nal­na nun­ca lo­gró te­ner un trá­fi­co in­ten­so de usua­rios. Por esa ra­zón no fue re­ci­cla­da has­ta la ac­tua­li­dad des­de la dé­ca­da de 1960. Tam­po­co se pla­ni­fi­có co­mo una es­ta­ción de trans­fe­ren­cia, co­sa que sí fue ha­bi­tual en el sub­te de Mos­cú o el de San Pe­ters­bur­go -en Ru­sia- du­ran­te la épo­ca so­vié­ti­ca. La úni­ca co­rrien­te de pa­sa­je­ros afluía des­de el Ar­se­nal de Kiev, la fá­bri­ca mi­li­tar que fun­cio­na­ba cer­ca de la es­ta­ción.

Dni­pro, la es­ta­ción si­guien­te a Ar­se­nal­na, fue cons­trui­da don­de se ini­cia la tra­za del puen­te so­bre las aguas, muy cer­ca del río y ape­nas unos me­tros más arri­ba de sus ori­llas. Por eso, pa­ra evi­tar un des­cen­so brus­co de las vías que pon­dría en pe­li­gro el re­co­rri­do de los tre­nes sub­te­rrá­neos, hu­bo que di­se­ñar Ar­se­nal­na en el mis­mo ni­vel, bien aba­jo. Por eso, el ac­ce­so a Ar­se­nal­na es­tá en ese si­tio inusual y hay que des­cen­der lar­gas es­ca­le­ras has­ta los an­de­nes, ubi­ca­dos a 105,5 me­tros de pro­fun­di­dad. Pa­ra lle­gar a abor­dar el tren, los via­je­ros de­ben ba­jar por dos lar­gas es­ca­le­ras. El tra­yec­to du­ra más de cin­co mi­nu­tos, una pe­que­ña eter­ni­dad pa­ra quie­nes es­tán po­co acos­tum­bra­dos al tra­yec­to. Sin em­bar­go, abun­dan los tu­ris­tas que to­man fo­to­gra­fías y bus­can en las ins­ta­la­cio­nes al­gún re­cuer­do de los vie­jos tiem­pos so­vié­ti­cos.

La ar­qui­tec­tu­ra de la es­ta­ción Ar­se­nal­na es lla­ma­ti­va. Las pa­re­des de már­mol ro­sa­do con de­co­ra­cio­nes de bron­ce apa­re­cen al prin­ci­pio, en el hall, que re­cuer­da las di­men­sio­nes de una ba­sí­li­ca re­don­da, aun­que con un es­ti­lo mo­der­nis­ta y ra­cio­nal.

Tam­bién hay im­po­nen­tes co­lum­nas de­co­ra­ti­vas en el re­co­rri­do has­ta los an­de­nes, de es­ti­lo neo­clá­si­co. Pre­do­mi­na el co­lor blan­co de los azu­le­jos y ce­rá­mi­cas. Un an­ti­guo mu­ral ubi­ca­do en el hall in­te­rior de la es­ta­ción, que con­ta­ba epi­so­dios ocu­rri­dos en 1918 en la fá­bri­ca mi­li­tar cer­ca­na, fue re­mo­vi­do lue­go de la in­de­pen­den­cia de Ucra­nia en 1991.

El hall in­te­rior de la es­ta­ción lle­va di­rec­to a las es­ca­le­ras me­cá­ni­cas. Al ba­jar­las, se ac­ce­de a los an­de­nes, en un di­se­ño que evo­ca el sub­te de Lon­dres. La en­tra­da en la su­per­fi­cie es­tá ubi­ca­da en una pla­za bor­dea­da por las ca­lles Ma­zepy, God­zen­ko y Hrus­hevsky. La pro­fun­di­dad de la es­ta­ción tam­bién tie­ne otra ex­pli­ca­ción adi­cio­nal. Se di­ce que fue crea­da co­mo un re­fu­gio pa­ra los ha­bi­tan­tes de Kiev en el ca­so de un even­tual ata­que con bom­bas ató­mi­cas.

Cues­ta aba­jo. Lar­gas es­ca­le­ras pa­ra lle­gar a los an­de­nes de Ar­se­nal­na, es­ta­ción inau­gu­ra­da en 1960.

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