Ho­te­les: por qué los pro­duc­tos del mi­ni­bar son tan ca­ros

Clarin - Viajes - - EN TRÁNSITO -

A fi­nes de la dé­ca­da del 60, el ho­tel Ma­di­son de Was­hing­ton fue el pri­me­ro en ins­ta­lar las pri­me­ras “mi­ni he­la­de­ras” en al­gu­nas ha­bi­ta­cio­nes. To­da una in­no­va­ción pe­ro ade­más, un ser­vi­cio de lu­jo que lue­go fue adop­ta­do por mu­chos ho­te­les. Diez años más tar­de, el Hong Kong Hil­ton fue el pri­me­ro en ofre­cer be­bi­das al­cohó­li­cas en su mi­ni­bar en to­das las ha­bi­ta­cio­nes, co­mo res­pues­ta a la ne­ce­si­dad de los clien­tes.

Los pri­me­ros años de vi­da de las fa­mo­sas he­la­de­ri­tas fue­ron un éxi­to, ya que per­mi­tie­ron au­men­tar la fac­tu­ra­ción de los ho­te­les. Al brin­dar­le al hués­ped un ser­vi­cio có­mo­do y dis­po­ni­ble las 24 ho­ras pa­ra cuan­do ne­ce­si­ta­ra, im­pul­sa­ron el con­su­mo y fue­ron un boom. Sin em­bar­go, el tiem­po pa­só y si hoy es­tás pen­san­do en abrir el fa­mo­so mi­ni­bar cuan­do ya ce­rró to­do a la no­che o te ten­tás con al­gu­na go­lo­si­na, lo pri­me­ro que se te cru­za por la ca­be­za es el al­tí­si­mo pre­cio que vas a te­ner que pa­gar.

La mo­da de­jó de ser ren­ta­ble y sue­le ser una car­ga pa­ra los ho­te­les, que ac­tual­men­te es­tán obli­ga­dos a te­ner mi­ni­bar en los cuar­tos. Sos­tie­nen que “son una fuen­te de pér­di­da” aun cuan­do los pre­cios de las co­sas son ca­ros. El pri­mer mo­ti­vo que ha­ce que el mi­ni­bar sea tan ca­ro es la po­si­bi­li­dad de ro­bo. Hay ca­sos de “vi­ve­za” en los que los clien­tes di­cen que no co­mie­ron ni to­ma­ron na­da pe­ro no es así. In­clu­so, de acuer­do con va­rios es­tu­dios se sa­be que la he­la­de­ri­ta es víc­ti­ma de pa­sa­je­ros ines­cru­pu­lo­sos que se to­man la be­bi­da y lue­go re­lle­nan la bo­te­lla con agua.

El se­gun­do mo­ti­vo es que los ali­men­tos y be­bi­das tie­nen fe­cha de ven­ci­mien­to, y si ex­pi­ran sin con­su­mir­se, se con­vier­ten en pér­di­da eco­nó­mi­ca pa­ra la em­pre­sa. Ade­más, hay que re­po­ner aque­llo que se va uti­li­zan­do. El ter­cer mo­ti­vo es­tá di­rec­ta­men­te re­la­cio­na­do al tra­ba­jo de re­le­va­mien­to de los pro­duc­tos con­su­mi­dos. Es­te pro­ce­so es ma­nual y re­quie­re lle­var la cuen­ta exac­ta de lo con­su­mi­do por ca­da hués­ped pa­ra co­brar co­rrec­ta­men­te al ha­cer el check-out. El em­plea­do que se en­car­ga de re­vi­sar to­das las ha­bi­ta­cio­nes pa­ra de­ter­mi­nar qué se con­su­mió y qué no es qui­zás el cos­to más ele­va­do pa­ra los ho­te­les.

En el úl­ti­mo tiem­po hu­bo un cam­bio de ten­den­cia en los há­bi­tos de los via­je­ros. Se­gún una en­cues­ta de Tri­pad­vi­sor, de los ser­vi­cios que más in­tere­sa­ban en el pri­mer pues­to es­ta­ba el wi-fi. El mi­ni­bar re­cién fi­gu­ra­ba en el úl­ti­mo lu­gar.de­bi­do a es­tos cam­bios, al­gu­nos ho­te­les de­ci­die­ron no ofre­cer en sus he­la­de­ri­tas una ofer­ta tan am­plia de pro­duc­tos e in­clu­so de­jar lu­gar a los pa­sa­je­ros pa­ra que pue­dan guar­dar su pro­pia be­bi­da o snack. En cam­bio, es­tán op­tan­do por co­lo­car má­qui­nas ex­pen­de­do­ras de ali­men­tos y go­lo­si­nas en sus ins­ta­la­cio­nes, por­que lo más ren­ta­ble pa­ra las com­pa­ñías es que los clien­tes con­su­man siem­pre afue­ra de la ha­bi­ta­ción.

¿Me sir­vo?. Los pri­me­ros mi­ni­ba­res se ins­ta­la­ron en el ho­tel Ma­di­son de Was­hing­ton, a fi­nes de los 60, y se po­pu­la­ri­za­ron rá­pi­da­men­te. Hoy, al­gu­nos ho­te­les los es­tán cam­bian­do por má­qui­nas ex­pen­de­do­ras de ali­men­tos.

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