IÑA­KI URLEZAGA -

El bai­la­rín, en su úl­ti­ma gi­ra an­tes del re­ti­ro, re­ve­la que de chi­co rom­pía las llan­tas de los au­tos, que es fa­ná­ti­co de la piz­za y que de be­bé es­cu­cha­ba a Beet­ho­ven.

Clarin - Viva - - News - POR SILVINA DEMARE FO­TO: JUAN O TESONE

1

¿Qué te ro­bó la dan­za? Na­da. No es que quie­ro de­jar de bai­lar pa­ra em­pe­zar a vi­vir, ni que es­toy har­to de las die­tas. Me re­ti­ro por una cues­tión de edad.

2

¿Fuis­te al psi­có­lo­go al­gu­na vez? Sí, to­da la vi­da. Soy pro evo­lu­ción, psi­coa­na­lis­ta, yo­ga, terapia al­ter­na­ti­va, Os­ho... Ha­ce cin­co años hi­ce un cur­so de to­do eso y me que­dé con la me­di­ta­ción.

3

¿Con qué fre­cuen­cia me­di­tás? Me­dia ho­ra to­das las ma­ña­nas. Es un ca­ble a tie­rra enor­me. A la no­che no lo­gro ha­cer­lo por­que lle­go can­sa­do o muy ace­le­ra­do.

4

¿Cuál es tu lu­gar pre­fe­ri­do en Bue­nos Ai­res? San Tel­mo. Siem­pre vuel­vo por­que tie­ne al­go muy par­ti­cu­lar.

5

¿Te can­sas­te de bai­lar? Yo no, mi cuer­po. Igual­men­te, la dan­za es un amor muy gran­de que no se ter­mi­na­rá cuan­do de­je de bai­lar. Por­que bai­lo an­tes de pen­sar. Me cuen­tan que ya bai­la­ba en el an­da­dor. Y si no me po­nían mú­si­ca clá­si­ca no me dor­mía, ha­cía un es­cán­da­lo. De be­bé es­cu­cha­ba a Beet­ho­ven, Tchai­kovsky, Ra­vel. Na­cí con la mú­si­ca den­tro de mí.

6

¿ Qué par­tes del cuer­po se can­sa­ron? La es­pal­da, las ro­di­llas y las ca­de­ras. Ahí es­tán las le­sio­nes. Lo lle­vé muy bien has­ta ha­ce po­co, que em­pe­cé a sen­tir los do­lo­res. Real­men­te fui un pri­vi­le­gia­do: a los 18 me ope­ré de me­nis­cos y re­cién me afec­tó a los 40.

7

¿Asa­do o piz­za? Amo la piz­za en to­das sus for­mas, con ma­sa fi­ni­ta, ma­sa gor­da... Ha­ce 20 años que soy ve­ge­ta­riano, pe­ro no el tí­pi­co que só­lo co­me so­ja y po­ro­to. Co­cino mu­cho y me gus­tan los arro­ces, la co­mi­da en olla de ba­rro, las ver­du­ras, los fru­tos y las ha­ri­nas in­te­gra­les.

8

De­bés de te­ner mi­les de anéc­do­tas en tus más de 30 años de ca­rre­ra. ¿Cuá­les re­cor­dás más? Me pa­só de to­do: per­der un vue­lo por tor­men­ta de nie­ve; cam­biar­me en el avión y des­de el ae­ro­puer­to ir directo a bai­lar des­pués de vo­lar 12 ho­ras, ol­vi­dar­me la le­tra, que la bai­la­ri­na no lle­gue y que la or­ques­ta no arran­que.

9

¿ Qué te ins­pi­ra? La na­tu­ra­le­za. Me gus­ta el mar, el ama­ne­cer, la mon­ta­ña, el si­len­cio; me gus­ta un ges­to.

10

¿Co­lec­cio­nás las za­pa­ti­llas con las que bai­las­te? No, las ti­ro. He gas­ta­do de­ma­sia­dos pa­res. En ge­ne­ral, no me que­do con na­da. Vos en­trás a mi ca­sa y no hay ni una fo­to de ba­llet ni un pre­mio. To­do lo guar­da mi fa­mi­lia. Yo lle­vo to­do en mi co­ra­zón. No soy de po­ner las co­sas en una vi­tri­na ni de col­gar el úl­ti­mo cua­dri­to. Tie­ne que ver con que no soy una per­so­na nos­tál­gi­ca ni vi­vo mi­ran­do pa­ra atrás.

“NO SIR­VO PA­RA LOS VAI­VE­NES DE LA PO­LI­TI­CA. TEN­GO PO­CAS PUL­GAS, SOY VAS­CO Y SOY AR­TIS­TA.” ...

“CUAN­DO VOS TENES TAN­TO EXITO, CREES QUE TO­DO LO PO­DES MA­NE­JAR Y DE RE­PEN­TE NO TENES NA­DA, SOS UN GUSANO.” ...

11

¿Te hu­bie­ra gus­ta­do ser pa­dre? Has­ta aho­ra no me pa­só de fan­ta­sear con la po­si­bi­li­dad de te­ner hi­jos.

12

¿Hi­cis­te de­por­te al­gu­na vez? Ju­gué mu­cho al tenis de chi­co. Lo ha­cía bien. Ju­ga­ba en el Club Es­tu­dian­tes de La Pla­ta. Ex­tra­ño el pol­vo de la­dri­llo, voy a re­to­mar. Soy una per­so­na de po­cas y gran­des pasiones. Lo que me gus­ta no se va con los años. De los gran­des te­nis­tas, ad­mi­ro el ca­ris­ma de Agas­si y la men­ta­li­dad de Fe­de­rer. Y de los ar­gen­ti­nos, Gaby Sa­ba­ti­ni fue una ilu­mi­na­da y lo de Del Po­tro es ad­mi­ra­ble. Có­mo ha su­fri­do y se ha re­cu­pe­ra­do. Mi­ro mu­cho tenis.

13

¿Tra­ba­ja­rías en po­lí­ti­ca? No sir­vo pa­ra los vai­ve­nes de la po­lí­ti­ca. No ten­go sen­si­bi­li­dad ni mu­ñe­ca pa­ra eso. Soy po­lí­ti­ca­men­te in­co­rrec­to. Ten­go muy po­cas pul­gas, soy vas­co y soy ar­tis­ta. Ja­más mi­li­té y siem­pre fui to­tal­men­te apar­ti­da­rio.

14

¿Sos cre­yen­te? Soy es­pi­ri­tual: creo en Bu­da tan­to co­mo en Cris­to.

15

Em­pe­zas­te a bai­lar de chi­co en el Tea­tro Co­lón. ¿Te mi­ra­ban ra­ro en el co­le? ¿Sa­bés que no? Era di­fe­ren­te, pe­ro to­tal­men­te acep­ta­do y ad­mi­ra­do. Pa­ra la gen­te de La Pla­ta (su ciu­dad na­tal), el Co­lón era co­mo el Pen­tá­gono, al­go inal­can­za­ble. En­tré a los 9 años, así que era co­mo el ído­lo de la es­cue­la. Bai­la­ba en el Co­lón y tam­bién lo ha­cía en el pa­tio del co­le­gio. Du­ran­te los 7 años de la pri­ma­ria fui ele­gi­do me­jor com­pa­ñe­ro. Me iba bár­ba­ro en el co­le­gio, aun­que nun­ca fui me­jor alumno.

16

¿Al­gún he­cho que ha­ya mar­ca­do tu vi­da? Sí, tu­ve un ac­ci­den­te muy gran­de a los 25 años. Me caí de 6 me­tros en una “tram­pa” de ba­llet, que es un hue­co que hay en el me­dio del es­ce­na­rio pa­ra que su­ce­da un tru­co ar­tís­ti­co. La ta­pa se abrió an­tes y caí yo, mal. Me las­ti­mé to­do el cuer­po, ín­te­gro. Tu­ve ro­tu­ras y me ope­ra­ron de la mu­ñe­ca. A par­tir de ahí co­lo­qué la vi­da en eje de nue­vo. Fue un an­tes y un des­pués. Vol­ví a na­cer. Es­ta­ba de­to­na­do en el mo­men­to en que me em­pe­za­ba a con­so­li­dar co­mo fi­gu­ra en el mun­do y el mun­do se ha­bía des­trui­do pa­ra mí.

17

¿Te de­pri­mis­te? No. Te­nía sus­to más que na­da. E in­cer­ti­dum­bre. Tu­ve cien días de re­po­so; quie­to. Fue un enor­me pa­ra­te en mi vi­da. Des­pués de eso, na­da me asus­ta. Apren­dí de la vul­ne­ra­bi­li­dad de es­te mun­do. Que uno pro­po­ne y Dios dis­po­ne. El ac­ci­den­te me dio me­su­ra. El bai­la­rín crece de ma­ne­ra ver­ti­gi­no­sa y tem­pra­na­men­te. Pen­sá que a los 40 ya es un ju­bi­la­do. Y lo que me pa­só me dio mi me­jor hu­ma­ni­dad. Cuan­do vos te­nés tan­to éxi­to, creés que to­do lo po­dés ma­ne­jar, que te­nés po­der, au­to­ri­dad, y de re­pen­te no te­nés na­da: sos un gusano.

18

¿Ha­cías ma­ca­nas de chi­co o eras el ni­ño mo­de­lo de la fa­mi­lia? Por suer­te, hi­ce mi­les de tra­ve­su­ras. Con mi pri­mo, rom­pía­mos las llan­tas de los co­ches y les ti­rá­ba­mos pie­dro­nes a los vi­drios de los óm­ni­bus que pa­sa­ban por la puer­ta de mi ca­sa. Tam­bién mo­les­tá­ba­mos a las per­so­nas en las car­pas cuan­do íba­mos a ve­ra­near a Mar del Pla­ta. Aga­rrá­ba­mos los zue­cos de ma­de­ra de mi abue­la y con ellos le pe­gá­ba­mos a esa fi­gu­ra hu­ma­na que se mar­ca­ba a tra­vés de la lo­na. Ton­te­rías de chi­cos de 8 años.

19

¿Y qué pa­sa­ba cuan­do los aga­rra­ban? No nos re­ta­ban mu­cho. Soy muy si­gi­lo­so y pue­do pa­sar inad­ver­ti­do si quie­ro. Soy ga­to en el Ho­rós­co­po Chino, así que ten­go as­tu­cia. Me ma­ne­jo bien por la cor­ni­sa (Ri­sas).

20

¿Te gus­ta­ría vi­vir mu­chos años? Has­ta el úl­ti­mo mo­men­to en que no ne­ce­si­te de­pen­der de na­die. Des­pués ni un mi­nu­to más.

Newspapers in Spanish

Newspapers from Argentina

© PressReader. All rights reserved.