Cin­co claves para en­ten­der lo que pa­sa

Clarin - - EL MUNDO -

1 ¿Qué se in­ves­ti­ga aho­ra en Lon­dres?

El viernes pa­sa­do, a las 8.20 de la ma­ña­na cuan­do todo el mun­do iba al tra­ba­jo y los pa­dres lle­va­ban a sus hi­jos a la es­cue­la, una bom­ba ca­se­ra es­ta­lló en un va­gón de la lí­nea Dis­trict del subte de Lon­dres mien­tras es­ta­ba de­te­ni­do en la es­ta­ción de Par­sons Green, en el sud­oes­te de la ca­pi­tal bri­tá­ni­ca. El ar­te­fac­to fue cons­trui­do ru­di­men­ta­ria­men­te con un tem­po­ri­za­dor, lo que per­mi­tió al ata­can­te de­to­nar­lo a dis­tan­cia o con tiem­po para huir de la zo­na. El es­ta­lli­do pro­vo­có he­ri­das de di­ver­sa gra­ve­dad a 29 per­so­nas, en­tre ellas, va­rios ni­ños. El efec­to de la bom­ba po­dría ha­ber si­do más gra­ve de ha­ber es­ta­lla­do cuan­do el tren se en­con­tra­ba en el tú­nel. En esa zo­na, el subte sa­le a la su­per­fi­cie y eso evi­tó una tra­ge­dia ma­yor, se­gún los ex­per­tos.

2 ¿Cuál es la úl­ti­ma no­ve­dad co­no­ci­da en el ca­so?

Tras el ata­que, la po­li­cía lan­zó una in­me­dia­ta re­da­da ras­trean­do sos­pe­cho­sos que apa­re­cían en las cá­ma­ras de se­gu­ri­dad. El Reino Uni­do es el país con ma­yor nú­me­ro de sis­te­mas de vi­gi­lan­cia de es­te ti­po. De in­me­dia­to, Scotland Yard iden­ti­fi­có a una per­so­na que in­tro­du­cía la bom­ba en otra es­ta­ción. Arres­tó así a un jo­ven de 18 años que bus­ca­ba huir del país ayer desde la ter­mi­nal de ferry de Do­ver, un día des­pués del aten­ta­do.

3 ¿Quién es el prin­ci­pal sos­pe­cho­so del aten­ta­do?

La po­li­cía no di­fun­dió aún su iden­ti­dad ni su fo­to­gra­fía. Só­lo in­for­mó de su edad (18 años), aun­que se ig­no­ra si es bri­tá­ni­co o ex­tran­je­ro. La po­li­cía alla­nó ayer una vi­vien­da en el con­da­do de Su­rrey, al sur de Lon­dres y die­ron un mi­nu­to a los re­si­den­tes para que de­ja­ran la zo­na an­te la pre­sun­ción de que se ha­lla­ban ex­plo­si­vos en el lu­gar. Fue­ron eva­cua­das 200 per­so­nas y se ins­ta­la­ron ro­bots y pe­rros an­ti­ex­plo­si­vos. Ini­cial­men­te se cre­yó que se tra­ta­ba de la ca­sa de la ma­dre del sos­pe­cho­so. Pe­ro lue­go se de­ter­mi­nó que la vi­vien­da alla­na­da era de una pa­re­ja pre­mia­da por la Rei­na por pro­te­ger a ni­ños vul­ne­ra­bles. No es­ta­ba cla­ro si el de­te­ni­do ha­bía vi­vi­do allí como re­fu­gia­do.

4 ¿El jo­ven arres­ta­do ac­tuó solo o te­nía cóm­pli­ces?

La gran sos­pe­cha de los in­ves­ti­ga­do­res es que ac­tuó con una red de ayu­da, a cu­yos miem­bros aho­ra se bus­ca con la pre­sun­ción de que Gran Bre­ta­ña se ha­lla an­te la in­mi­nen­cia de un nue­vo ata­que. Por eso el go­bierno dis­pu­so el ni­vel de “aler­ta crí­ti­ca” an­te el te­mor de otro aten­ta­do in­mi­nen­te.

5 ¿Al­gún gru­po te­rro­ris­ta rein­vi­di­có el ata­que del viernes?

Lo hi­zo el ISIS. Sin em­bar­go, se sa­be que esta ban­da ha si­do diez­ma­da en sus ba­ses de Si­ria e Irak. De mo­do que sus atri­bu­cio­nes son ape­nas un mo­do de pro­pa­gan­da. Se es­ti­ma que hay mu­chos lo­bos so­li­ta­rios o cé­lu­las ais­la­das que in­vo­can su nom­bre por una me­ra iden­ti­fi­ca­ción ideo­ló­gi­ca, aun­que sin con­tar con apo­yo ope­ra­ti­vo para co­me­ter sus aten­ta­dos.

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