La en­ce­rro­na con el gas y la de­va­lua­ción ex­pli­ca por qué las ta­sas no ba­jan de 70% ■ Por Gui­ller­mo Kohan

El Cronista comercial - - Portada - Pe­rio­dis­ta Gui­ller­mo Kohan

La en­ce­rro­na po­lí­ti­ca en la que una vez más ter­mi­nó ca­yen­do el Go­bierno con el car­go ex­tra ya fa­lli­do en la ta­ri­fa del gas pa­ra com­pen­sar la for­tí­si­ma de­va­lua­ción del oto­ño, ex­pli­ca en par­te por qué en la Ar­gen­ti­na la ta­sa de in­te­rés no pue­de ba­jar de 70%, si se quie­re man­te­ner el dó­lar quie­to y la in­fla­ción con­tro­la­da. Ta­sas que su­pe­ran 100% si se ca­pi­ta­li­zan los in­tere­ses, y que su­man y si­guen cuan­do se tra­ta de des­con­tar che­ques o fi­nan­ciar con­su­mos con tar­je­ta de cré­di­to.

El epi­so­dio del gas en­se­ña mu­chas co­sas de la vi­da po­lí­ti­ca y eco­nó­mi­ca de la Ar­gen­ti­na ac­tual, y ad­vier­te so­bre los ries­gos y las res­tric­cio­nes po­lí­ti­cas que en­fren­ta el pre­si­den­te Ma­cri pa­ra cum­plir el ajus­te ya sin gra­dua­lis­mo. Si era di­fí­cil aco­me­ter­lo cuan­do lle­gó al po­der en di­ciem­bre de 2015 y tam­po­co se lo­gró tras el am­plio triun­fo elec­to­ral de 2017, hoy lu­ce muy cues­ta arri­ba.

Los mer­ca­dos se in­quie­tan por­que el apo­yo del Fon­do Mo­ne­ta­rio In­ter­na­cio­nal y los dó­la­res del úni­co que le pres­ta al país es­tán con­di­cio­na­dos a es­te ajus­te inexo­ra­ble del Do­ble Ce­ro: equi­li­brio pre­su­pues­ta­rio a ra­ja­ta­bla y prohi­bi­da la emi­sión. Los que pi­den el flan de no pa­gar la de­va­lua­ción por el gas con­su­mi­do y que se ha­ga car­go el Es­ta­do, de­sa­fían el co­ra­zón del pro­gra­ma eco­nó­mi­co acor­da­do con el FMI.

La compensación por la dis­pa­ra­da del dó­lar a la que tie­nen de­re­cho las pe­tro­le­ras, es la mis­ma compensación que to­do el país tam­bién le reclama al Go­bierno por la mis­ma cau­sa y con los mis­mos de­re­chos. To­dos re­cla­man por sal­var­se de la de­va­lua­ción, y en esa pu­ja dis­tri­bu­ti­va tie­ne mu­cho pa­ra per­der el Es­ta­do y cier­ta­men­te los pri­va­dos. Cla­ra­men­te la de­va­lua­ción au­men­ta el re­cla­mo de pe­sos al Es­ta­do: más sa­la­rios, más pla­nes, más ju­bi­la­ción, más sub­si­dios, más in­tere­ses de la deu­da, más obra pú­bli­ca, más y más pe­sos en las puer­tas del año elec­to­ral. Y co­mo es­tá su­pues­ta­men­te es­tá prohi­bi­da la emi­sión y el dé­fi­cit tie­ne que ser ce­ro, un ma­yor gas­to exi­gi­ría un aho­rro en otro la­do (nun­ca se vio) o se­guir su­bien­do los im­pues­tos, por ejem­plo las re­ten­cio­nes co­mo vuel­ve a pro­po­ner la UCR.

La in­cer­ti­dum­bre se pa­ga con Le­liq al 73%, acu­mu­la­da más de 100% si se ca­pi­ta­li­zan to­das las se­ma­nas los in­tere­ses.

Cla­ro que si no se lo­gra en el me­diano pla­zo ba­jar las ta­sas por­que cues­ta creer que se pue­da cum­plir el ajus­te, se pue­de re­sen­tir to­da­vía más la eco­no­mía, im­pac­tar en la re­cau­da­ción, po­ner en pe­li­gro el equi­li­brio fis­cal y ge­ne­rar una bo­la de nie­ve de deu­da en el Ban­co Cen­tral que to­dos los ar­gen­ti­nos sa­ben que ter­mi­na, tar­de o tem­prano, en más de­va­lua­ción.

Los mer­ca­dos en­tien­den to­do: se plan­chó el dó­lar por las su­per­ta­sas y la as­pi­ra­do­ra de pe­sos en el BCRA, pe­ro ca­ye­ron fuer­te las ac­cio­nes y los bo­nos si­guen pe­sa­dos, con el ries­go país arri­ba de 600 pun­tos có­mo­do. Ayu­da Bol­so­na­ro, y Trump com­pen­sa en­tre la ayu­da del FMI y la suba de ta­sas. El pro­ble­ma es­tá aden­tro, no afue­ra del país.

Vol­vien­do al tro­pie­zo del Go­bierno con las ta­ri­fas del gas, ca­ben otras con­si­de­ra­cio­nes no me­nos in­tere­san­tes de ca­ra al fu­tu­ro eco­nó­mi­co y po­lí­ti­co. Vea­mos:

* Des­pis­tó en la ca­rre­ra por el gas Ja­vier Igua­cel, uno de los pi­lo­tos más au­da­ces y efi­cien­tes que mos­tra­ba la ad­mi­nis­tra­ción Ma­cri en­tre los Ceos in­cor­po­ra­dos a la ges­tión pú­bli­ca. Ha­bía te­ni­do una im­pe­ca­ble ges­tión en Via­li­dad, pe­ro le to­có la com­pli­ca­ción de te­ner que su­ce­der a Juan Jo­sé Aran­gu­ren en el me­dio de la tor­men­ta por la de­va­lua­ción y la dis­pa­ra­da del pre­cio del pe­tró­leo.

* En efec­to, la co­rrec­ta de­ci­sión de re­com­po­ner la in­ver­sión en la ge­ne­ra­ción de ener­gía y la ne­ce­si­dad de re­du­cir los sub­si­dios al con­su­mo de­ter­mi­na­ron una po­lí­ti­ca ener­gé­ti­ca muy au­daz, que le re­co­no­cía a las pro­duc­to­ras de gas y pe­tró­leo pre­cios en dó­la­res in­clu­so por en­ci­ma de los in­ter­na­cio­na­les pa­ra que desa­rro­lla­ran co­mo lo hi­cie­ron Va­ca Muer­ta. To­do pen­sa­do pa­ra un país con es­ta­bi­li­dad mo­ne­ta­ria y del dó­lar, y con las re­gu­la­cio­nes de los años 90 cuan­do re­gía el 1 a 1. A Igua­cel le es­ta­lló la Do­ble Nel­son: tre­pa­ron 50% los pre­cios del pe­tró­leo y tras car­tón el pe­so se de­va­luó otro 50%. Así las naf­tas se fue­ron a 45 pe­sos el li­tro, y las ta­ri­fas de gas y luz te­nían que ajus­tar­se ya no so­la­men­te por el re­ti­ro gradual de sub­si­dios que con­ti­núa, sino por el efec­to del au­men­to en el pre­cio del dó­lar. Mu­cho peor, si ese pre­cio au­men­to de 20 a 40 pe­sos en 90 días. Co­mo la naf­ta se pa­ga al con­ta­do y el go­bierno re­cau­da co­mo na­die en los sur­ti­do­res, allí el im­pac­to de la de­va­lua­ción se tras­la­da al con­su­mi­dor to­dos los días. En el ca­so de la luz y so­bre to­do el gas, se con­su­me pri­me­ro y se pa­ga des­pués, a la vez que los años y años de ta­ri­fas po­lí­ti­cas im­pi­den a los Go­bier­nos sin­ce­rar los pre­cios. De he­cho, el au­men­to ya im­pues­tos en­tre 35% y 50% pa­ra el gas a par­tir de oc­tu­bre, es una pe­si­fi­ca­ción en­cu­bier­ta por­que las ta­ri­fas, de apli­car­se los con­tra­tos que aho­ra se es­gri­mían pa­ra im­po­ner el ajus­te re­tro­ac­ti­vo, de­be­rían ha­ber­se ajus­ta­do por en­ci­ma de 70%. ¿Y la di­fe­ren­cia? Dios di­rá.

* Una vez más fa­lló la co­mu­ni­ca­ción del Go­bierno, aun­que es­ta vez no se lo pue­de res­pon­sa­bi­li­zar a Mar­cos Pe­ña que ha li­be­ra­do a los mi­nis­tros y se­cre­ta­rios pa­ra que ha­blen por las su­yas. Pe­ro no acer­tó Igua­cel en su rally me­diá­ti­co tal vez por­que la dis­cu­sión es­ta vez no era so­bre la ne­ce­si­dad de au­men­tar las ta­ri­fas por re­ti­ro de sub­si­dios y alen­tar in­ver­sio­nes. La gen­te en ge­ne­ral ya lo acep­tó, las fac­tu­ras se mul­ti­pli­ca­ron por 10 des­de los va­lo­res ri­dícu­los de 2015, y el pro­pio Igua­cel ha­bía mo­de­ra­do el ajus­te. El pun­to aho­ra era so­bre los efec­tos de la fuer­te de­va­lua­ción, lo que más le due­le al Go­bierno por su res­pon­sa­bi­li­dad en el ca­so, y si se pue­de apli­car un au­men­to re­tro­ac­ti­vo so­bre un con­su­mo ya rea­li­za­do y ya pa­ga­do. Es­tá cla­ro que esa par­te de la le­gis­la­ción vi­gen­te de los años ‘90 pen­sa­da pa­ra el 1 a 1 de­be­ría mo­di­fi­car­se.

* En el fon­do, la res­pues­ta que hu­bie­ra si­do in­tere­san­te co­no­cer de los jue­ces en es­te con­flic­to por el gas pa­sa por quién es fi­nal­men­te el ver­da­de­ro res­pon­sa­ble de la es­ta­bi­li­dad de la mo­ne­da o de de­va­luar­la. In­có­mo­da si­tua­ción pa­ra el se­cre­ta­rio de Ener­gía, que en lu­gar de fas­ti­diar­se con la so­cie­dad que pro­tes­ta por la so­lu­ción que pro­pu­so al pro­ble­ma y que tu­vo que re­tro­traer, de­be­ría cues­tio­nar a sus co­le­gas de ga­bi­ne­te, so­bre to­do a los que es­tu­vie­ron an­tes que él con res­pon­sa­bi­li­dad en el área y el ma­ne­jo eco­nó­mi­co y fi­nan­cie­ro.

* Vol­vie­ron a ser los so­cios po­lí­ti­cos del ma­cris­mo quie­nes obli­ga­ron a Pre­si­den­te a dar mar­cha atrás con el gas. En pú­bli­co los ra­di­ca­les y en pri­va­do, de­ci­si­vo, la im­pla­ca­ble Eli­sa Ca­rrió. El desafío pú­bli­co de la lí­der de la Coa­li­ción Cí­vi­ca al Pre­si­den­te alar­ma al mun­do eco­nó­mi­co. Por aho­ra es­ta di­ri­gen­te vie­ne ban­can­do el ajus­te, pe­ro se su­po es­te fin de se­ma­na que fue ella la que ex­pul­só del Go­bierno al ex mi­nis­tro Aran­gu­ren, pre­ci­sa­men­te por su ma­ne­jo con las ta­ri­fas. Sus re­cien­tes re­cla­mos al mi­nis­tro de Pro­duc­ción y Tra­ba­jo, Dan­te Si­ca, por sub­si­dios a las py­mes cho­can con­tra la po­lí­ti­ca del Ban­co Cen­tral. El fas­ti­dio de los ra­di­ca­les no se apa­ga con la de­ci­sión de anu­lar el car­go re­tro­ac­ti­vo al gas. Exi­gen más par­ti­ci­pa­ción en las de­ci­sio­nes que adop­ta el Go­bierno en ma­te­ria de im­pues­tos y ta­ri­fas re­ce­lan de la ra­pi­dez con la cual el Pre­si­den­te res­pon­de pa­ra des­ac­ti­var los pi­que­tes po­lí­ti­cos que le pre­pa­ra Eli­sa Ca­rrió.

* La ba­ta­lla por el car­go re­tro­ac­ti­vo en el gas au­men­tó los re­ce­los en­tre La se­cre­ta­ría de Ener­gía, el mi­nis­te­rio de Eco­no­mía y la con­duc­ción de YPF. En ver­dad, la pe­tro­le­ra es­ta­tal es la prin­ci­pal pro­vee­do­ra de gas con más de 50% de los con­tra­tos, y es la pri­me­ra que re­cla­mó que se le pa­gue por el gas des­pa­cha­do el dó­lar a 38 pe­sos y no a 22. Tam­po­co acep­ta la con­duc­ción pro­fe­sio­nal de Mi­guel Gu­tié­rrez pi­sar los au­men­tos de las naf­tas ca­da vez que sube el pe­tró­leo y/o el ti­po de cam­bio.

YPF es­tá muy en­deu­da­da y los pre­cios po­lí­ti­cos im­pac­tan en el ba­lan­ce y en el va­lor de la ac­ción, ca­da vez más le­jos de la re­cu­pe­ra­ción de Pe­tro­bras, hoy nue­va­men­te la es­tre­lla de los mer­ca­dos por el efec­to del triun­fo de la can­di­da­tu­ra de Jair Bol­so­na­ro.

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