Agustina Cherri “Quie­ro ser ma­má el año que vie­ne”

Mien­tras dis­fru­ta del éxi­to de Per­fec­tos des­co­no­ci­dos, ase­gu­ra que le gus­ta­ría dar­les un her­ma­ni­to a sus hi­jos Mu­na y Ni­lo. Es ve­ge­ta­ria­na, ama­sa el pan y has­ta cul­ti­va su pro­pia huer­ta.

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“Quie­ro ser ma­má el año que vie­ne”

No na­ció en­tre bam­ba­li­nas pe­ro se mue­ve como si fue­se así. Se­re­na, con una son­ri­sa con­ta­gio­sa, irra­dia ener­gía po­si­ti­va y lu­ce un ros­tro an­ge­li­cal. Agustina Cherri (34) lle­ga pun­tual a la en­tre­vis­ta con ELLE. Sen­ta­da fren­te a los jar­di­nes del Pa­la­cio Duhau, esa ne­na que a los seis in­ter­pre­tó a Ca­mi­la en Gran­de, Pa!, ga­nó fa­ma con su rol de huér­fa­na en Chi­qui­ti­tas y se des­ta­có en se­ries como Ve­rano del 98, Hom­bres de ho­nor y Mis ami­gos de siem­pre, en­tre otras, ha­bla de sus hi­jos Ni­lo (6) y Mu­na (8), su no­vio mú­si­co (To­más Ve­ra), su ex (Gas­tón Pauls), sus pro­yec­tos y sus ga­nas de vol­ver a ser ma­má. Es­pon­tá­nea, se en­tre­ga pa­ra que la pei­nen y ma­qui­llen. Po­sa fren­te a la cá­ma­ra y se di­vier­te: “¡Sa­ca­me una foto pa­ra su­bir a mis re­des!”. Con más de un mi­llón de se­gui­do­res en Ins­ta­gram, ase­gu­ra que Per­fec­tos des­co­no­ci­dos – la obra ba­sa­da en la pe­lí­cu­la de Pao­lo Ge­no­ve­se que di­ri­ge Gui­ller­mo Fran­ce­lla– va más allá de una voz en el te­lé­fono. Se tra­ta de un juego di­ver­ti­do en­tre ami­gos que de­vie­ne en dra­ma. ELLE ¿SOS UN ICONO DE LA TE­LE Y BRILLAS EN EL TEA­TRO. ¿EN QUE ETAPA DE TU VI­DA TE ENCONTRAS? A.C. Creo que en una de las más es­ta­bles, tan­to en lo la­bo­ral como en lo per­so­nal. Es­tá todo más or­de­na­do, los chi­cos más gran­des. Ha­ber de­ci­di­do ha­cer só­lo tea­tro me per­mi­tió te­ner ho­ras del día con sol pa­ra es­tar con mis hi­jos, or­ga­ni­zar co­sas de la vi­da co­ti­dia­na. Es­toy en pa­re­ja ha­ce cua­tro años, eso fun­cio­na per­fec­to. Me lle­vo muy bien con el pa­pá de mis hi­jos. Sien­to que es­tá todo en ar­mo­nía. ELLE EN PER­FEC­TOS DES­CO­NO­CI­DOS EL CELULAR ES LA “CAJA NEGRA”. EN LO PER­SO­NAL, ¿TE PASA? A.C. Sí, to­tal­men­te. Yo ja­más me pres­ta­ría al juego de la obra, no me ex­pon­dría, no en­tre­ga­ría mi celular. En reali­dad “la caja negra” en el sen­ti­do de la in­for­ma­ción que guar­da con res­pec­to a uno: des­de los con­tac­tos con to­da la gen­te que quie­ro, mi agen­da con todo lo que voy ha­cer de acá a seis me­ses pa­ra ade­lan­te. Tam­bién las fo­tos, las con­ver­sa­cio­nes, los re­cuer­dos, los pen­dien­tes, in­clu­so los ac­ce­sos has­ta a los ban­cos. Todo se pue­de ha­cer con un te­lé­fono. Vis­to des­de el la­do prác­ti­co es ma­ra­vi­llo­so, pe­ro tam­bién ge­ne­ra una de­man­da ab­so­lu­ta de es­tar pre­sen­te, de te­ner­lo todo el tiem­po en­ci­ma. So­bre todo cuan­do es­toy tra­ba­jan­do es mi co­ne­xión tam­bién con los chi­cos. ELLE TENES UNA VI­DA MUY EXPUESTA. ¿CONTAS TODO O CREAS UN PER­SO­NA­JE? A.C. ¡Soy yo, cla­ra­men­te! Pe­ro no hay na­da li­bra­do al azar. Mues­tro mi vi­da, lo que yo quie­ro y có­mo lo quie­ro. En­ton­ces creo que las re­des so­cia­les a ve­ces son bas­tan­te men­ti­ro­sas, no por­que uno es­té ge­ne­ran­do fan­ta­sía, sino que yo ex­pon­go la reali­dad de lo que vi­vo. Pe­ro siem­pre es­tá el ojo pues­to en que la foto que subís sal­ga di­vi­na, creo que na­die sube al­go si sa­lió mal. ELLE ACTUAS DES­DE LOS SEIS. ¿QUE DI­FE­REN­CIA HAY CON CA­MI­LA, LA NE­NA DE GRAN­DE PA, Y LA DE HOY, BIANCA, EN PER­FEC­TOS DES­CO­NO­CI­DOS? A.C. Ade­más de los 20 y pi­co años que lo se­pa­ran, en ese mo­men­to pa­ra mí era un per­so­na­je im­por­tan­te: el pri­me­ro que ha­cía con una his­to­ria muy tris­te. En Gran­de Pa me cru­za­ba el dra­ma. Y en Per­fec­tos des­co­no­ci­dos si bien tam­bién hay un mo­men­to crí­ti­co del per­so­na­je, que es cuan­do pro­po­nen en­tre los sie­te pro­ta­go­nis­tas el juego que es es­cu­char, leer to­dos los men­sa­jes que lle­guen du­ran­te una ce­na en­tre ami­gos ge­ne­ra más di­fi­cul­ta­des que so­lu­cio­nes. Eso des­ta­pa un mon­tón de ver­da­des y es un per­so­na­je más con­tem- po­rá­neo de lo que nos pasa a to­dos. Uno eli­ge ha­blar cier­tos te­mas con de­ter­mi­na­das per­so­nas. La idea es que cual­quier mu­jer se pue­de sen­tir iden­ti­fi­ca­da con el per­so­na­je más allá de que es bas­tan­te inocen­te den­tro de lo que es la obra. ELLE MIRANDO PA­RA ATRAS... ¿LES PERMITIRIAS TRABAJAR DES­DE TAN CHI­COS A TUS HI­JOS? A.C. Es al­go que me su­ce­de aho­ra, no con los dos, sino con Mu­na, ella quie­re ha­cer cas­tings. Es muy Agus: tan­to en el fí­si­co como en la per­so­na­li­dad. Es­tu­dia can­to, piano, co­me­dia mu­si­cal. Pe­ro, por aho­ra, só­lo que es­tu­die. Pasa que la Ca­mi­la de Gran­de Pa era otra co­sa: era otra la te­le. En mi ca­so, arran­qué mi ca­mino so­la, no ve­nía de nin­gu­na fa­mi­lia que ten­ga que ver con el es­pec­tácu­lo. Ella, quie­ras o no, es hi­ja de pa­dres que es­tán en los me­dios... ELLE SIN PADRINO EN TU CARRERA, ¿COMO LLEGASTE? A.C. Era fa­ná­ti­ca de Fla­via Pal­mie­ro y mirando el

“De chi­ca era me­dio un des­pil­fa­rro con el di­ne­ro, ha­cía más com­pras alo­ca­das. No pro­yec­ta­ba tan­to mi vi­da. Y aho­ra de gran­de es­toy más or­ga­ni­za­da y or­de­na­da.”

pro­gra­ma me en­te­ré de que una de las ne­nas se iba y ne­ce­si­ta­ban re­em­pla­zar­la. Bus­ca­ban a una de 10, no de 6. En ese mo­men­to mi pri­ma da­ba con la edad, se pre­sen­ta­ba al cas­ting y mi ma­má su­po que lo to­ma­ba Fla­via. Me lle­va­ba só­lo a co­no­cer­la. Es­tan­do ahí, me to­ma­ron la prue­ba pa­ra que yo no me sin­tie­ra mal y ter­mi­né que­dan­do. Fue un po­co de suer­te. ELLE DESPUES DE CA­SI DOS AÑOS SO­LA, PENSABAS VOL­VER A ENAMORARTE? A.C. ¡No, me­nos de la ma­ne­ra que lo co­no­cí! Es­ta­ba muy tran­qui­la, mis hi­jos eran chi­cos. No me lo es­pe­ra­ba, so­bre todo por­que yo soy ami­ga de Mar­ce­la Kloos­ter­boer des­de muy chi­qui­ta y co­noz­co a su ma­ri­do y a to­dos sus ami­gos pe­ro a To­más nun­ca me lo ha­bía cru­za­do. Y el día del ca­sa­mien­to, él es­ta­ba so­lo y yo es­ta­ba so­la... ELLE ¿COMO ES LA RELACION CON TU EX? A.C. Muy bue­na, so­mos muy com­pa­ñe­ros. No pue­do ha­blar de otra co­sa que no sean ma­ra­vi­llas de la re­la­ción que te­ne­mos y de lo que él es como pa­dre. ELLE ¿TE SENTIS COMODA HACIENDO CAMPAÑAS? A.C. ( Ri­sas) Siem­pre fui bas­tan­te rea­cia. Era muy gra­cio­so por­que siem­pre ami­ga de Mar­ce­la, ” la se­ño­ra cam­pa­ña”, me de­cía que te­nía que ani­mar­me. Ter­mi­né pro­ban­do y me asus­to cuan­do voy con los chi­cos y me veo en car­te­les de Pa­na­me­ri­ca­na en ro­pa in­te­rior ( ri­sas). ELLE ¿COMO ES UN DIA DE AGUSTINA? A.C. Apro­ve­cho pa­ra lle­var a los chi­cos al co­le­gio, es­ta­mos en ca­sa, ha­ce­mos la ta­rea has­ta las 4 que me voy al tea­tro. ELLE ESTAS ESPLENDIDA. ¿QUE HACES PA­RA CUIDARTE? A.C. Soy ve­ge­ta­ria­na ha­ce mu­chos años y en­treno tres ve­ces por se­ma­na. Y como sano, así me man­ten­go. ELLE ¿TUS CHI­COS TAMBIEN SON VEGETARIANOS? A.C. Sí, me­nos mi no­vio. Des­de la primera in­fan­cia, es­tu­dié es­te ti­po de cocina pa­ra ha­cer una ali­men­ta­ción sin car­ne pe­ro a con­cien­cia de que cuan­do ellos es­tén en pleno desa­rro­llo no les fal­ta­ra na­da. Ama­so el pan y has­ta ten­go mi huer­ta.

ELLE ¿SOS MUY OR­GA­NI­ZA­DA, ESTRUCTURADA? A.C. De chi­ca era me­dio un des­pil­fa­rro con el di­ne­ro, ha­cía más com­pras alo­ca­das, no pro­yec­ta­ba tan­to. Y aho­ra de gran­de es­toy más or­de­na­da, or­ga­ni­za­da. Soy muy ho­ga­re­ña, me gus­ta es­tar en mi ca­sa, en Pi­lar. Si fue­ra por mí pa­sa­ría todo el día ahí. Ten­go todo lo que ne­ce­si­to: mi huer­ta, mi par­que, mi jar­dín, los pe­rros, los fru­ta­les que me dan po­me­los, man­da­ri­nas, ci­rue­las, hi­gos, la ca­sa del ár­bol don­de jue­gan los chi­cos. Pe­ro no me prohí­bo de via­jar con mis hi­jos, mi no­vio o con una ami­ga. ELLE ESTAS DISEÑANDO MUEBLES CON TU PA­DRE, ¿DE QUE SE TRA­TA ES­TE EMPRENDIMIENTO? A.C. Mi pa­pá es car­pin­te­ro, ha­ce muebles y hay mo­de­los que em­pe­za­mos a fa­bri­car jun­tos con ma­de­ras re­ci­cla­das. Yo ha­go el di­se­ño y me gus­ta ver la uti­li­dad. ELLE PRO­YEC­TOS... A.C. Ser ma­má el año que vie­ne. La te­le me gus­ta pe­ro la ti­ra me da un po­co de sus­to. Tie­ne que ser un pro­yec­ta­zo que me vue­le la ca­be­za.

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