Pom­mery: el lu­jo pa­ra con­su­mir

Nat­ha­lie Vran­ken, due­ña del gru­po que pro­du­ce el ex­clu­si­vo cham­pán, cuen­ta có­mo es el ne­go­cio de­trás de ca­da bo­te­lla. Por qué de­ci­dió vi­si­tar la Ar­gen­ti­na. El amor por la Pa­ta­go­nia.

Fortuna - - Sumario - CLAUDIO CELANO Gó­MEZ

Nat­ha­lie Vran­ken, due­ña del gru­po que pro­du­ce el ex­clu­si­vo cham­pán, cuen­ta có­mo es el ne­go­cio de­trás de ca­da bo­te­lla.

Gra­cias a la de­no­mi­na­ción de ori­gen con­tro­la­da, só­lo se le pue­de de­cir cham­pán al vino blan­co o ro­sa­do es­pu­mo­so que se pro­du­ce en la re­gión fran­ce­sa de Cham­pa­ña. Es­ta zo­na del no­res­te del país ga­lo es­tá for­ma­da por 30.000 hec­tá­reas don­de vi­ven 20.000 fa­mi­lias que son las que siem­bran y co­se­chan las uvas. Se fa­bri­can 330 mi­llo­nes de bo­te­llas al año y exis­ten cer­ca de 19.000 eti­que­tas di­fe­ren­tes. El 50% es con­su­mi­do por los pro­pios fran­ce­ses, ca­si un 25% por el res­to de Eu­ro­pa, un 15% por Es­ta­dos Uni­dos y des­pués por los ja­po­ne­ses.

Pom­mery es­tá ins­ta­la­da allí con una enor­me man­sión, don­de es­tá alo­ja­da la bo­de­ga en la que pro­du­cen só­lo 21 mi­llo­nes de bo­te­llas al año. Nat­ha­lie Vran­ken es la due­ña del gru­po Vran­ken-Pom­mery y en su primera vi­si­ta a la Ar­gen­ti­na, en el mar­co de la pre­sen­ta­ción mun­dial del nue­vo cham­pán Blue Sky, ha­bló con For­tu­na so­bre la ex­clu­si­vi­dad de sus pro­duc­tos. “La de­fi­ni­ción de pro­duc­tos de lu­jo que yo uso ha­ce re­fe­ren­cia al po­der de una mar­ca pa­ra vender al­go que qui­zá no ne­ce­si­tes pero de­bés te­ner. Que no im­por­ta el cos­to de ad­qui­rir­lo por­que lo ten­drás por el res­to de tu vi­da sal­vo que lo quie­ras vender. Es­to su­ce­de con los re­lo­jes, los au­tos de co­lec­ción o las jo­yas. El que lo compró sen­ti­rá sa­tis­fac­ción ca­da vez que use o mi­re ese pro­duc­to. Lo que pa­sa con una bo­te­lla de cham­pán de las nues­tras es al­go to­tal­men­te di­fe­ren­te. So­mos un pro­duc­to de lu­jo en cuan­to a la ma­nu­fac­tu­ra, por­que desde que

lo pro­du­ci­mos has­ta que lle­ga a la he­la­de­ra del con­su­mi­dor no pa­san me­nos de cin­co años. Pero es­te pro­duc­to se con­su­me en cuan­to se des­cor­cha y lo úni­co que que­da­rá es la bo­te­lla, que se pue­de uti­li­zar pa­ra ha­cer una her­mo­sa lám­pa­ra. Pero na­da más. En­ton­ces, ha­ce que nues­tro ne­go­cio sea mu­cho más di­fí­cil que el de un bien que le que­da­rá al com­pra­dor”, ex­pli­ca Vran­ken.

Nat­ha­lie Vran­ken se hi­zo car­go de la com­pa­ñía en 2002 y nun­ca an­tes ha­bía ve­ni­do a la Ar­gen­ti­na. “Me pa­re­ció que era el me­jor mo­men­to pa­ra ve­nir. El país se es­tá abrien­do al mundo y me en­con­tré con que la Ar­gen­ti­na es un lu­gar don­de hay que ve­nir por lo me­nos una vez en la vi­da. Los pai­sa­jes y los lu­ga­res que tie­ne son in­creí­bles”, opi­na. Y agre­ga: “La ver­dad es que no sé si hay un mer­ca­do de lu­jo en Ar­gen­ti­na, pero creo que una vez en la vi­da cual­quie­ra pue­de brin­dar con un Pom­mery. Ten­go la suer­te de via­jar por to­do el mundo, y el lu­gar que to­dos quie­ren ve­nir a vi­si­tar es la Pa­ta­go­nia. Sue­ñan con ve­nir. Y eso es una opor­tu­ni­dad que el país to­da­vía no ex­plo­tó. Mi vi­si­ta tie­ne que ver con es­to, con acer­car­me a los hoteles y la gas­tro­no­mía y que Pom­mery sea una op­ción. Cuan­do al­guien com­pra una bo­te­lla y la des­cor­cha, yo ten­go unos po­cos mi­nu­tos pa­ra sa­tis­fa­cer to­das las ex­pec­ta­ti­vas que el con­su­mi­dor te­nía a la ho­ra de ad­qui­rir­la. Es una ex­pe­rien­cia que to­dos pue­den vi­vir por lo me­nos una vez en su vi­da”.

La ex­clu­si­vi­dad de ca­da bo­te­lla co­mien­za en la ad­qui­si­ción de las uvas. Hay es­pe­cia­lis­tas que van a ne­go­ciar per­so­nal­men­te con ca­da una de las fa­mi­lias que co­se­chan la ma­te­ria pri­ma y son quie­nes eli­jen a qué vi­ñe­dos com­prar­les. El ki­lo de uvas os­ci­la en­tre 6 y 7 eu­ros. Pa­ra ha­cer ca­da bo­te­lla

En la zo­na de Cham­pa­ña, en Fran­cia, se pro­du­cen 330 mi­llo­nes de bo­te­llas al año. Pom­mery só­lo ha­ce 21 mi­llo­nes.

se ne­ce­si­tan cer­ca de 1,2 ki­los de uva, por lo que pa­gan apro­xi­ma­da­men­te 10 eu­ros. Só­lo en ma­te­ria pri­ma Pom­mery gas­ta más de 210 mi­llo­nes de eu­ros al año. “Son las uvas más ca­ras del mundo, pero tam­bién las más ex­clu­si­vas. Por eso la im­por­tan­cia de la de­no­mi­na­ción de ori­gen. Los que ha­ce­mos el cham­pán no so­mos due­ños de la tie­rra y ca­da hec­tá­reas pue­de cos­tar en­tre tres y cin­co mi­llo­nes de eu­ros. Es lo más ex­clu­si­vo que hay, por­que no hay más es­pa­cio. Es un ne­go­cio to­tal­men­te di­fe­ren­te al de Ar­gen­ti­na, don­de las bo­de­gas son mu­chas ve­ces due­ñas de sus pro­pias uvas y pue­den com­prar y vender cuan­to gus­ten”.

MAN­SIÓN. Nat­ha­lie Vran­ken, due­ña del gru­po Vran­ke­nPom­mery, en la bo­de­ga que la fir­ma tie­ne en Reims, Fran­cia.

ES­TI­LO. Las bo­te­llas de Pom­mery re­po­san con po­ca luz por más de cin­co años. Al­gu­nas eti­que­tas lo ha­cen más de 10 años. El úl­ti­mo lan­za­mien­to de la mar­ca fue Blue Sky, pre­sen­ta­do a fin del año pa­sa­do en la Ar­gen­ti­na.

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