Na­da es pa­ra siem­pre, ni si­quie­ra los ta­tua­jes. Pe­ro qui­tar­te uno no va a ser fá­cil.

GQ Latinoamerica - - LA CLAVEDEL ÉXITO - -JV

¿Te gus­tó la agu­ja que usa­ron pa­ra ha­cer­te ese ta­tua­je? Pues es­pé­ra­te a sen­tir el lá­ser pa­ra re­mo­ver­lo. El tra­ta­mien­to es así: un der­ma­tó­lo­go dis­pa­ra un vo­lu­men de ener­gía con­tra tu piel, su­fi­cien­te co­mo pa­ra ilu­mi­nar to­da la ciu­dad de Las Ve­gas. Es só­lo una frac­ción de se­gun­do, pe­ro ima­gí­na­te. El lá­ser rom­pe las par­tí­cu­las de tin­ta y las adel­ga­za pa­ra que pue­dan ser ex­traí­das a tra­vés de las ca­pas de la piel y el sis­te­ma in­mu­no­ló­gi­co pue­da desechar­las y ex­pul­sar­las de tu or­ga­nis­mo con la ayu­da de los ór­ga­nos co­rres­pon­dien­tes. Sue­na ge­nial, ¿no? Y la me­jor par­te es que qui­tar un ta­tua­je con lá­ser «só­lo» to­ma en­tre 5 y 15 se­sio­nes. Te que­da­rán cos­tras en la piel pe­ro no ha­brá ci­ca­tri­ces. Cla­ro, eso si no cuen­tas los ras­po­nes a tu cuen­ta ban­ca­ria, por­que el tra­ta­mien­to pue­de cos­tar al­gu­nos mi­les de dó­la­res.

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