EN LA MÁ­QUI­NA DEL TIEM­PO

GQ Latinoamerica - - MÁQUINAS -

Tras el fi­nal de la gue­rra, la fir­ma Willys se dio cuen­ta de los al­can- ces del MB en el mer­ca­do es­ta- dou­ni­den­se, así que desa­rro­lló una ver­sión ci­vil que fue lan­za­da en 1945 ba­jo el nom­bre CJ-2A.

La co­lec­ción de vehícu­los his­tó­ri­cos de Jeep es in­creí­ble, pues to­das las uni­da­des pa­re­cen ha­ber si­do guar­da­das pa­ra per- ma­ne­cer in­tac­tas has­ta nues­tros días, y eso ha­ce que po­ner­te al volante de uno de ellos sea un gran mo­men­to.

El CJ-2A es, li­te­ral­men­te, un mon­tón de lá­mi­na con mo­tor y volante. No tie­ne puer­tas, el te­cho es de lo­na, no tie­ne cin­tu­ro­nes de se­gu­ri­dad ni nin­gún ti­po de co­mo- di­da­des, más que un ra­dio.

En­cen­der­lo es tam­bién una ex­pe­rien­cia, se gi­ra la lla­ve y lue­go con el pie hay que apre­tar un in­te­rrup­tor que es­tá en­tre las dos pla­zas de­lan­te­ras, pa­ra que en­cien­da el mo­tor y (aquí vie­ne lo más com­pli­ca­do) la trans­mi­sión.

El CJ-2A tie­ne una ca­ja ma­nual de tres ve­lo­ci­da­des, más re­ver­sa, mon­ta­da en la co­lum­na de la di­rec­ción y de ver­dad es una odi­sea po­der en­gra­nar­las.

Des­pués de ca­si cin­co mi­nu- tos de in­ten­tos, por fin es­ta­mos en ca­mino a no más de 16 km/h, con el mo­tor muy re­vo­lu­cio­na­do y tra- tan­do de me­ter la se­gun­da ve­lo- ci­dad. El volante es muy gran­de y tie­ne mu­cho jue­go, y el Jeep re­bo­ta a la me­nor pro­vo­ca­ción, lo que nos recuerda que, a di­fe­ren- cia de los ac­tua­les, estos vehícu­los es­ta­ban pen­sa­dos pa­ra el tra­ba­jo pe­sa­do, pa­ra las gran­jas, mi­nas y otras ac­ti­vi­da­des del cam­po.

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