TO­DO LO QUE SIEM­PRE QUISISTE SA­BER SO­BRE EL VE­LLO FA­CIAL Y NUN­CA TE ATREVISTE A PRE­GUN­TAR

GQ Latinoamerica - - PULSO -

¿Ca­da cuán­to tiem­po hay que re­cor­tar­se la bar­ba? Se­gún los es­tu­dios, la ma­yo­ría de hombres se la arre­gla una vez a la se­ma­na. Nos pa­re­ce una pe­rio­di­ci­dad a prue­ba de ma­nie­ris­mos. Si lo tu­yo es un look náu­fra­go, con una vez al mes es­tá per­fec­to.

¿Afei­tar­se muy a me­nu­do es ma­lo pa­ra la piel? No hay nin­gu­na evi­den­cia de ello. La irri­ta­ción que pro­du­ce el afei­ta­do es pa­sa­je­ra y no de­ja nin­gún ti­po de se­cue­las. Por otro la­do, pe­se a lo afi­la­do del ins­tru­men­tal que in­ter­vie­ne en la ope­ra­ción, no co­no­ce­mos nin­gún ca­so de un hom­bre que ha­ya muer­to por las se­cue­las de un mal ra­su­ra­do. Por el con­tra­rio, sí que es­tá do­cu­men­ta­do, al me­nos, un de­ce­so por ve­llo fa­cial: un día de 1567, el aus­tria­co Hans Stei­nin­ger, fa­mo­so por su bar­ba de 1.4 me­tros, se tro­pe­zó con ella y se par­tió el cue­llo.

¿Cuán­to cre­ce la bar­ba? En pro­me­dio, en­tre 11 y 14 cen­tí­me­tros al año. Aun­que fluc­túa de­pen­dien­do de ca­da in­di­vi­duo. ¿Hay al­gún mo­do de ha­cer cre­cer la bar­ba más rá­pi­do?

La for­ma más fá­cil, ve­loz y eco­nó­mi­ca de que tu bar­ba crez­ca más rá­pi­do es la abs­ti­nen­cia se­xual. Tras sie­te días de es­tar a dos ve­las, los ni­ve­les de tes­tos­te­ro­na, la hor­mo­na res­pon­sa­ble del cre­ci­mien­to del ve­llo, au­men­tan con­si­de­ra­ble­men­te en tu cuer­po. Co­mo Dios aprie­ta, pe­ro no ahor­ca, hay es­tu­dios que ase­gu­ran que los hombres con una bar­ba bien po­bla­da le re­sul­tan más atrac­ti­vos a las mujeres, por lo que va una co­sa con la otra.

¿Es más ba­ra­to lle­var bar­ba? Si no le pro­cu­ras nin­gún cui­da­do, de­fi­ni­ti­va­men­te sí. Pe­ro lo nor­mal es que te sal­ga más o me­nos por lo mis­mo que afei­tar­te to­dos los días, con­si­de­ran­do los pro­duc­tos es­pe­cí­fi­cos y las fre­cuen­tes vi­si­tas al bar­be­ro. Ha ha­bi­do épo­cas en las que lle­var una bue­na bar­ba te­nía otro cos­te adi­cio­nal. En 1535, por ejem­plo, el rey bri­tá­ni­co En­ri­que VIII le car­gó un im­pues­to. Con­duc­ta que imi­tó el zar Pe­dro I el Gran­de en Ru­sia en 1698. Así que, da­da la ac­tual si­tua­ción, los bar­bo­nes es­ta­mos de suer­te. ¿Tie­nen más éxi­to los hombres con una bue­na bar­ba?

Pa­re­ce que só­lo con las mujeres. En lo to­can­te al di­ne­ro y al es­ta­tus, ga­nan los va­ro­nes afei­ta­dos. ¿Por qué los cu­ras no lle­van bar­ba? El Con­ci­lio de

Tolosa de 1119 ame­na­zó con la ex­co­mu­nión a to­dos los clé­ri­gos que no se afei­ta­ran el ve­llo fa­cial. Pa­ra la Igle­sia del me­die­vo, la bar­ba cons­ti­tuía la re­pre­sen­ta­ción de los pe­ca­dos y se creía in­mo­ral. Fi­nal­men­te, la ame­na­za no se con­su­mó, pe­ro el ve­llo fa­cial no per­dió su con­si­de­ra­ción de im­pío. El pa­pa Ino­cen­cio XII (1615-1700) fue el úl­ti­mo en atre­ver­se con un bi­go­te y una pe­ri­lla. “A ver quién tie­ne na­ri­ces de ex­co­mul­gar al jefe”, de­bió de pen­sar.

¿Es la bar­ba bue­na pa­ra la sa­lud? Di­ver­sos es­tu­dios han con­clui­do que una ti­po hips­ter pre­vie­ne los ca­ta­rros, al ac­tuar co­mo una bu­fan­da, pro­te­ge de los ra­yos ul­tra­vio­le­ta y con­ser­va la hi­dra­ta­ción de la piel. Las mujeres, ¿aca­ban can­sán­do­se de la bar­ba de su

no­vio? No sa­be­mos si es que se can­san con el tiem­po o si a al­gu­nas no les gus­ta des­de el pri­mer día, pe­ro un es­tu­dio de Re­ming­ton con­clu­ye que la mi­tad de las fé­mi­nas in­ten­ta­rán con­ven­cer­te en al­gún mo­men­to de tu vi­da de que te la ra­su­res. SMS: Lec­tor, sé fuer­te. ¿Cuán­to tiem­po per­de­mos afei­tán­do­nos? Se ha cal­cu­la­do que un hom­bre pa­sa unas 780 ho­ras de su vi­da fren­te al es­pe­jo con la ma­qui­ni­lla de afei­tar en la mano. Pe­ro no es una pér­di­da de tiem­po en lo ab­so­lu­to: ¿a dón­de ibas a ir con una bar­ba de 8 me­tros? ¿De­jar­se la bar­ba es­tá pasado de mo­da? Ya sea por mo­ti­vos es­té­ti­cos, po­lí­ti­cos o re­li­gio­sos, se es­ti­ma que el 55% de los va­ro­nes en to­do el mun­do lle­va bar­ba. Así que juz­ga tú mis­mo.

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