Có­mo en­ten­der a los ado­les­cen­tes se­gún su signo

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El lap­so en­tre los 13 y los 18 años de un hi­jo es to­do un desafío pa­ra los pa­dres. Los 13 años pro­du­cen una cier­ta cri­sis en el ser por­que la per­so­na sien­te que no es ni chi­ca, ni gran­de. Es un tiem­po en el que el amor y la bús­que­da de en­con­trar un sig­ni­fi­ca­do a la vi­da in­quie­tan. Es un cie­rre de ci­clo por­que re­cién a los 14 años se co­men­za­rá un nue­vo pe­río­do, has­ta los 21. Es una edad en la que bus­car “pa­res” en los cua­les iden­ti­fi­car­se con un mis­mo gus­to, pa­sión, afi­ción, etc. se­rá lo que da­rá sen­ti­do a es­ta eta­pa.

Que los pa­dres acep­ten es­tos víncu­los ayu­da­rá al ado­les­cen­te a ga­nar au­to­es­ti­ma, ya que aho­ra to­do pa­sa por lo gru­pal y por los idea­les.

Por otro la­do, es in­tere­san­te ver có­mo el signo (Sol) de la per­so­na re­pre­sen­ta có­mo cap­tó a su pa­dre, más allá de que el signo del pro­ge­ni­tor sea otro. Por ejem­plo, el chi­co que tie­ne Sol en Aries, de al­gu­na ma­ne­ra cap­tó una ener­gía im­pe­tuo­sa, ague­rri­da y “ha­ce­do­ra” del pa­dre, aun­que es­te ten­ga otro Sol (signo). Es de­cir que, por ejem­plo, el pa­dre es de Virgo, sin em­bar­go el Sol de su hi­jo es­tá en Aries. Su hi­jo lo “cap­tó” a él co­mo si fue­ra ariano, y evi­den­te­men­te en su pro­ce­der ma­ni­fes­tó esa ener­gía, por lo me­nos en el tiem­po que su hi­jo na­ció.

ARIES

En es­ta eta­pa, las hor­mo­nas es­tán a full y los chi­cos tie­nen la pul­sión de ga­nar, so­bre­sa­lir y al­can­zar el pri­mer pues­to. Se­rá im­por­tan­te mar­car lí­mi­tes pa­ra que no ha­ya un des­bor­de de la ener­gía y los jó­ve­nes ter­mi­nen vol­vién­do­se agre­si­vos o te­me­ra­rios pa­ra la so­cie­dad. La fi­gu­ra de au­to­ri­dad del pa­dre se­rá im­por­tan­te, aun­que de­be­rá evi­tar el mal­tra­to. In­cen­ti­var­los a que ha­gan de­por­tes gru­pa­les se­rá óp­ti­mo pa­ra su in­ter­ac­ción con los de­más.

TAURO

Son chi­cos a los que les gus­ta dis­fru­tar, co­mer, que­dar­se lar­go tiem­po go­zan­do de la na­tu­ra­le­za o sim­ple­men­te des­can­san­do en un si­llón. Aun­que tam­bién tie­nen una al­ta apreciación por las co­sas ma-

te­ria­les. Re­ci­bir re­ga­los es su pa­sión. Ha­brá que ayu­dar­los a que ellos tam­bién sean ge­ne­ro­sos y pue­dan ob­se­quiar a sus ami­gos.

Co­mo tie­nen un gran sen­ti­do de lo es­té­ti­co, se­rá im­por­tan­te alen­tar­los en la crea­ción de he­chos ar­tís­ti­cos o crea­ti­vos en ge­ne­ral. To­car un ins­tru­men­to, can­tar, bai­lar, pin­tar, etc., se­ría una ex­ce­len­te ca­na­li­za­ción de la ener­gía. Ha­brá que po­ner­les lí­mi­tes en la ex­ce­si­va au­to­in­dul­gen­cia.

GÉMINIS

Son chi­cos muy cu­rio­sos y tie­nen múl­ti­ples in­tere­ses. Son sim­pá­ti­cos, tie­nen mu­chos ami­gos y les en­can­ta ha­cer imi­ta­cio­nes. Por es­to se ha­cen po­pu­la­res en el co­le­gio y en las reunio­nes siem­pre so­bre­sa­len. Pa­ra edu­car­los, ha­brá que ha­cer­les to­mar con­cien­cia de que la vi­da de­be­ría te­ner un ideal, una fi­lo­so­fía, al­go que dé sen­ti­do a la pro­pia exis­ten­cia y así, en­ton­ces, po­der ha­cer­les ver que no es so­la­men­te el mo­men­to in­me­dia­to, sino que lo im­por­tan­te es ver más allá. Exi­gir­les es­tu­diar has­ta el fi­nal sin de­jar por la mi­tad nin­gún cur­so se­rá lo que los ha­ga ma­du­rar y ob­te­ner au­to­es­ti­ma.

CÁN­CER

Les gus­ta mu­cho que­dar­se en la ca­sa, acom­pa­ñar a la ma­dre, apren­der a co­ci­nar, ta­reas del ho­gar, etc. El pro­ble­ma es­ta­ría en los cam­bios emo­cio­na­les que a ellos mis­mos les sor­pren­den por las fluc­tua­cio­nes aními­cas que mu­chas ve­ces sien­ten. En el ca­so de los va­ro­nes, se­rá bueno que la ma­dre no los so­bre­pro­te­ja. La fun­ción del pa­dre, co­mo da­dor de lí­mi­tes y de pro­tec­ción, los ayu­da­rá a te­ner un mar­co que les da­rá se­gu­ri­dad y res­pe­to por la fa­mi­lia. Ade­más, los ayu­da­rá a no te­ner tan­tos miedos a la ho­ra de en­fren­tar­se al mun­do.

LEO

Ar­tis­tas por na­tu­ra­le­za, pue­den pa­sar­se ho­ras di­bu­jan­do, en la com­pu, o bai­lan­do.

Tam­bién se­rán los pri­me­ros en le­van­tar­se y has­ta des­per­tar a los

pa­dres, tal se­rá su an­sie­dad por em­pe­zar el día... Se­rá bueno que se los in­cen­ti­ve en sus crea­cio­nes por­que ellos ha­cen to­do des­de el co­ra­zón y po­drían sufrir mu­cho, aun­que no lo de­mues­tren, si se bur­la­ran o mi­ni­mi­za­ran sus ta­len­tos. El leon­ci­to siem­pre ne­ce­si­ta­rá con­quis­tar, y su­bir­se al es­ce­na­rio. En­ten­der su na­tu­ra­le­za ha­rá que no se vuel­va hu­ra­ño, ni agre­si­vo.

Tam­bién le gus­ta­rán las fies­tas y reunio­nes y se des­ta­ca­rá por su ge­ne­ro­si­dad y ca­li­dez. Acep­tar a sus ami­gos se­rá muy im­por­tan­te pa­ra ellos.

La eta­pa de la ado­les­cen­cia es es­pe­cial­men­te crea­da pa­ra ellos, por­que aun­que pa­se el tiem­po, aún de ma­yo­res, se­gui­rán te­nien­do ese co­ra­zón jo­ven, dis­pues­to a ce­le­brar la vi­da.

VIRGO

Com­pa­ñe­ros de la ma­dre, siem­pre es­tán dis­pues­tos a ayu­dar (las chi­cas se­rán las com­pa­ñe­ras del pa­dre). Les lla­ma­rán siem­pre la aten­ción los se­res más des­pro­te­gi­dos en la so­cie­dad, ya sean ven­de­do­res am­bu­lan­tes, gen­te que duer­ma en las ca­lles, etc., co­mo los ani­ma­li­tos.

Por otro la­do, son gran­des se­duc­to­res y po­drían pe­car de un ex­ce­so de con­trol u or­den. Ayu­dar­los a que se co­nec­ten con sus emo­cio­nes los equi­li­bra­rá. Dar­se cuen­ta de que la per­fec­ción no exis­te, los ayu­da­rá a sol­tar­se. En ese sen­ti­do, los pa­dres ten­drán que ayu­dar­los y así evi­tar en­fer­me­da­des psi­co­so­má­ti­cas. Bai­lar, es­cri­bir, to­car un ins­tru­men­to se­rá la me­jor te­ra­pia pa­ra que pue­dan te­ner una me­jor au­to­es­ti­ma. A Virgo, así co­mo a al­gu­nos de los sig­nos mu­ta­bles (Virgo, Géminis, Piscis), los pa­dres ten­drán que ayu­dar­los a ga­nar con­fian­za en sí mis­mos.

LI­BRA

Los pa­dres siem­pre de­be­rán bus­car­le un ami­go o una ami­ga pa­ra que los acom­pa­ñe, ya que ellos sim­ple­men­te no pue­den es­tar so­los. Si no es­tán con ami­gos, es­ta­rán co­nec­ta­dos con la com­pu ha­cien­do re­la­cio­nes con el mun­do. En es­te sen­ti­do, ha­brá que pres­tar aten­ción con quién se co­nec­tan ya que la cu­rio­si­dad es tan gran­de, y las ga­nas

de so­cia­li­zar aún ma­yor, que si no hay un mí­ni­mo con­trol po­drían sufrir algunas de­cep­cio­nes. Por otro la­do, ¡el te­ma del amor se­rá tan im­por­tan­te! Que no sea de ex­tra­ñar que ya des­de muy chi­cos se pon­gan de no­vios y has­ta du­ren mu­cho tiem­po...

Lo que de­be­rán apren­der es a no ser ex­ce­si­va­men­te dis­cu­ti­do­res. En ese sen­ti­do, po­ner­les lí­mi­tes y en­se­ñar­les el res­pe­to pa­ra ser per­so­nas ar­mó­ni­cas de­be­ría ser prio­ri­dad pa­ra los pa­dres.

Por otro la­do, se to­man sus tiem­po. La ener­gía de Li­bra es la del atar­de­cer. Les gus­ta ob­ser­var la caí­da del sol, pe­ro no tan­to su sa­li­da... Les gus­ta dis­fru­tar y acep­tan las res­pon­sa­bi­li­da­des, pe­ro con sus tiem­pos.

ESCORPIO

La se­xua­li­dad y los con­flic­tos de la vi­da o de la muer­te po­drían ob­se­sio­nar a es­tos chi­cos. Es fun­da­men­tal dar­les amor, paz, se­gu­ri­dad y ayu­dar­los a re­co­nec­tar­los con la fuen­te de to­da sa­bi­du­ría. Esa se­ría la fun­ción de los pa­dres pa­ra ayu­dar­los a sa­lir de los miedos y ha­cer­les sen­tir que la mi­sión es­ta­ría en vin­cu­lar­se con las ne­ce­si­da­des de los otros, no las pro­pias. Ayu­dar­los a des­cu­brir que el po­der personal es­tá en el amor y no en el so­me­ti­mien­to.

Es pro­ba­ble que en es­tas eda­des vi­van al­gu­na ex­pe­rien­cia de pér­di­da o muer­te, lo que los lle­va­rá a co­nec­tar­se con el do­lor y la au­sen­cia. Ayu­dar­los a ex­pre­sar sus emo­cio­nes de­be­ría ser uno de los ob­je­ti­vos de los pa­dres.

SAGITARIO

Chi­cos de­por­tis­tas que aman el ai­re li­bre. Los pa­dres de­be­rán ayu­dar­los a que sal­gan del dog­ma­tis­mo o fa­na­tis­mo por la cau­sa que fue­ra, por­que ten­drán una ten­den­cia a ser exa­ge­ra­dos. Po­ner­les li­mi­tes se­rá ne­ce­sa­rio y que apren­dan a res­pe­tar ho­ra­rios. Vi­gi­lar los ex­ce­sos de to­do ti­po. En mu­chos ca­sos, exa­ge­ran con el de­por­te. Son enamo­ra­di­zos, aman las aven­tu­ras, son ale­gres y op­ti­mis­tas. Po­ner­les un her­mano me­nor a su car­go los ayu­da­rá a ser más res­pon­sa­bles.

CAPRICORNIO

El ado­les­cen­te es se­rio, res­pon­sa­ble, de po­cas pa­la­bras, pe­ro siem­pre con la sen­sa­ción de que es­tá muy con­cen­tra­do en sus asun­tos. Sien­te que to­do le cues­ta de­ma­sia­do, los pa­dres en ese sen­ti­do ten­drían que ex­pli­car­les el va­lor de la pa­cien­cia y el de sa­ber es­pe­rar, por­que el tiem­po siem­pre re­ve­la la ver­dad.

Ayu­dar­los a dis­fru­tar de las co­sas sim­ples de la vi­da, con­te­ner­los y pro­te­ger­los ayu­da­rá a la evo­lu­ción de su al­ma.

Ellos es­tán des­ti­na­dos a al­can­zar gran­des me­tas, por eso ne­ce­si­ta­rán de mu­cho amor en el ca­mino has­ta lle­gar al éxi­to.

ACUARIO

An­sio­sos, ami­gue­ros, hí­per co­nec­ta­dos con to­das las re­des y con to­dos los nue­vos in­ven­tos de la épo­ca. Es el tí­pi­co ado­les­cen­te que se va con sus ami­gos y no se sa­be cuán­do vuel­ve. Le cues­ta acep­tar las nor­mas del status quo.

Los pa­dres de­be­rían ayu­dar­los a co­nec­tar­se con su ca­pa­ci­dad de in­ven­ción, ya que en ge­ne­ral son muy in­te­li­gen­tes y se ade­lan­tan a su tiem­po.

Otra ca­rac­te­rís­ti­ca es la re­bel­día. A ve­ces tien­den a per­der­se en cau­sas en pos del pla­ne­ta y se ol­vi­dan de sí mis­mos y de su pro­pio ta­len­to. Los pa­dres de­be­rían ayu­dar­los a cal­mar­se, y a lo­grar que la an­sie­dad se con­vier­ta en crea­ti­vi­dad.

PISCIS

Es un ado­les­cen­te tí­mi­do, hí­per sus­cep­ti­ble, in­tui­ti­vo y com­pa­si­vo. To­do le lle­ga tan­to, que los pa­dres ten­drán que ayu­dar­lo a te­ner au­to­es­ti­ma. Por otro la­do, le cos­ta­rán los ho­ra­rios y ser res­pon­sa­ble.

Sin du­da, la ca­pa­ci­dad ar­tís­ti­ca y es­pi­ri­tual se­rá su fuer­te, por lo tan­to, in­cen­ti­var­lo a que es­tu­die ar­te, ac­tua­ción, canto, bai­le, pin­tu­ra y/o es­cri­tu­ra le da­rá un sen­ti­do a su vi­da. Tam­bién, la me­di­ta­ción o ser adep­to a una re­li­gión lo ar­mo­ni­za­rá.

Si los pa­dres tie­nen la pa­la­bra jus­ta y la con­ten­ción ne­ce­sa­ria,

se­rá un chi­co que se des­ta­ca­rá. De lo con­tra­rio, po­dría eva­dir­se a tra­vés de las adic­cio­nes.

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