Có­mo ar­mo­ni­zar­me

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En la Car­ta Na­tal po­dés ver que si hay un ex­ce­so de ele­men­to Agua, es de­cir pla­ne­tas en sig­nos co­mo Cán­cer, Escorpio y Piscis, sos muy emo­cio­nal, sub­je­ti­vo y mu­chas ve­ces per­dés el "nor­te" en tu vi­da por de­jar­te ava­sa­llar por es­ta­dos emo­cio­na­les que no te de­jan ver con ob­je­ti­vi­dad las me­tas a se­guir. Co­mo te­nés una ten­den­cia a vi­vir es­ta­dos aními­cos cam­bian­tes, lo me­jor que po­drás ha­cer pa­ra armonizarte es gim­na­sia. Sa­lir a co­rrer o ca­mi­nar rá­pi­do to­dos los días e ir al gim­na­sio son ac­ti­vi­da­des que te ha­rán ac­ti­var tus en­dor­fi­nas (pe­que­ñas ca­de­nas pro­tei­cas que ge­ne­ra el cuer­po cuan­do se ha­ce ac­ti­vi­dad fí­si­ca), y por lo tan­to, es­ta­rás más es­ta­ble y con me­jor hu­mor.

En el ca­so de que ten­gas mu­cho Fue­go en la Car­ta (Aries, Leo, Sagitario), tu vi­da es la ac­ción y la im­pa­cien­cia. El he­cho de preo­cu­par­te mu­cho por el fu­tu­ro te vuel­ve an­sio­so y te ha­ce per­der lo me­jor que te­nés que es es­te mo­men­to. Los ejer­ci­cios de res­pi­ra­ción que pro­po­nen el yo­ga o el Mind­full­ness son una ex­ce­len­te ma­ne­ra de ca­na­li­zar la an­sie­dad. En­ten­der que lo me­jor es el ca­mino; que el pro­ce­so es lo ma­ra­vi­llo­so que tie­ne la vi­da, por­que cuan­do lle­ga­mos a la me­ta siem­pre nos da­mos cuen­ta de que, al fi­nal, ahí, no ha­bía na­da. Rea­li­zar al­go ar­tís­ti­co tam­bién te ar­mo­ni­za­rá por­que tu concentración es­ta­rá en "el aquí y aho­ra".

En el ca­so de que ten­gas un ex­ce­so de ele­men­to Tie­rra ( Tauro, Virgo, Capricornio) en tu Car­ta Na­tal, pue­de ser que pa­ses to­do por el te­ner o no te­ner, ya que pa­ra vos to­do es el mun­do ma­te­rial. Las per­so­nas que tie­nen hi­jos o nie­tos tie­nen una ex­ce­len­te opor­tu­ni­dad de co­nec­tar­se con las emo­cio­nes y desa­rro­llar cua­li­da­des co­mo con­te­ner, nu­trir y dar amor. En el ca­so de que no ten­gas hi­jos, te­ner una mas­co­ta po­dría ser una ex­ce­len­te op­ción pa­ra desa­rro­llar el amor y el cui­da­do por el otro. Es­to te ha­ría re­co­no­cer tu par­te es­pi­ri­tual, y de es­ta ma­ne­ra em­pe­za­rías a sa­lir un po­co de la ob­se­sión por la ma­te­ria, aun­que bien sa­be­mos que es­ta es una so­cie­dad capricorniana, lle­na de re­gla­men­tos, exi­gen-

cias y me­tas. Si no te co­nec­tás con el opues­to Cán­cer (re­pre­sen­ta el mun­do de las emo­cio­nes), po­drías lle­gar a en­du­re­cer­te de­ma­sia­do y que­brar­te. Re­cor­dá “ser fle­xi­ble co­mo un jun­co y no rí­gi­do co­mo un ci­prés”.

Si te­nés un ex­ce­so de ele­men­to Ai­re (Géminis, Li­bra y Acuario), tu men­te es tan po­de­ro­sa que to­do lo pien­sa, lo pla­nea, lo cues­tio­na, rea­li­za dis­qui­si­cio­nes men­ta­les, y cuán­do te­nés un pro­ble­ma te ha­blás y te con­tes­tás so­lo, co­mo si tu­vie­ras a la per­so­na en­fren­te tu­yo. El te­ma es que to­do es­tá en tu men­te, el otro no se en­te­ra de na­da y los gran­des pla­nes que ocu­rren en tu ca­be­za só­lo que­dan ahí, si no los lle­vás al plano de la ac­ción.

Se­ría con­ve­nien­te pa­ra ac­tuar más y pen­sar me­nos, que co­mien­ces el día ha­cien­do un ejer­ci­cio de vi­sua­li­za­ción crea­ti­va y es­cri­bas en una agen­da to­das las co­sas que que­rés rea­li­zar en ese día.

A la ma­ña­na, cuan­do te des­per­tás, cer­cio­ra­te de que los te­lé­fo­nos es­tén apa­ga­dos y avi­sá a los de­más que por unos mi­nu­tos no te dis­trai­gan.

En po­si­ción de lo­to, con la co­lum­na bien de­re­cha, ce­rrás los ojos, res­pi­rás pro­fun­do tres ve­ces, in­ha­lás luz y ex­ha­lás oscuridad.

Vi­sua­li­zá en tu pri­mer cha­kra, que es el área se­xual, y abar­can­do to­da esa área, un co­lor ro­jo in­ten­so bri­llan­te positivo que ar­mo­ni­za tu ca­pa­ci­dad de au­toa­fir­ma­ción.

Lue­go, es­te ro­jo in­ten­so, bri­llan­te, se trans­for­ma­rá en ama­ri­llo positivo en el área del om­bli­go y tu cin­tu­ra, y ar­mo­ni­za­rá tu ca­pa­ci­dad de te­ner ale­gría y la crea­ti­vi­dad.

Lue­go, es­te ama­ri­llo in­ten­so se trans­for­ma­rá en el área del ple­xo so­lar en na­ran­ja bri­llan­te positivo, y ar­mo­ni­za­rá tu ca­pa­ci­dad de te­ner co­ra­je y la ac­ción.

Lue­go, es­te na­ran­ja se trans­for­ma­rá en el área del pe­cho y, abar­cán­do­lo, to­do te inun­da­rás de ener­gía ver­de bri­llan­te po­si­ti­va que ar­mo­ni­za­rá tu ca­pa­ci­dad de ayu­da a los de­más.

Lue­go, es­te ver­de in­ten­so, en el área de la gar­gan­ta y abar­can-

do tus cuer­das vo­ca­les, se trans­for­ma­rá en vio­le­ta y ar­mo­ni­za­rá tu ca­pa­ci­dad de ex­pre­sión ver­bal.

Lue­go, es­te vio­le­ta in­ten­so se trans­for­ma­rá en el área del ter­cer ojo, tu glán­du­la pi­neal y tu en­tre­ce­jo, en azul in­ten­so bri­llan­te positivo y ar­mo­ni­za­rá tu ca­pa­ci­dad de amar y la pa­cien­cia, que siem­pre van uni­dos de la mano.

Lue­go, más allá de vos mis­mo, por en­ci­ma de tu ca­be­za, el sép­ti­mo cha­kra, tu co­ne­xión con lo tras­cen­den­te, el co­lor ín­di­go, que es co­mo la no­che bri­llan­te...

Es­tás en el ín­di­go, es­tás en la no­che bri­llan­te, en tu ca­bi­na de pi­lo­ta­je. Des­de ahí, vas a en­ca­rar la vi­da. Ha­cés una res­pi­ra­ción pro­fun­da, y len­ta­men­te abrís los ojos.

Aho­ra sí te­nés un mo­tor im­pa­ra­ble pa­ra rea­li­zar to­das tus ac­ti­vi­da­des que ha­brás ano­ta­do en tu agen­da.

Una ac­ti­vi­dad que re­co­mien­do a to­dos los ele­men­tos es bai­lar y can­tar (si sos afi­na­do, me­jor, pe­ro si no, no im­por­ta, ¡a can­tar!). Se tra­ta de que re­co­noz­cas tu ni­ño in­te­rior y ten­gas ga­nas de vi­vir ca­da mo­men­to. Es­tas dis­tin­tas ac­ti­vi­da­des te ayu­da­rán a que te vin­cu­les con "el aquí y aho­ra", que en de­fi­ni­ti­va es lo úni­co que te­ne­mos. No hay pa­sa­do, no hay fu­tu­ro, só­lo es­te mo­men­to, ¡dis­fru­ta­lo!

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