LA MUER­TE

Horoscopo - - Iniciación Al Tarot -

Re­pre­sen­ta trans­for­ma­ción y cam­bio co­mo re­sul­ta­do na­tu­ral de las cir­cuns­tan­cias. Mo­do de vi­da o mo­do de con­duc­ta por cau­sa de las ac­cio­nes y acon­te­ci­mien­tos pa­sa­dos. Al­go ha lle­ga­do a su fin, ha muer­to o ha ter­mi­na­do por sí mis­mo. Una des­pe­di­da. El co­mien­zo de una fa­se de trans­for­ma­ción. Una puer­ta se cie­rra, otra se abre. Acep­tá lo inevi­ta­ble. An­dá al meo­llo de la si­tua­ción. Re­co­no­cé los ci­clos de cam­bio. Alu­de al signo de Es­cor­pio.

Aún en los tiem­pos más os­cu­ros de­be­rás con­fiar en un nue­vo ama­ne­cer. Es­ta car­ta anun­cia el fi­nal na­tu­ral de lo vie­jo que mue­re an­tes de que pue­da sur­gir lo nue­vo. Es­te Ar­cano vie­ne a acom­pa­ñar­nos en el cam­bio de un es­ta­do a otro su­pe­rior. Po­de­mos re­ci­bir la bue­na no­ti­cia o que­dar­nos es­tan­ca­dos por mie­do .

Ta­rea: ¿Quie­ro re­na­cer o, por el con­tra­rio, pre­fie­ro que­dar­me dan­do vuel­tas en el la­be­rin­to de los mie­dos y la os­cu­ri­dad?

Me­di­ta­ción

An­tes de es­cu­char es­ta me­di­ta­ción po­né una mú­si­ca sua­ve del ti­po new age só­lo ins­tru­men­tal. Apa­gá los te­lé­fo­nos. Ob­ser­vá de­te­ni­da­men­te la car­ta de La Muer­te, ve ca­da de­ta­lle, hom­bres y mu­je­res, de to­das las eda­des y cla­ses se ti­ran al sue­lo an­te La Muer­te. Se mue­ven y mi­ran ha­cia la iz­quier­da (o sea el po­nien­te o el oca­so). Sin em­bar­go, la muer­te ca­bal­ga ha­cia la de­re­cha (o sea, el es­te o el ama­ne­cer) El vien­to tam­bién so­pla en es­ta di­rec­ción igual que el bar­co de La Muer­te que na­ve­ga en el río. En la ban­de­ra ne­gra que lle­va la fi­gu­ra de la muer­te apa­re­ce la ro­sa mís­ti­ca de la vi­da eter­na. El sol en el ho­ri­zon­te des­cien­de en­tre dos to­rres. Sen­tá­te de­re­cho con los pies apo­ya­dos en el sue­lo y las pal­mas abier­tas so­bre tus pier­nas. Ce­rrá los ojos. Al prin­ci­pio, só­lo te co­nec­ta­rás con la res­pi­ra­ción, con el ai­re que pe­ne­tra y con el ai­re que sa­le por tu na­riz, va­rias ve­ces. Es­tás en­tran­do len­ta­men­te en tu tem­plo in­te­rior.

Vi­sua­li­zá la car­ta de La Muer­te cla­ra­men­te. Ob­ser­vá que en­tra en tu co­ra­zón, sen­tí que La Muer­te inun­da to­do tu cuer­po por den­tro. Sen­tí que sos La Muer­te. Ha­cé una res­pi­ra­ción pro­fun­da.

Co­nec­ta­te con el fi­nal de un vie­jo ci­clo y el co­mien­zo de uno nue­vo. Des­ha­ce­te del pa­sa­do sin te­mor a ser fiel a vos mis­mo. To­má ca­mi­nos se­pa­ra­dos. Acep­tá lo inevi­ta­ble. Ha­ce­te car­go de la trans­for­ma­ción y el cam­bio co­mo re­sul­ta­do na­tu­ral de lo vi­vi­do has­ta aho­ra. Es una des­pe­di­da. El co­mien­zo de una fa­se de trans­for­ma­ción. Es muer­te y re­na­ci­mien­to es­pi­ri­tual. Vie­ne a acom­pa­ñar­te en el cam­bio de un es­ta­do a otro su­pe­rior. Sen­tí que sos la muer­te y te de­cís in­ter­na­men­te, tres ve­ces: “To­das mis de­ci­sio­nes son ba­sa­das en la fe­li­ci­dad. Amo el mis­te­rio de la vi­da”. Ha­cés una res­pi­ra­ción pro­fun­da, len­ta­men­te abrís los ojos.

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