Tony Hof­fer: se ini­ció con Beck y cum­plió el sue­ño de gra­bar con De­pe­che Mo­de

Con ca­si vein­te años como pro­duc­tor, tie­ne un cu­rrí­cu­lum en­vi­dia­ble. Ade­más, ha­bló del com­ple­jo pro­ce­so de gra­ba­ción y des­ta­có: “Me gus­ta bus­car for­mas de ma­ni­pu­lar el so­ni­do”

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Hoy,

— ¿ Cuán­do te dis­te cuen­ta de que te gus­ta­ba es­te tra­ba­jo?

— Na­cí para es­to. Desde chi­co to­co va­rios ins­tru­men­tos. Siem­pre me gus­tó la mú­si­ca elec­tró­ni­ca como De­pe­che Mo­de, me gus­ta bus­car for­mas de ma­ni­pu­lar el so­ni­do, de cam­biar­lo, bus­car­le tex­tu­ras. Cuan­do te­nía ban­das de ado­les­cen­te, me gus­ta­ban los shows, pe­ro mi par­te fa­vo­ri­ta era es­tar en el es­tu­dio ex­pe­ri­men­tan­do.

Mi pri­mer tra­ba­jo fue en San Fran­cis­co, fui me­jo­ran­do en lo que ha­cía, y un ami­go em­pe­zó a to­car el ba­jo con Beck, lo que ter­mi­nó haciendo que tra­ba­ja­ra con ellos. Me mu­dé a Los Án­ge­les y de golpe era un pro­duc­tor. Para mí, es al­go que ha­go desde chi­co. Cuan­do te­nía 15 años te­nía una gra­ba­do­ra de cas­set­tes con la que ex­pe­ri­men­ta­ba y apren­dí a tra­ba­jar con pis­tas múl­ti­ples. To­da­vía sue­lo usar­la.

— ¿ Có­mo fue tra­ba­jar con Beck en Mid­ni­te Vul­tu­res ( 1999)?

— Es muy crea­ti­vo. Es como que ha­ce una pin­tu­ra, des­pués cor­ta un pe­da­zo de una re­vis­ta y lo pega y así va su­man­do cosas. Usa­mos mu­chos sam­ples ( so­ni­dos pre­gra­ba­dos) en ese dis­co. No fue un pro­ce­so muy tra­di­cio­nal, de sen­tar­se a to­car la gui­ta­rra. La ma­yo­ría de las can­cio­nes em­pe­za­ba con un so­ni­do que íba­mos vien­do a dón­de nos lle­va­ba. Al fi­nal del tra­ba­jo te­nía­mos ca­si cua­ren­ta te­mas y tu­vi­mos que po­ner­nos de acuer­do por­que su se­llo ne­ce­si­ta­ba sa­car al­go. Así que eli­gió las can­cio­nes y las ter­mi­na­mos.

— ¿ Qué pa­só con las otras?

— Pro­ba­ble­men­te las pu­bli­que al­gún día. Ha­bía mu­chas cosas bue­nas.

— ¿ Cuán­to tiem­po te lle­va pro­du­cir un ál­bum?

— Pue­de to­mar días o se­ma­nas, de­pen­dien­do de si todo es­tá or­ga­ni­za­do y las can­cio­nes es­tán lis­tas. Pue­den te­ner mu­cha pro­gra­ma­ción, tex­tu­ras, ca­pas, y eso ha­ce que se vuel­va más lar­go. Po­dría lle­var has­ta seis se­ma­nas.

— ¿ Qué pa­sa cuan­do un mú­si­co no sa­be qué quie­re ha­cer?

— Es­cu­cho lo que di­ce y de­ter­mino si ha­ce fal­ta que le di­ga que va a es­tar todo bien, o que tie­ne ra­zón y te­ne­mos que pro­bar otra cosa. Lo que quie­ro es re­sol­ver­lo lo an­tes po­si­ble. Uno de los gran­des tra­ba­jos de los pro­duc­to­res es man­te­ner las cosas en mo­vi­mien­to, como un río.

— ¿ Qué sig­ni­fi­có que te lla­ma­ra De­pe­che Mo­de?

— No lo po­día creer, era una de mis ban­das fa­vo­ri­tas. Fue im­pre­sio­nan­te, pe­ro tam­bién pen­sa­ba si yo era lo su­fi­cien­te­men­te bueno como para ha­cer­lo. Fue ge­nial tra­ba­jar con ellos, es­tar en un es­tu­dio hablando de su mú­si­ca, to­tal­men­te irreal. Apren­dí mu­cho.

— ¿ Usás las téc­ni­cas que apli­cás en una ban­da con otras?

— Me gus­ta­ría que fue­ra así de fá­cil, pe­ro no ( ri­sas). Qui­zás po­dría ha­cer eso si solo hi­cie­ra un ti­po de mú­si­ca, pe­ro el pro­ble­ma es que me gus­tan todos los gé­ne­ros. Todo eso se me­te en lo que ha­go de una for­ma u otra y cam­bia cons­tan­te­men­te. Con ca­da pro­yec­to apren­dés tru­cos.

— ¿ Qué re­cor­dás de tu tra­ba­jo con The Kooks?

— Eran una ban­da nue­va, el se­llo no en­con­tra­ba el pro­duc­tor ade­cua­do, ya ha­bían pro­ba­do con tres en Lon­dres. Cuan­do los vi, la for­ta­le­za era la quí­mi­ca que te­nían to­can­do jun­tos, lo po­días ver, pe­ro los demos no cap­ta­ban eso. Con Nai­ve ( el te­ma con el que se hi­cie­ron co­no­ci­dos) les fue muy bien, y nos sor­pren­dió por­que ha­bían sa­ca­do tres sen­ci­llos an­tes sin que pa­sa­ra na­da.

— ¿ Y con Phoe­nix?

— Son muy agra­da­bles. Son como her­ma­nos, más allá de que dos de ellos son real­men­te fa­mi­lia. Pue­den ser muy crea­ti­vos y no se preo­cu­pan por lo que la gen­te o la in­dus­tria pien­sa de lo que ha­cen. So­la­men­te quie­ren ha­cer lo que les gus­ta.

— ¿ Qué pa­sa cuan­do una ban­da trabaja con vos y no te lla­ma de nue­vo?

— Di­ga­mos que gra­bo un ál­bum, sa­le bien y des­pués me lla­man para ha­cer otro, bue­ní­si­mo. Si no, es­tá todo bien. Por ahí me mo­les­ta unos días pe­ro lo su­pero. Pe­ro si pien­so como ar­tis­ta, creo que me gus­ta­ría pro­bar otro pro­duc­tor, no es per­so­nal, quie­ro ver có­mo es tra­ba­jar con otro. Hay ve­ces que yo ha­go el se­gun­do ál­bum por­que los ar­tis­tas ya gra­ba­ron an­tes con una per­so­na di­fe­ren­te. Todo tie­ne su ba­lan­ce.

— ¿ En qué te ba­sás para acep­tar un tra­ba­jo?

— Lo más im­por­tan­te son las can­cio­nes y que el can­tan­te ten­ga voz para co­mu­ni­car­las. Ca­da in­tér­pre­te tie­ne su pro­pia iden­ti­dad. Ade­más, tie­ne que ser fá­cil tra­ba­jar con ellos. He re­cha­za­do pro­yec­tos por­que me pa­re­cía que ha­bía ban­das que no es­ta­ban en un mo­men­to ade­cua­do.

“Lo más im­por­tan­te son las can­cio­nes y que el can­tan­te ten­ga voz para co­mu­ni­car­las”

“Mi par­te fa­vo­ri­ta era es­tar en el es­tu­dio ex­pe­ri­men­tan­do”, ase­gu­ró en una char­la ín­ti­ma

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