EVELINA C ABRERA

La Nacion - La Nación revista - - NOTA DE TAPA L A -

Los pa­dres van asu­mien­do lo pla­cen­te­ro que es la pa­ter­ni­dad, des­de cam­biar los pa­ña­les has­ta las tareas que an­tes es­ta­ban asig­na­das en una muy ma­chis­ta di­vi­sión se­xual del tra­ba­jo. A mí me marcó mu­cho la frase de Len­non: “Pa­dre, yo siem­pre te ne­ce­si­té a ti pero tú nun­ca me ne­ce­si­tas­te a mí”. Una par­te im- Mu­chos hom­bres di­cen que ven a la mu­jer co­mo igual, pero aún tie­nen arrai­ga­do al­go muy ma­chis­ta: no di­cen al­gu­nas co­sas que pien­san so­bre las mu­je­res por­que tie­nen miedo de que al­guien los ata­que. Es­tán re­pri­mi­dos: de la bo­ca pa­ra afue­ra apo­yan, pero no opi­nan tan así. Lo po­si­ti­vo es que las fu­tu­ras ge­ne­ra­cio­nes son di­fe­ren­tes.

En el fút­bol an­tes era im­po­si­ble que una chica fue­ra a ju­gar: era una ma­cho­na, iba a ser les­bia­na ( co­mo si es­tu­vie­ra mal). Los pa­dres más jó­ve­nes tie­nen la men­te más abier­ta y les per­mi­ten a sus hi­jas ju­gar al fút­bol. Y los ne­nes, los fu­tu­ros hom­bres, tie­nen una vi­sión más igua­li­ta­ria. El rol tan ac­ti­vo de las mu­je­res hoy ha­ce que A cual­quier ar­gen­tino le pre­gun­tás qué es la mas­cu­li­ni­dad y le da miedo de­cir al­go equi­vo­ca­do. Me da vér­ti­go equi­vo­car­me, y eso es­tá bueno por­que quie­re de­cir que hay un mo­vi­mien­to que me obli­ga a re­pen­sar mis pro­pias pa­la­bras.

Soy ad­mi­ra­dor de la mu­jer des­de mi in­fan­cia: me crié con mu­chas mu­je­res a mi al­re­de­dor. En el mun­do so­cial, la fa­mi­lia so­cial, en la po­bre­za, en la si­tua­ción más ex­tre­ma, la que es­tá es la mu­jer. En la cul­tu­ra solidaria clásica, el 90% son mu­je­res las que dan una mano. No ten­go cla­ro si hay una nue­va mas­cu­li­ni­dad. Sí La nue­va mas­cu­li­ni­dad tie­ne mu­cho tiem­po. Pien­so en los ver­sos que Mo­ris es­cri­bió y cantó en los se­sen­ta. “Es­cú­cha­me en­tre el rui­do” ( can­ción que re­ver­de­ció Leo Gar­cía), ha­bla so­bre la mu­jer que ha­bi­ta en él. En esa le­tra tal vez en­con­tre­mos al primer roc­ke­ro fe­mi­nis­ta del país. El hom­bre tie­ne miedo de su se­xo tam­bién, y nie­ga la mu­jer que lle­va den­tro de él, que flor le da­ré aquel, que vi­ve sin amor… Tam­bién se me vie­ne a la men­te Max Cady – el per­so­na­je de Ro­bert De Ni­ro en Ca­bo de miedo–, di­cién­do­le al abo­ga­do ( Nick Nol­te): “¿ Sa­be que es­tar en la cár­cel me ayu­dó a en­con­trar la mu­jer que hay en mí?”.

No pien­so nun­ca en lo que se es­pe­ra de mí co­mo hom­bre. Me veo de vez en cuan­do con una mu­jer her­mo­sa a la que no le im­por­ta mu­cho si soy hom­bre o no, y eso me re­sul­ta ge­nial.

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