UN COM­PLE­JO DE VI­VIEN­DAS, EN RE­CU­PE­RA­CIÓN

La Nacion - La Nación revista - - NOTA DE TAPA L A -

Aprin­ci­pios de enero, una ve­ci­na del Fo­na­vi de ba­rrio Mu­ni­ci­pal, en la zo­na sur de Ro­sa­rio, re­ci­bió una no­ta que ti­ra­ron de­ba­jo de la puer­ta de su de­par­ta­men­to. “O te vas por las bue­nas, o te vas por las ma­las, te lla­más un fle­te, te lle­vás las co­sas o te ca­gamos a ti­ros es­ta no­che”, de­cía el men­sa­je es­cri­to con bi­ro­me azul. Cum­pi, un chi­co de 13 años, ar­ma­do con una pis­to­la 9 mi­lí­me­tros, fue el au­tor del tex­to. Ho­ras des­pués, la in­qui­li­na del de­par­ta­men­to hu­yó des­pa­vo­ri­da. Sa­bía que ese ni­ño ar­ma­do no te­nía pie­dad. Al otro día la mu­jer se vio obli­ga­da a re­tor­nar al de­par­ta­men­to para bus­car sus mue­bles y per­te­nen­cias. En ese mo­men­to, Cum­pi re­apa­re­ció en el edi­fi­cio. Y su ad­ver­ten­cia, se­gún de­cla­ró la mu­jer en Tri­bu­na­les, fue más in­ten­sa. El jo­ven le apun­tó con su ar­ma a su hi­ja de 4 años. Con el ca­ño de la pis­to­la en la ca­be­za de la pe­que­ña, in­sis­tió: “Te aga­rra la no­che y te ma­to, así que apu­ra­te”. El clan Fu­nes se que­dó con su casa, que uti­li­zó co­mo aguan­ta­de­ro y es­con­di­te, y para guar­dar ar­mas y dro­gas. Cum­pi era uno de los miem­bros más jó­ve­nes del clan, y vi­vía con Mó­ni­ca H. y Brian, ma­dre y her­mano de Carlos Fer­nán­dez, uno de los lu­gar­te­nien­tes de es­ta ban­da, que co­mo Cum­pi em­pe­zó des­de pe­que­ño en es­te ru­bro vio­len­to. La his­to­ria de es­te chi­co es pa­re­ci­da a la de Pe­lo Du­ro, co­mo le di­cen a Fer­nán­dez, ac­tual­men­te de­te­ni­do en la cár­cel de Pi­ñe­ro, que co­men­zó su raid de­lic­ti­vo a los 15 años, cuan­do en 2006 lo de­tu­vie­ron nue­ve ve­ces. Cum­pi y sus dos cóm­pli­ces fue­ron de­te­ni­dos lue­go de que más de 200 efec­ti­vos rea­li­za­ran 24 alla­na­mien­tos en ese Fo­na­vi. Ese com­ple­jo de de­par­ta­men­tos de cons­trui­do en los años 80 es el más gran­de del país: allí vi­ven 55.000 per­so­nas, ase­dia­das por los Fu­nes y los Ca­mi­nos. En un tra­ba­jo que rea­li­za el Mi­nis­te­rio Pú­bli­co de la Acu­sa­ción y el plan Abre Fa­mi­lia del go­bierno de San­ta Fe se em­pe­zó a re­cu­pe­rar una par­te del Fo­na­vi, tras la de­ten­ción de gran par­te de los lí­de­res, en enero y fe­bre­ro. El lu­gar ha­bía si­do to­ma­do por es­tas ban­das. En las pa­re­des se leen los men­sa­jes, los ho­me­na­jes a los caí­dos, y las ame­na­zas. El gra­do de do­mi­nio de es­tos gru­pos fue tal que to­ma­ron el des­ta­ca­men­to po­li­cial, que nun­ca más fue re­cu­pe­ra­do.

Es­ta me­to­do­lo­gía de usur­pa­ción de vi­vien­das se im­pu­so en Ro­sa­rio en los úl­ti- mos años, lue­go de que las ban­das de nar­co­me­nu­deo em­pe­za­ron a ro­tar los lu­ga­res de ex­pen­dio fi­jos, co­mo era el bún­ker, un re­duc­to blin­da­do, a prue­ba de ba­las, aten­di­do por menores de edad. Con el re­torno de las fuer­zas fe­de­ra­les en 2016, los lu­ga­res de ven­ta cam­bia­ron con ma­yor ra­pi­dez y es­tas ban­das de­di­ca­das al nar­co­me­nu­deo no tie­nen la lo­gís­ti­ca para cons­truir bún­ke­res con tan­ta ra­pi­dez. Co­mo al­ter­na­ti­va sur­gió el mé­to­do de usur­pa­ción por me­dio de la vio­len­cia. Una tra­ba­ja­do­ra so­cial del mu­ni­ci­pio en ese ba­rrio ex­pli­ca có­mo se que­dan con las vi­vien­das, y se pro­du­cen ade­más des­pla­za­mien­tos de fa­mi­lias en­te­ras a otras zo­nas, in­clu­so más pre­ca­rias. “Pri­me­ro rea­li­zan un tra­ba­jo de in­te­li­gen­cia. De­tec­tan a una fa­mi­lia vul­ne­ra­ble, co­mo ma­dres so­las, y ho­ga­res sin la pre­sen­cia de hom­bres o fa­mi­lias que no ten­gan víncu­los con agru­pa­cio­nes so­cia­les. Tras se­ña­lar a la víc­ti­ma co­mien­zan las ame­na­zas has­ta lle­gar a los ba­la­zos en el fren­te. Ese es el lí­mi­te y el men­sa­je fi­nal”. Se­gún da­tos del Mi­nis­te­rio de Se­gu­ri­dad de San­ta Fe, es­te año se re­ci­be un pro­me­dio de una de­nun­cia por día de usur­pa­ción de pro­pie­da­des al 911.

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