2018

La Nacion - La Nación revista - - ENTREVISTA L A -

No exis­te más, por­que se usó ha­ce mu­chos años pa­ra un mo­men­to da­do de la his­to­ria. Ya pa­sa­ron 200 años, y aho­ra lo que hay que ha­cer es re­cu­rrir al su­per­po­der del ser hu­mano, que es el apren­di­za­je. El ser hu­mano es au­to­di­dac­ta, lo que ne­ce­si­ta es un es­pa­cio ami­ga­ble, las he­rra­mien­tas y guías que no lo aban­do­nen en su bús­que­da. El ver­da­de­ro maes­tro es el que acom­pa­ña esa in­da­ga­ción y no el que di­ce an­dá por acá, an­dá por allá. Me pa­re­ce que ahí es­tá el gran se­cre­to. La edu­ca­ción ar­gen­ti­na es­tá en su peor mo­men­to. Es­toy ha­blan­do de los pro­ce­sos ar­tís­ti­cos, las cien­cias, las uni­ver­si­da­des, que, por cier­to, pron­to no van a exis­tir más.

Ⓡ Ⓟ ¿ En qué sen­ti­do no van a exis­tir más las uni­ver­si­da­des? Ⓡ

Es que se es­tá cam­bian­do y mo­di­fi­can­do la ma­ne­ra de apren­der. Uno so­lo apren­de lo que ama, lo de­más te lo en­se­ñan y ge­ne­ral­men­te no lo apren­dés. Apren­der es to­mar al­go y ha­cer­lo pro­pio. Y en­ton­ces hay que des­cu­brir los do­nes de los chi­cos y em­po­de­rar­los pa­ra que sean se­res crea­ti­vos en lo que fue­ra.

Ⓟ ¿ Y los ni­ños ya es­tán en con­di­cio­nes de sa­ber lo que les gus­ta?

El apren­di­za­je va por otro la­do, por pro­yec­tos, por for­ma­tos di­fe­ren­tes. El apren­di­za­je pri­me­ro es re­co­no­cer en el otro sus for­ta­le­zas y de­bi­li­da­des y con­te­ner­lo pa­ra que las desa­rro­lle. He te­ni­do mu­chí­si­mas ex­pe­rien­cias con ni­ños y me ha ido fan­tás­ti­ca­men­te bien. No ten­go ni un so­lo ni­ño que no se­pa in­ter­pre­tar un tex­to, e in­ter­pre­tan un li­bro en­te­ro por día, en­ton­ces, de­ci­me por­que en los co­le­gios no hay in­ter­pre­ta­ción de tex­tos pa­ra chi­cos de 18 años. Quie­re de­cir que nun­ca les in­tere­só na­da de lo que les es­tu­vie­ron dan­do y se pa­san años de sus vi­das en­ce­rra­dos. Pre­pa­ra Vi­ve­ro, un con­cier­to tri­bu­to a su hi­ja, que se rea­li­za­rá el 5 de sep­tiem­bre Hoy, el colegio es co­mo la cár­cel, es igual, es­tá for­mu­la­do de la mis­ma for­ma. Tie­ne los ce­la­do­res, los re­creos, las ban­das, los que man­dan y obe­de­cen. ¿ A quién se po­ne siem­pre en el cen­tro del pro­ce­so? La cu­rrí­cu­la, no a los chi­cos.

Ⓟ Bueno, se su­po­ne que la cu­rrí­cu­la es­tá ba­sa­da en un mo­de­lo de co­no­ci­mien­tos ne­ce­sa­rios…

Cla­ro, en­se­ñan a mis nie­tos las mis­mas co­sas que me en­se­ña­ban a mí y que ya no me in­tere­sa­ban en su mo­men­to. En la vi­da lo que hay que ha­cer es po­ten­ciar.

Ⓟ ¿ O sea que al ser hu­mano no le ser­vi­ría co­no­cer lo que no quie­re?

No, sí le sir­ve, pe­ro el pro­ble­ma es có­mo te lo me­ten. Otra co­sa es mos­trar­le to­do lo que pue­de co­no­cer des­de un lu­gar de apren­di­za­je, de in­te­rés, de gra­cia y otra es có­mo ocu­rre hoy. Por su­pues­to que ha ha­bi­do gran­des maes­tros. Yo tu­ve un par. La re­bel­día es al­go bue­ní­si­mo, sir­ve pa­ra pre­gun­tar. Cuán­tas ve­ces les pre­gun­tan a tus hi­jos cuan­do lle­gan al colegio ¿ có­mo es­tás? La edu­ca­ción del fu­tu­ro es otra, ni si­quie­ra se lla­ma edu­ca­ción. Sé que lo que di­go es dis­rup­ti­vo y me ha­go car­go. En mi pro­yec­to OM no va a ha

ber do­cen­tes, sino guías pre­pa­ra­dos.

Ⓟ ¿ Ese pro­yec­to en qué ni­vel de desa­rro­llo es­tá?

Es­toy con mu­cha fuer­za y a dos años de te­ner­lo. Sig­ni­fi­ca un gran cam­bio, por­que es­toy sa­lien­do de lo mío pa­ra em­bar­car­me en otra co­sa. Soy una bus­ca­do­ra to­tal. Em­pe­cé bai­lan­do arri­ba de un par­lan­te, des­pués hi­ce ac­tua­ción, te­le­vi­sión, des­pués con­du­je pro­gra­mas, pro­du­je, aho­ra es­toy ha­cien­do ani­ma­ción con Juan José Cam­pa­ne­lla ( Flo­ri­cien­ta, que es­ta­ría lis­ta el año pró­xi­mo) y es­toy en es­te nue­vo pro­ce­so. La ins­tan­cia es la de ba­jar un pen­sa­mien­to a mé­to­do, ar­man­do un nue­vo mo­vi­mien­to de apren­di­za­je. Hay mu­chas ho­ras de tra­ba­jo y de in­ves­ti­ga­ción con un equi­po.

Ⓟ ¿ Qué mú­si­ca es­cu­chás? Ⓡ

Mu­chí­si­ma mú­si­ca clá­si­ca y des­pués, to­do. Por ejem­plo, SIA me pa­re­ce una gran au­to­ra, ge­ne­ral­men­te es­cu­cho can­tau­to­res. Aris­ti­mu­ño me gus­ta, pe­ro tam­bién me en­can­ta San­dra Miha­no­vich. Tam­bién bus­co sa­ber en qué an­da la ju­ven­tud y me anoto au­to­res. Becky G, Lor­de, es­toy abier­ta a to­da la mú­si­ca. Me en­can­ta el rap, de he­cho la can­ción de OM es un rap.

Ⓟ ¿ Cuál se­ría tu lu­gar pre­fe­ri­do en el mun­do? Ⓡ

En San Martín de los An­des ten­go mi rin­cón de luz… Ahí en­tro en es­ta­do de gra­cia. Pe­ro tam­po­co po­dría de­jar de vi­vir en la ciu­dad, por­que amo las bo­ci­nas, la gen­te. Soy una mu­tan­te ra­ra, me gus­tan las dos co­sas. En­tre la mon­ta­ña y el mar, igual, pre­fie­ro la mon­ta­ña. Cuan­do co­no­cí Me­de­llín, la zo­na más po­bre, sen­tí que era mi lu­gar en el mun­do tam­bién. Si me tu­vie­ra que re­co­ger bus­ca­ría mi ca­sa oc­to­go­nal en San Martín. Es de una be­lle­za par­ti­cu­lar, muy es­pe­cial. Pe­ro no me voy a re­ti­rar nun­ca, por­que es­toy ha­cien­do OM pa­ra es­tar siem­pre ro­dea­da de chi­cos. Los amo y les de­bo to­do lo que soy: to­da mi ins­pi­ra­ción y crea­ti­vi­dad. Por eso pue­do de­jar de ir a las fies­tas de Gen­te.

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