Hi­zo to­do lo po­si­ble pa­ra ma­tar

La Nacion - - SEGURIDAD - OPi­NióN Vi­viam Pe­rro­ne LA NACiON La au­to­ra es miem­bro de la Aso­cia­ción Ma­dres del Do­lor y ma­má de Ke­vin Sedano

Sus pa­dres, Lo­re­na y Gas­tón, se acer­ca­ron a la Aso­cia­ción Ma­dres del Do­lor con el al­ma des­tro­za­da. Vie­ron mo­rir a su hi­jo de 3 años. No se po­dían sen­tir de otra ma­ne­ra. Na­da iba a ser igual a par­tir de esa ma­ña­na.

Co­mo pa­dre o ma­dre uno tra­ta de ha­cer to­do pa­ra nues­tros hi­jos. Ellos pen­sa­ron que era me­jor que Bauty fue­ra dur­mien­do tran­qui­lo en el asien­to de atrás de su au­to por­que era muy tem­prano. Es ver­dad, se equi­vo­ca­ron. Los chi­cos siem­pre tie­nen que ir con el cin­tu­rón co­lo­ca­do, pe­ro de acuer­do con lo que ana­li­za­ron los pe­ri­tos, el des­tino de Bauty hu­bie­ra si­do el mis­mo, ya que la par­te tra­se­ra del au­to en el que via­ja­ba re­ci­bió un gol­pe te­rri­ble al ser em­bes­ti­do por la ca­mio­ne­ta que con­du­cía Juan Ma­nuel Sánchez Vi­llar.

Ja­más pen­sa­mos que un ser que­ri­do va a for­mar par­te de la es­ta­dís­ti­ca de muer­tes en he­chos via­les. Ja­más se nos cru­za por la ca­be­za que nun­ca más ve­re­mos a nues­tro hi­jo o hi­ja. Sánchez Vi­llar no se des­per­tó esa ma­ña­na di­cien­do que iba a ter­mi­nar con la vida de Bauty, pe­ro hi­zo to­do lo po­si­ble pa­ra ase­si­nar­lo. Sí, esa es la pa­la­bra. Con­du­cía to­tal­men­te al­coho­li­za­do y a ex­ce­so de ve­lo­ci­dad. Em­bis­tió el au­to don­de via­ja­ba la fa­mi­lia Ja­ra e in­ten­tó huir, pe­ro la can­ti­dad de al­cohol que te­nía su cuer­po no le per­mi­tía coor­di­nar sus mo­vi­mien­tos.

La con­duc­ción ba­jo los efec­tos de al­cohol o de es­tu­pe­fa­cien­tes es una de las cau­sas más im­por­tan­tes de he­chos via­les que se lle­van la vida de cen­te­na­res de per­so­nas en nues­tro país. Re­pe­ti­mos una y otra vez que los he­chos via­les son la pri­me­ra cau­sa de muer­te en­tre nues­tros jó­ve­nes. ¡No son ac­ci­den­tes! Por­que los ac­ci­den­tes no se pue­den evi­tar. Pe­ro pa­re­ce­ría que a na­die le im­por­ta. No les im­por­ta a los con­duc­to­res que no res­pe­tan las le­yes, no les im­por­ta a las au­to­ri­da­des que no con­tro­lan, no les im­por­ta a los jue­ces.

La jue­za Ana Die­ta de Herrero sen­ten­ció a Sánchez Vi­llar a só­lo tres años de cár­cel en sus­pen­so. O sea, na­da. Al es­cu­char es­te fa­llo to­dos los que nos en­con­trá­ba­mos en la sa­la de au­dien­cias nos sen­ti­mos de­frau­da­dos. Pen­sá­ba­mos en los de­re­chos hu­ma­nos de Bau­tis­ta, de sus pa­dres. Veía­mos có­mo al­guien que hi­zo to­do lo po­si­ble pa­ra ma­tar lo hi­zo y se iba a su ca­sa con el ar­ma en su mano.

Y Bauty no es­ta­rá más, así co­mo ya no es­tá más mi hi­jo Ke­vin, así co­mo no es­tán más tan­tos jó­ve­nes que só­lo que­rían vi­vir.

Los he­chos via­les se­gui­dos de muer­te de­ben ser to­ma­dos co­mo lo que son: crí­me­nes. Ne­ce­si­ta­mos que las au­to­ri­da­des y to­da la so­cie­dad se in­vo­lu­cre pa­ra po­der ter­mi­nar con es­tas muer­tes que son un fla­ge­lo en la Ar­gen­ti­na.

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