LA NACION

Pa­la­bra de caudillo

Die­go Lu­gano, el ca­ci­que uru­gua­yo que en la Argentina “hu­bie­ra du­ra­do dos días”

- Die­go Mo­ri­ni

Se di­bu­ja una sonrisa. No pue­de evi­tar­lo. La fres­cu­ra de los 20 años, la ilu­sión de lle­gar a la ci­ma. El acen­to in­con­fun­di­ble y la hu­mil­dad de sen­tir que ha­ber ha­bla­do con Os­val­do, Adriana y Ca­mi­la, su fa­mi­lia, es el re­fu­gio que me­jor le sien­ta. Es cier­to que es­tá en la casa de su no­via, Laia, pe­ro la lla­ma­da por Zoom con sus se­res que­ri­dos y sus me­jo­res ami­gos re­sul­tó la fór­mu­la per­fec­ta pa­ra ce­le­brar el des­em­bar­co en la NBA, pa­ra dis­fru­tar de la elec­ción en el Draft, pa­ra tra­tar de com­pren­der que ya es ju­ga­dor de Min­ne­so­ta Tim­ber­wol­ves: “Dor­mí una o dos ho­ras, to­da­vía no lo pue­do creer. Ha­ce cin­co años es­ta­ba com­pi­tien­do en atletismo y aho­ra es­toy en una fran­qui­cia de la NBA”, es lo pri­me­ro que suel­ta Lean­dro Bol­ma­ro cuan­do se po­ne a con­ver­sar con la na­cion des­de Bar­ce­lo­na.

Se ríe. No pa­ra. No pue­de ha­cer­lo. No quie­re ha­cer­lo. No de­be ha­cer­lo. Suel­ta sus emo­cio­nes: “La fa­mi­lia es­ta­ba más ner­vio­sa que yo. Es una lás­ti­ma que no pu­die­ran es­tar acá con­mi­go, pe­ro bueno la tec­no­lo­gía me ayu­dó a sen­tir­los cer­ca. Mi abue­lo Os­val­do y mi abue­la Lo­la, es­tu­vie­ron ha­cien­do el aguan­te has­ta la ma­dru­ga­da. La Lo­la es una de las que siem­pre de­cía que iba a ju­gar en la NBA”, le cuen­ta Bol­ma­ro a la na­cion.

Fue una ma­dru­ga­da es­pe­cial pa­ra él en Bar­ce­lo­na y pa­ra la fa­mi­lia en la Argentina. Cuan­do Lean­dro Bol­ma­ro so­nó en la voz de Adam Sil­ver, el co­mi­sio­na­do de la NBA, fue to­da una re­vo­lu­ción, por­que fue en el pues­to 23, el más al­to en la his­to­ria pa­ra un ar­gen­tino, la se­lec­ción que­dó pa­ra New York Knicks y de in­me­dia­to fue tras­pa­sa­do a Min­ne­so­ta Tim­ber­wol­ves, en don­de Pa­blo Pri­gio­ni es par­te del staff téc­ni­co. Una fran­qui­cia a la que Bol­ma­ro, cuen­ta en la char­la, desea­ba ir an­tes de ce­le­brar­se el Draft. Pe­ro sa­be que su for­ma­ción es­tá en pleno desa­rro­llo, por eso es que se que­da­rá un año más en Bar­ce­lo­na y des­pués bus­ca­rá dar el gran sal­to a Min­ne­so­ta.

–¿Lo­gras­te dar­te cuen­ta de to­do lo que pa­só?

–Te ju­ro que to­da­vía no. No cai­go. Pa­san las ho­ras y no pue­do pa­rar de reír­me de la fe­li­ci­dad. Es algo que ima­gi­na­ba, que so­ña­ba, pe­ro vi­vir­lo es algo que no lo pue­do ter­mi­nar de ex­pli­car. Lo ha­bla­ba con mi fa­mi­lia, lo ha­blo aho­ra con vos y no pue­do ma­ne­jar­lo.

–¿Qué lla­ma­dos re­ci­bis­te que te im­pac­ta­ron?

–Al­gu­nos de los mu­cha­chos de la Ge­ne­ra­ción Do­ra­da me es­cri­bie­ron y me po­ne muy con­ten­to que ellos es­tén pendientes de mi pro­ce­so. Es una ale­gría que eso pase, pe­ro te ju­ro que no lo pue­do creer.

–Acá, en la Argentina, es­tán im­pac­ta­dos por­que fuis­te cam­peón na­cio­nal en atletismo.

–Des­de los 5 años que arran­qué, mi her­ma­na ya se en­tre­na­ba. Y lo hi­ce has­ta los 15 o 16 años, has­ta ha­ce po­co si te po­nés a pen­sar. Pe­ro fue muy im­por­tan­te pa­ra ayu­dar­me con la coor­di­na­ción y la des­tre­za pa­ra sal­tar. Es­toy agra­de­ci­do de ha­ber prac­ti­ca­do atletismo. Ha­cía 110 con va­llas por­que es una es­pe­cia­li­dad muy téc­ni­ca, me sir­vió pa­ra mis des­pla­za­mien­tos y ade­más ha­cía sal­to en lar­go y en al­to. To­das esas prue­bas me die­ron un plus en mis mo­vi­mien­tos.

–¿Có­mo fue ese mo­men­to en que te eli­gen los Knicks e in­me­dia­ta­men­te te tras­pa­san a Min­ne­so­ta?

–¡Es­tu­ve con las dos go­rras! Ja­ja­ja­ja. Pri­me­ro me pu­se la de los Knicks y en­ton­ces me di­cen “te tras­pa­sa­ron a Min­ne­so­ta”. Y la verdad que es­toy muy con­ten­to y muy fe­liz de que pue­da ir a una gran fran­qui­cia, con gran­des ju­ga­do­res co­mo Ricky Ru­bio y mi­ran­do si re­nue­va Juan­cho (por el pi­vo­te es­pa­ñol Her­nán Gó­mez). Y con Pa­blo Pri­gio­ni en el staff téc­ni­co. Va a ser una gran fran­qui­cia pa­ra mí.

–Si hu­bie­ras que­ri­do pla­ni­fi­car­lo, no te sa­lía tan bien...

–Pa­blo, en el staff, los ju­ga­do­res es­pa­ño­les en el equi­po, el pre­si­den­te de la or­ga­ni­za­ción es co­lom­biano (Gers­son Ro­sas)... Al prin­ci­pio va a ser to­do ge­nial y des­pués me voy a adap­tar y voy a dar el má­xi­mo de mí en ca­da en­tre­na­mien­to y en ca­da opor­tu­ni­dad. En una cena le di­je a mi re­pre­sen­tan­te: “Quie­ro ir a Min­ne­so­ta”.

Fue una char­la in­for­mal y mirá ¡sa­lió co­mo que­ría! No cai­go.

–Re­ci­bis­te un mon­tón de cosas de la NBA...

–Me man­da­ron go­rras, au­ri­cu­la­res, par­lan­tes, un mue­ble her­mo­so. Una lo­cu­ra to­do lo que man­da­ron acá a Bar­ce­lo­na. Va­mos a ver si po­de­mos lle­var­lo a la Argentina y de­jar­lo en mi casa.

–¿Có­mo reac­cio­na­ron tus com­pa­ñe­ros de Bar­ce­lo­na?

–Me es­cri­bió Ni­ko­la (Mi­ro­tic) que es­tá to­do el día di­cién­do­me “cu­leao”, ja. Es ge­nial to­do lo que pa­sa en el club, nos apo­ya­mos en­tre to­dos, es co­mo una fa­mi­lia ju­gar en ese equi­po. Es­ta­ban to­dos muy con­ten­tos. Me fe­li­ci­ta­ron an­tes del Draft y tam­bién lo hi­cie­ron aho­ra. Es her­mo­so to­do.

–Pe­pe Sán­chez te ex­pli­có qué es la NBA, Ni­ko­la Mi­ro­tic y Alex Abri­nes te ha­blan en Bar­ce­lo­na.. ¿Vos qué te ima­gi­nás de to­do el mun­do NBA?

–To­dos me ha­bla­ron, me con­ta­ron, me ex­pli­ca­ron, me die­ron de­ta­lles, pe­ro te ju­ro que vi­vir­lo es otra co­sa. Me cues­ta mu­chí­si­mo de­cir qué me pa­sa por la ca­be­za. No lo­gro po­ner­lo en pa­la­bras. Es una fe­li­ci­dad que no pue­do ma­ne­jar. Des­de chi­co fui cre­cien­do y mi­ran­do a Ma­nu (Gi­nó­bi­li), se­guía la NBA y aho­ra te­ner es­ta opor­tu­ni­dad de ser draf­tea­do es un sue­ño que me cues­ta creer. Ma­nu me ins­pi­ró mu­cho. Es una lás­ti­ma que ya no es­té en la NBA.

–¿Ya ha­blas­te con Pa­blo Pri­gio­ni?

–Sí, es­tu­vi­mos char­lan­do un ra­to. Me di­jo que es­tá muy con­ten­to. Va­mos a ver qué pa­sa aho­ra, ten­go que de­fi­nir si me que­do un tiem­po en Bar­ce­lo­na o voy di­rec­to a Min­ne­so­ta. Lo voy a char­lar con mi fa­mi­lia y con mi re­pre­sen­tan­te.

–Te mar­can co­mo un ju­ga­dor al que le gus­ta mu­cho tra­ba­jar.

–Me en­can­ta apren­der. Siem­pre es­cu­cho a to­dos los que me acer­can su­ge­ren­cias pa­ra evo­lu­cio­nar en mi jue­go. Sien­to que to­do me ayu­da a creer. Me en­treno ca­da día co­mo lo­co y en­tien­do que eso me tie­ne que ayu­dar pa­ra po­der es­tar en la NBA. Me en­can­ta me­dir­me con los me­jo­res. Por eso voy a tra­ba­jar co­mo lo­co pa­ra po­der te­ner esa chan­ce. Ten­go que me­jo­rar mu­chas cosas.

–¿So­bre qué vas a tra­ba­jar es­pe­cial­men­te?

–¡Con to­do! Ten­go que pu­lir to­do. No pue­do que­dar­me con lo que ten­go. Se­guir evo­lu­cio­nan­do es lo que me va a dar más chan­ce de ju­gar en cual­quier equi­po.

–La go­rra de Min­ne­so­ta, ¿dón­de la de­jas­te?

–Dor­mí dos ho­ras, pe­ro con la go­rra de Min­ne­so­ta pues­ta. ¡Pe­ro cla­ro, có­mo no! Es una lo­cu­ra to­do es­to. Le voy a man­dar to­do a mi pa­pá, el mue­ble y las 30 go­rras.

–Pue­de ser una NBA con dos cor­do­be­ses, por­que Fa­cun­do Cam­paz­zo es­tá a un pa­so.

–¡Oja­lá! Ima­gi­na­te to­dos los cor­do­be­ses. Es otro país Cór­do­ba (car­ca­ja­da).

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bahia­bas­quet Bol­ma­ro, con la ca­mi­se­ta del se­lec­cio­na­do ar­gen­tino; a los 20 años, nacido en Las Va­ri­llas, dio un gran pa­so en su ca­rre­ra

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