El Carnaval de Ju­juy, a tra­vés de una len­te es­pe­cia­li­za­da

Ayer co­men­zó una de las ce­le­bra­cio­nes más tra­di­cio­na­les de Hu­mahua­ca y la fo­tó­gra­fa Gaby Herbs­tein ex­hi­bió sus me­jo­res imá­ge­nes pa­ra mos­trar­lo.

La Nueva Domingo - - SOCIEDAD -

La co­mu­nión en­tre los ri­tos au­tóc­to­nos, los ele­men­tos cris­tia­nos, las más­ca­ras con gran­des osa­men­tas, los co­lo­ri­dos dis­fra­ces con cas­ca­be­les, plu­mas y len­te­jue­las, en con­vi­ven­cia con per­so­na­jes fo­rá­neos icó­ni­cos y en un mar­co na­tu­ral úni­co, con­vier­ten al carnaval hu­mahua­que­ño en uno de los más es­pec­ta­cu­la­res del mun­do e inigua­la­ble pa­ra la len­te del fo­tó­gra­fo.

Esa ce­le­bra­ción, que co­mien­za con el des­en­tie­rro del Co­lu­do (el diablo) y lle­na los pue­blos de la Pu­na con dia­blos y dia­bli­tas en­fun­da­dos en ma­jes­tuo­sos tra­jes con mi­les de len­te­jue­las y cas­ca­be­les que se pier­den en­tre nubes de tal­co y pe­que­ñas ra­mas de al­baha­ca, sor­pren­dió tan­to a la fo­tó­gra­fa Gaby Herbs­tein que ter­mi­nó por de­di­car­le una mues­tra que pue­de vi­si­tar­se en el CCK.

"No te­nía idea lo que era la Dia­bla­da y me sor­pren­dió. Me vo­ló la ca­be­za por­que es una manifestación in­creí­ble. Muy ar­tís­ti­ca y ge­nui­na a la vez", le di­ce la re­co­no­ci­da fo­tó­gra­fa a Té­lam.

Ha­ce un año, Herbs­tein es­ta­ba pa­san­do las úl­ti­mas ho­ras de un via­je a Ju­juy al que ha­bía si­do con­vo­ca­da por el go­bierno lo­cal pa­ra fo­to­gra­fiar dis­tin­tos as­pec­tos de la pro­vin­cia, cuan­do se to­pó con el co­mien­zo de La Dia­bla­da.

Aquel es­pec­tácu­lo, hi­zo que su re­gre­so a Bue­nos Ai- res fue­ra so­lo por unas ho­ras, ya que vol­vió a Ju­juy pa­ra pa­sar los ocho días y nue­ve no­ches de La Dia­bla­da ( an­ces­tral dan­za nor­te­ña de los car­na­va­les), vi­ven­cia que que­dó plas­ma­da en una mues­tra de 56 obras que pue­de ver­se en el CCK has­ta el pró­xi­mo 10 de mar­zo.

Si bien Herbs­tein ase­gu­ra que to­dos "a tra­vés del ojo edi­ta­mos y es­to tie­ne que ver con los in­tere­ses y la bús­que­da per­so­nal de ca­da uno", hay cla­ves pa­ra sa­ber ha­cia dón­de de­be apun­tar nues­tra len­te si nos to­ca la ex­pe­rien­cia.

Una len­te es­pe­cial

La na­tu­ra­le­za co­mo pun­to de par­ti­da: en La Dia­bla­da, más allá del co­lor, de la crea­ti­vi­dad y del tra­ba­jo de los tra­jes, que de­man­dan un gran tra­ba­jo con bor­da­dos de piedras, plu­mas, ca­nu­ti­llos y cas­ca­be­les, la na­tu­ra­le­za es fun­da­men­tal.

La que­bra­da otor­ga un mar­co ideal pa­ra las fo­tos. La to­na­li­dad de los ce­rros, el azul pro­fun­do del cie­lo en com­po­sé con el co­lor de los tra­jes y las mas­ca­ras, ma­ti­za­dos con la luz du­ran­te las dis­tin­tas ho­ras del días im­pri­men de ma­gia y mis­te­rio las imá­ge­nes. "Re­co­mien­do ir sin pre con­cep­tos. De pron­to vos vis­te al­go y yo otra co­sa. Uno pue­de ver al­go be­llo que lo cau­ti­vó y –en eso mis­moo­tra pue­de ver al­go feo", re­cal­ca Herbs­tein.

En­con­trar el con­tras­te: va más allá de la luz, del co­lor, de lo be­llo y de lo que pue­de re­sul­tar de­fec­tuo­so.

Un cla­ro ejem­plo es el que cap­tó la len­te de Herbs­tein, en el que se ve un tra­je mas­cu­lino, bor­da­do con len­te­jue­las, cin­tas, piedras y es­pe­jos, en una per­cha col­ga­da del pi­ca­por­te de una puer­ta blan­ca (na­da in­ma­cu­la­da), con­te­ni­da por pa­re­des a me­dio ter­mi­nar.

Es­te tra­je, listo, im­pe­ca­ble y ter­mi­na­do, que de­man­dó ho­ras, días y me­ses de tra­ba­jo, aguar­da su gran mo­men­to pa­ra sa­lir a es­ce­na, con­te­ni­do en pa­re­des aún por ter­mi­nar, en una es­ce­na sin­gu­lar­men­te bella.

“No te­nía idea lo que era la Dia­bla­da y me sor­pren­dió. Me vo­ló la ca­be­za por­que es una manifestación in­creí­ble. Muy ar­tis­ti­ca y ge­nui­na a la vez”, di­jo.

ARCHIVO LA NUE­VA.

Los dis­fra­ces y un gran tra­ba­jo con bor­da­dos de piedras, plu­mas, ca­nu­ti­llos y cas­ca­be­les,y de fon­do: la na­tu­ra­le­za.

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