Las cau­sas y los efec­tos

La Nueva - - OPINIÓN. -

PO­LÍ­TI­COS. Pri­me­ro hay que pen­sar y no ac­tuar, ya que los erro­res cues­tan ca­rí­si­mos. Cla­ro que el di­ne­ro y los da­ños no los pa­ga na­die. Los po­lí­ti­cos se es­pe­cia­li­zan en ha­cer co­sas que po­cos en­tien­den y de­jan puer­tas abier­tas a los pí­ca­ros. Ya que "el pue­blo quie­re sa­ber", se les hi­zo un es­tu­dio psi­quiá­tri­co y se lle­gó a las si­guien­tes con­clu­sio­nes. Hay dos en­fer­me­da­des o ta­ras lla­ma­das "yo­no­fui" y "qui­ro­mas". El pri­me­ro na­ció cuan­do eran chi­qui­tos y ha­cían al­go ma­lo y de­cían no ha­ber­lo he­cho. Los pa­dres los pro­te­gían y así si­guie­ron en la vi­da, ha­cien­do co­sas y no ha­cién­do­se res­pon­sa­bles de na­da. La otra ta­ra tie­ne gran pre­di­ca­men­to en­tre go­ber­nan­tes, in­dus­tria­les y co­mer­cian­tes. Se tra­ta de la am­bi­ción de ob­te­ner to­do, sin re­pa­rar en si los mé­to­dos son bue­nos o ma­los. So­bre­mon­te es­ca­pó con los cau­da­les de la Co­ro­na y nos que­da la du­da, ¿se los ro­ba­ba o los pro­te­gía? Nues­tros po­lí­ti­cos ¿qué hi­cie­ron con el di­ne­ro? ¿Se lo lle­va­ron o lo pro­te­gie­ron?

Al­fre­do C. Goer­de­ler

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