Mi­chael Kea­ton lle­ga al ci­ne con “Ham­bre de po­der”

El ac­tor no­mi­na­do al Os­car por “Bird­man” se po­ne en la piel de quien ge­ne­ró la fran­qui­cia de co­mi­das rá­pi­das McDo­nald's. "Ray Crock cam­bió el mun­do", ase­gu­ra.

La Nueva - - SÁBADO. APLAUSOS -

UN PER­SO­NA­JE A LA ME­DI­DA DE KEA­TON

En Ham­bre de Po­der,

Mi­chael Kea­ton re­tra­ta de ma­ne­ra bri­llan­te a un hom­bre que cam­bió el mun­do pro­por­cio­nán­do­nos co­mi­da rá­pi­da. Ray Kroc, se afe­rró a una idea in­no­va­do­ra pa­ra pro­veer ham­bur­gue­sas, pa­pas fri­tas y ba­ti­dos a los clien­tes que es­ta­ban apu­ra­dos y lo con­vir­tió en una mar­ca glo­bal, McDo­nald's, va­lua­da en mi­les de mi­llo­nes de dó­la­res. En una en­tre­vis­ta con Clarín e In­fo­bae, Kea­ton ha­bló de su tra­ba­jo en el fil­me.

--La pren­sa de tu país di­ce que en “Ham­bre de po­der” es­tás in­ter­pre­tan­do a un per­so­na­je “trum­piano”. ¿Ves si­mi­li­tu­des en­tre Ray y el pre­si­den­te Do­nald Trump?

--Es in­tere­san­te la com­pa­ra­ción, aun­que Ray Kroc es un per­so­na­je muy ale­ja­do de Trump. Pri­me­ro, por­que Ray no te­nía nin­gún di­ne­ro cuan­do co­men­zó, mien­tras que Do­nald Trump re­ci­bió una tre­men­da ven­ta­ja en for­ma de he­ren­cia, más allá de lo que él di­ga. Al fi­nal, cuan­do Ray es po­co éti­co, uno pue­de de­cir que son pa­re­ci­dos por­que pa­re­ce que Trump es po­co éti­co. El pre­si­den­te es in­creí­ble­men­te de­man­dan­te, has­ta el pun­to de que es di­ver­ti­do de ver, y lue­go te da mie­do. Y no me ha­gas ha­blar más de él, por fa­vor, por­que no ter­mino más.

--¿Qué as­pec­tos de la his­to­ria te sor­pren­die­ron?

--

La his­to­ria me re­sul­tó mu­cho más in­tere­san­te de lo que pen­sa­ba, ya que en reali­dad gi­ra­ba en torno al sis­te­ma de li­bre em­pre­sa y al hom­bre de­trás de la que se con­vir­tió en una mar­ca glo­bal an­tes de que la gen­te lo ima­gi­na­ra, o in­clu­so tu­vie­ra la idea acer­ca de la glo­ba­li­za­ción de las mar­cas. Kroc fue una de las pri­me­ras per­so­nas en con­ver­tir­se en un ex­per­to en mar­cas, y me pa­re­ció muy in­tere­san­te. No co­no­cía la his­to­ria de có­mo McDo­nald's lle­gó a ser lo que es. Kroc es un ti­po ver­da­de­ra­men­te fas­ci­nan­te.

“Yo no que­ría en­dul­zar al per­so­na­je pa­ra que la gen­te lo ama­ra al fi­nal, el ti­po es­ta­ba ahí con sus con­tra­dic­cio­nes y me in­tere­só mos­trar eso”, co­men­ta el ac­tor, un ra­to an­tes de re­cor­dar que es­tu­vo pes­can­do en la Ar­gen­ti­na cuan­do fil­mó una es­ce­na de una pe­lí­cu­la de Ron Howard en 1986 y de ha­blar bien de Ar­man­do Bo y Ni­co­lás Gia­co­bo­ne, los guio­nis­tas ar­gen­ti­nos de Bird­man.

-- ¿Qué es lo pri­me­ro que mi­rás an­tes de acep­tar fil- mar una pe­lí­cu­la?

“El guión es lo pri­me­ro que mi­ro an­tes de acep­tar ha­cer una pe­lí­cu­la. Tie­ne que ser bueno. Lue­go me queda el desafío de tra­tar de ha­cer la me­jor in­ter­pre­ta­ción po­si­ble, así me ma­ne­jo en mi ca­rre­ra. Y aun­que he te­ni­do mis al­tas y ba­jas, no me ha ido na­da mal”, abro­cha con su clá­si­ca son­ri­sa.

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Pa­ra el di­rec­tor eras el úni­co que po­día in­ter­pre­tar­lo. ¿Te iden­ti­fi­cás con al­gu­na ca­rac­te­rís­ti­ca de Ray Kroc, el fun­da­dor de la fran­qui­cia McDo­nald’s?

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La per­se­ve­ran­cia, el tra­ba­jo duro, el fo­co, la de­ter­mi­na­ción. Yo ad­mi­ro to­das esas cua­li­da­des de Ray. Lo que no ad­mi­ro es lo que hi­zo al fi­nal, mos­trán­do­se tan co­di­cio­so. No creo que ha­ya te­ni­do que ver con el di­ne­ro, sino más bien con el po­der.

--Co­mo le pa­só a Kroc, ¿has te­ni­do un sue­ño (ame­ri­cano) que se ha­ya con­ver­ti­do en reali­dad?

--Bueno, to­da­vía no pue­do creer que ten­go que ha­cer es­to pa­ra vi­vir. Es­toy in­creí­ble­men­te agra­de­ci­do de que me ha­ya pa­sa­do es­to, lo re­co­noz­co con mu­cha hu­mil­dad. Me di­je que que­ría ac­tuar, y lue­go dé­jen­me ha­cer­lo co­mo pro­fe­sión, y lue­go dé­jen­me ha­cer­lo me­jor y me­jor...

--Des­pués de Bird­man di­jis­te que no veías mu­chos pa­pe­les in­tere­san­tes. ¿Ha cam­bia­do eso aho­ra?

--To­da­vía no veo mu­chas co­sas in­tere­san­tes. Otros ac­to­res te di­rán lo mis­mo. Re­ci­bes al­go y piensas, 'No me in­tere­sa'. O, me in­tere­sa, pe­ro ¿por qué? Por­que pien­so que me agra­da el di­rec­tor,

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