Su­per­mer­ca­dis­tas chi­nos es­pe­ran con an­sias la reac­ti­va­ción del con­su­mo.

Sos­tie­nen que sus ven­tas no tie­nen el vi­gor de otros tiem­pos y que los clien­tes son muy cau­te­lo­sos fren­te a la gón­do­la, por lo que hay que ser cui­da­do­sos con los gas­tos.

La Nueva - - ECONOMIA Y CAMPO - Ran­ge­let­ti@la­nue­va.com

CON­SU­MO, PE­RO NO TAN MA­SI­VO Ro­dol­fo An­ge­let­ti

"Qué... ¿quie­re co­no­cer co­lo­nia Chi­na o po­ner ne­go­cio?", in­da­gó son­rien­te al cro­nis­ta Leo Chen, res­pon­sa­ble de un tra­di­cio­nal su­per­mer­ca­do orien­tal ubi­ca­do en Brown y Es­pa­ña.

Ha­bía­mos in­ter­cam­bia­do pre­sen­ta­cio­nes for­ma­les y nos dis­po­nía­mos a pe­dir­le de­ta­lles de su ex­pe­rien­cia en nues­tra ciu­dad.

El tono de la char­la era muy amis­to­so, así que re­do­bla­mos la apues­ta y dis­pa­ra­mos: Leo... ¿cuán­tas ho­ras por día fun­cio­nan las he­la­de­ras?

Si to­do iba bien, no po­día fa­llar. Te­nía que vol­ver a son­reír. Así fue. Res­pon­dió: "Eso ol­vi­dá­te... ¿Co­mo fun­cio­na?... Sal­chi­chas, yo­gu­res, no sir­ve más na­da".

"Es to­do mi­to" di­jo en alu­sión a quie­nes al­gu­na vez se hi­cie­ron eco de ese ti­po de ru­mo­res, más bien ali­men­ta­dos en for­ma ma­lin­ten­cio­na­da des­de la com­pe­ten­cia.

Chen lle­gó a nues­tro país ha­ce unos 12 años, no su­pera los 36 años, tie­ne es­po­sa y tres hi­jos, y to­dos tra­ba­jan en el lo­cal, des­de tem­prano y has­ta muy tar­de.

Ase­gu­ra que en eso re­si­de el se­cre­to de pros­pe­rar en el su­per­mer­ca­dis­mo, ade­más de com­prar "cash" y ser con­se­cuen­te con los bue­nos pro­vee­do­res.

En ge­ne­ral los orien­ta­les no son ami­gos de in­ver­tir en pu­bli­ci­dad fue­ra del lo­cal, más allá de "al­gún vo­lan­te con ofer­tas", ad­mi­te Chen.

Las ex­pe­rien­cias de es­ta co­lo­nia de in­mi­gran­tes en el país, no son no­ve­do­sas. Pri­me­ro se asien­ta un fa­mi­liar di­rec­to; en el ca­so de Chen su her­ma­na y un pu­ña­do de fa­mi­lia­res, y des­pués lle­gan los de­más.

Sin pre­jui­cios so­bre las gran­des ur­bes, el Conurbano apa­re­ció siem­pre co­mo el lu­gar por ex­ce­len­cia pa­ra ra­di­car­se. Só­lo que pa­ra Chen y su fa­mi­lia la in­se­gu­ri­dad es­tu­vo pri­me­ro, y lo de­ci­dió a pen­sar en nues­tra ciu­dad.

"Es­ta es una ciu­dad tran­qui­la, no es ni La Ma­tan­za, ni Quil­mes" co­men­tó.

Chen tam­bién es res­pon­sa­ble an­te unos 12 tra­ba­ja­do­res, que se desem­pe­ñan en su lo­cal, in­clu­yen­do car­ni­ce­ría y ver­du­le­ría.

"Ni­co", otro de sus com­pa­trio­tas que ha­bló con La Nue­va.,

pre­fi­rió iden­ti­fi­car­se por su so­bre­nom­bre. Li­de­ra en Florida al 1200, uno de los úl­ti­mos lo­ca­les en abrir sus puer­tas en la ciu­dad.

Fue un in­ver­sor y a la pos­tre su so­cio, el que ad­qui­rió la pro­pie­dad exis­ten­te y le­van­tó el lo­cal des­de sus ci­mien­tos. Ob­via­men­te, tam­bién per­te­ne­ce a la co­lec­ti­vi­dad.

"Ni­co" se pu­so al fren­te, es muy jo­ven, pe­ro tam­po­co es­tá só­lo. Su es­po­sa y dos hi­jos, ade­más de sus pa­dres lo acom­pa­ñan des­de ha­ce 12 años, cuan­do de­ci­dió emi- grar a la Ar­gen­ti­na, don­de ya es­ta­ba su her­ma­na.

Di­ce que su ne­go­cio es­ta "es­ta­ble", pe­ro con un ges­to in­con­fun­di­ble ase­gu­ra que "no hay pla­ta en el bol­si­llo de la gen­te".

"La gen­te com­pra po­co, pi­ca acá y allá, y yo ha­go lo mis­mo " sos­tie­ne re­fi­rién­do­se a sus pro­vee­do­res.

Las gón­do­las de­mues­tran que no mien­te. En su lo­cal, el es­pa­cio es muy ge­ne­ro­so, pe­ro los pro­duc­tos es­tán "fren­tea­dos", una vie­ja ma­ne­ra de dar ima­gen de for­ta­le­za y evi­tar des­acon­se­ja­bles hue­cos en la gón­do­la.

El lu­gar lu­ce lu­mi­no­so e im­pe­ca­ble­men­te or­de­na­do.

Nin­guno de los co­mer­cian­tes con­sul­ta­dos por es­te dia­rio se mos­tró par­ti­da­rio de aso­ciar­se pa­ra com­prar.

La ex­pan­sión que ha ve­ni­do ma­ni­fes­tan­do el sec­tor du­ran­te los úl­ti­mos años en la Ar­gen­ti­na, y, fun­da­men­tal­men­te en el in­te­rior, lo mues­tra ocu­pan­do su­per­fi­cies me­dia­nas, asi­mi­la­bles a ne­go­cios de cer­ca­nía, y en ba­rria­das con po­ca o nin­gu­na pre­sen­cia de com­pe­ti­do­res.

Se­gún al­gu­nas con­sul­to­ras de con­su­mo ma­si­vo, en los 90 los lo­ca­les de ori­gen orien­tal su­ma­ban ape­nas 400, dis­tri­bui­dos bá­si­ca­men­te en al­gu­nos ba­rrios por­te­ños, mien­tras que hoy con­tro­lan más del 15% de las ven­tas na­cio­na­les de ali­men­tos, be­bi­das, ar­tícu­los de to­ca­dor y de lim­pie­za.

“Es­ta es una ciu­dad tran­qui­la, no es ni La Ma­tan­za, ni Quil­mes” se­ña­ló Ni­co, un in­mi­gran­te chino que re­si­de en Bahía Blan­ca. Chen lle­gó a nues­tro país ha­ce unos 12 años, no su­pera los 40 años, tie­ne es­po­sa y tres hi­jos, y to­dos tra­ba­jan en el lo­cal, des­de muy tem­prano

ARCHIVO LA NUE­VA..

La re­com­po­si­ción del con­su­mo in­terno tam­bién es es­pe­ra­da con gran in­te­rés por la co­lo­nia orien­tal asen­ta­da des­de ha­ce al­gu­nos años en la ciu­dad.

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