Nés­tor Schef­fer: “Con el de­por­te pu­de so­bre­lle­var el do­lor”

La Nueva - - DEPORTES. -

Nés­tor Schef­fer, re­ci­bi­do de Elec­tri­cis­ta Aeronáutico en la Es­cue­la de Me­cá­ni­ca, par­ti­ci­pó de Mal­vi­nas co­mo me­cá­ni­co de he­li­cóp­te­ros, for­mó par­te de la tri­pu­la­ción del cru­ce­ro ARA Ge­ne­ral Bel­grano -hun­di­do el 2 de ma­yo de 1982 por los bri­tá­ni­cos-, y se de­sem­pe­ñó co­mo ár­bi­tro de bás­quet­bol en nues­tra ciu­dad lle­gan­do a di­ri­gir a ni­vel na­cio­nal.

“La ver­dad que un día co­mo hoy (por ayer) a 35 años es re­cor­dar -qui­zás­siem­pre lo mis­mo, pe­ro ca­da vez ca­la más hon­do en el pen­sa­mien­to; se­rán los años... Se ha­ce ca­da vez más di­fí­cil: vie­nen más re­cuer­dos. No es na­da gra­to es­tar en el lu­gar don­de es­ta­mos”, di­jo Nés­tor an­te el con­tac­to de La Nueva.

-¿Có­mo in­flu­yó el de­por­te en vos?

-La ver­dad que con el de­por­te pu­de so­bre­lle­var el do­lor que, por ahí, in­cons­cien­te­men­te uno no se da­ba cuen­ta pe­ro a la dis­tan­cia uno se da cuen­ta de lo im­por­tan­te que fue pa­ra mí. Es­tar en con­tac­to con la gen­te, llá­me­se di­ri­gen­tes, ju­ga­do­res, en­tre­na­do­res, com­pa­ñe­ros... Que siem­pre pre­gun­tan y uno así se des­car­ga, ha­bla... Eso de con­tar lo que a uno le pa­só ha­ce bien. El de­por­te, en mi ca­so, fue una co­sa muy bue­na, muy lin­da y que la voy a re­cor­dar por el res­to de mi vi­da.

-¿Ser­vió co­mo un ca­ble a tie­rra?

-Sí, sí... Por­que vos da­te cuen­ta que ca­da vez que yo di­ri­gía, en el mo­men­to que fui Ár­bi­tro Na­cio­nal, lo vi­vía ca­si co­mo un pro­fe­sio­nal. Uno es un se­mi­pro­fe­sio­nal y ca­da par­ti­do lle­va­ba una pre­pa­ra­ción, una con­cen­tra­ción, sea al ni­vel que sea, y eso me ser­vía pa­ra es­tar en­fo­ca­do. Me lo to­ma­ba muy en se­rio. El día se me pa­sa­ba... Aun­que to­dos los días de mi vi­da ten­go un lu­gar pa­ra re­cor­dar Mal­vi­nas. Qui­zás afec­te la sa­lud, pe­ro bueno, uno lo tra­ta de so­bre­lle­var de la me­jor for­ma y vi­vir con la gue­rra.

Ade­más de ser juez, Nés­tor (56 años) fue uno de los fun­da­do­res del Co­le­gio de Ár­bi­tros de nues­tra ciu­dad y el sil­ba­to de­trás de la na­ran­ja tam­bién le dio una lin­da ale­gría, lle­gar a di­ri­gir con uno de sus hi­jos: Jo­na­tan (fo­to).

-Gra­cias a Dios la ca­rre­ra de ár­bi­tro me dio la po­si­bi­li­dad de di­ri­gir jun­to con uno de mis hi­jos (tie­ne tres). Es una sa­tis­fac­ción muy gran­de. Así co­mo tam­bién pu­de ju­gar

“Pu­de di­ri­gir con uno de mis hi­jos y ju­gar jun­to con los tres (Jo­na­tan, Ke­vin y Johan­na). Son co­sas que Dios y la vi­da me te­nían re­ser­va­das”.

con los tres al bás­quet. Son esas co­sas que Dios y la vi­da me te­nían re­ser­va­das. Siem­pre le doy gra­cias a Dios de po­der ha­ber so­bre­vi­vi­do a se­me­jan­te es­pan­to co­mo lo es la gue­rra.

-¿Crees que el de­por­te -ju­gó al bás­quet en Es­tre­lla has­ta los 16 años- te ayu­dó en la gue­rra?

-Yo pien­so que el de­por­te es ma­ra­vi­llo­so, por to­do. Es al­go fan­tás­ti­co y si uno tie­ne la po­si­bi­li­dad de tras­cen­der en el de­por­te me­jor to­da­vía, a mí me ha da­do can­ti­dad de gen­te co­no­ci­da y qui­zás pa­ra la gue­rra ha­ya te­ni­do al­go que ver. En mu­chas par­tes es co­mo uno es­té pre­pa­ra­do psi­co­ló­gi­ca­men­te pa­ra po­der so­bre­lle­var di­fe­ren­tes si­tua­cio­nes. To­do su­ma y el de­por­te tam­bién es­tá en esa su­ma­to­ria.

Jo­na­tan y Nés­tor , pa­dre e hi­jo uni­dos por el re­fe­ra­to.

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