“Friends” y los mi­llen­nials

La Voz del Interior - Número Cero - - Lugares Comunes - CE­CI­LIA SÁN­CHEZ

Friends­pue­de ha­ber­se con­ver­ti­do en una se­rie de cul­to, mos­trar­nos du­ran­te una dé­ca­da qué cor­te de pe­lo de­bía­mos usar y ha­ber ter­mi­na­do ha­ce ca­si 15 años, pe­ro to­da­vía hoy si­gue dan­do que ha­blar. Y no tie­ne que ver con la reunión de sus pro­ta­go­nis­tas. La úl­ti­ma de las pol­va­re­das en re­des so­cia­les se le­van­tó tras el re­cien­te es­treno del pro­gra­ma com­ple­to en el Reino Uni­do, cla­ro es­tá, a tra­vés de Net­flix. No es que nun­ca se hu­bie­ra emi­ti­do allí, pe­ro la di­fe­ren­cia es que los con­te­ni­dos es­tu­vie­ron ha­bi­li­ta­dos a una au­dien­cia más jo­ven que usual­men­te con­su­me te­le­vi­sión a la ma­ne­ra que ofre­ce la ca­de­na de strea­ming. De he­cho, el lla­ma­do de aten­ción vino, se­gún el dia­rio The In­de-

pen­dent, de par­te de la ge­ne­ra­ción mi­llen­nial (aque­llos que eran muy chi­cos o re­cién na­ci­dos cuan­do la sit­com se es­tre­nó allá por 1994), que se ex­pre­só en re­des so­cia­les acer­ca de las in­co­rrec­cio­nes de al­gu­nos guio­nes. Más es­pe­cí­fi­ca­men­te, no­ta­ron con­te­ni­dos mi­só­gi­nos y ho­mo­fó­bi­cos en va­rios de los ca­pí­tu­los.

Las te­má­ti­cas que hi­cie­ron rui­do tie­nen que ver con la fal­ta de di­ver­si­dad, o más es­pe­cí­fi­ca­men­te, con el ma­les­tar que ex­pre­sa Chand­ler cuan­do es con­si­de­ra­do ho­mo­se­xual y el tra­to que le da a su pa­dre trans­gé­ne­ro; la in­co­mo­di­dad de Ross cuan­do Ra­chel con­tra­ta a un ni­ñe­ro va­rón pa­ra su hi­ja; el re­tra­to de la jo­ven Mó­ni­ca obe­sa; o el dis­gus­to que mos­tra­ba Ross al cru­zar­se con la no­via de su ex­mu­jer, co­mo pa­ra nom­brar al­gu­nos ejem­plos.

Y sí. Eran los 1990. Aque­llos que éra­mos jó­ve­nes ya en esa épo­ca no po­de­mos más que asen­tir y ad­mi­tir los des­li­ces. Los vi­vía­mos no­so­tros tam­bién en car­ne pro­pia.

En de­fen­sa de Friends y de otros shows de la mis­ma co­se­cha, hay que de­cir tam­bién que la se­rie in­clu­yó mu­chas te­má­ti­cas que en su mo­men­to fue­ron in­no­va­do­ras pa­ra la pan­ta­lla chi­ca. De he­cho, un pro­ge­ni­tor trans­gé­ne­ro, una pa­re­ja de les­bia­nas crian­do a un hijo, un ni­ñe­ro va­rón no eran co­mu­nes de ver. Sin em­bar­go, más allá de la co­rrec­ción política,

Friends sí hi­zo tras­pié en có­mo tra­tó al­gu­nas pro­ble­má­ti­cas y có­mo pre­sen­tó otras que hoy pue­den en­ten­der­se co­mo fa­ta­les a los ojos de una ge­ne­ra­ción mu­cho más abier­ta, edu­ca­da en de­re­chos y to­le­ran­te de la di­ver­si­dad.

Con­ven­ga­mos que nin­gún pro­duc­to, en es­pe­cial uno que fue muy po­pu­lar en la te­vé oc­ci­den­tal y en par­ti­cu­lar uno que uti­li­za el hu­mor co­mo con­duc­tor de sus diá­lo­gos, no es­tá exen­to de una sa­na re­lec­tu­ra y re­sig­ni­fi­ca­ción. Lo cu­rio­so es que el fe­nó­meno de la re­in­ter­pre­ta­ción pa­re­ció mo­les­tar­les mu­cho a aque­llos fa­ná­ti­cos con­tem­po­rá­neos de la se­rie, que sa­lie­ron a de­fen­der­la co­mo ti­ta­nes en una pe­lea que es­tá per­di­da an­tes de em­pe­zar.

La te­le­vi­sión es un gran re­fle­jo de la so­cie­dad que la mi­ra.

Friends no de­ja de ser una ex­ce­len­te crea­ción. ¿Nos hi­zo reír? Sí, y mu­cho. Pe­ro tam­bién es bueno re­fle­xio­nar so­bre qué nos hi­zo reír al­gu­na vez y por qué. En el ejer­ci­cio po­de­mos sor­pren­der­nos y no­tar cuán­to ha cam­bia­do.

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