“Spi­net­ta de­jó una gran en­se­ñan­za”

La Voz del Interior - Rumbos - - »tiro Al Blanco Por - Siem­pre te ca­rac­te­ri­zas­te por fu­sio­nar el rock con el jazz. ¿Có­mo lle­gas­te a esa mez­cla? Los mú­si­cos es­tán re­cu­rrien­do a la fu­sión con rit­mos la­ti­noa­me­ri­ca­nos. ¿Có­mo per­ci­bís esas nue­vas ex­pe­rien­cias? Tu pa­pá es un gran mú­si­co de jazz. Se­guis­te los pa­sos

Nun­ca fui un mú­si­co muy or­to­do­xo. Me gus­tan mu­chas co­sas y ten­go in­fluen­cias muy di­fe­ren­tes. Es­tá bueno tam­bién el que se de­di­ca só­lo a una co­sa. Yo siem­pre es­cu­ché mú­si­ca de di­fe­ren­tes gé­ne­ros, cul­tu­ras y épo­cas y eso con­clu­yó en lo que es hoy mi mú­si­ca.

No es al­go nue­vo, ya lo hi­cie­ron gran­des mú­si­cos co­mo As­tor Piaz­zo­lla o Luis Sa­li­nas. Pe­ro to­das es­tas fu­sio­nes que se es­tán dan­do van a ha­cer que la mú­si­ca se abra su ca­mino. La fu­sión es lo que va a sal­var al mun­do. No só­lo en las ar­tes, sino tam­bién en las fron­te­ras geo­grá­fi­cas y en to­dos los as­pec­tos.

No me lo to­mo con tan­ta so­lem­ni­dad, no quie­ro su­bir­me a ese ca­ba­llo. Pe­ro sí, so­mos mu­chos Ma­lo­set­ti en la mú­si­ca. Mi abue­lo era un gui­ta­rris­ta de fol­clo­re, mi pa­pá mú­si­co de jazz y otros fa­mi­lia­res tam­bién.

La unión en al­gún mo­men­to ocu­rrió puer­tas aden­tro, pe­ro nun­ca pa­só a ma­yo­res. Era só­lo jun­tar­nos a co­mer, to­car y can­tar. Des­ta­ca­do ba­jis­ta hi­jo del gui­ta­rris­ta de jazz Wal­ter Ma­lo­set­ti. In­te­gró du­ran­te 9 años la ban­da de Luis Al­ber­to Spi­net­ta.

rum­bos

Zap­pa es un ar­tis­ta de fu­sión. Ha mez­cla­do mú­si­ca clá­si­ca con rock, jazz, com­pa­ses ra­ros, Jimmy Hen­drix, de­li­rios (ri­sas). Mez­cló to­do. No sé si hay un ar­tis­ta que ha­ya fu­sio­na­do más que él.

Lo re­cuer­do co­mo un gran ami­go y una gran en­se­ñan­za. Apren­dí mu­cho de ver­lo in­ter­ac­tuar con su ban­da, vien­do có­mo la lle­vó ade­lan­te y có­mo pre­sen­ta­ba sus te­mas. Tra­ba­ja­mos ca­si 9 años jun­tos y éra­mos gran­des ami­gos. Lo ex­tra­ño mu­cho. Un maes­tro se­ría mi vie­jo, pe­ro no en el sen­ti­do or­to­do­xo por­que yo no to­ma­ba cla­ses con él. Lo veía siem­pre tra­ba­jar, es­ta­ba cer­ca de él mien­tras to­ca­ba. Y apren­dí por es­tar siem­pre ahí, cer­ca, con el ra­dar en­cen­di­do.

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