LAS MU­JE­RES Y EL CUER­PO

La Voz del Interior - Rumbos - - Vida Cotidiana -

La otra ca­ra de la me­lan­co­lía es una sen­sa­ción de de­sen­freno don­de lo más im­por­tan­te es po­ner­se al día con las co­sas que de­jó de la­do y en es­pe­cial re­co­brar el rit­mo de la ju­ven­tud. La lo­cu­ra por pa­re­cer de 20 a los 40 o a los 50 lle­va a tor­tu­rar­se en el gim­na­sio pa­ra es­tar más fla­ca, cam­biar la for­ma de pei­nar­se o el co­lor de pe­lo, atre­ver­se a usar po­lle­ras bien cor­tas, lle­var ro­pa pro­vo­ca­ti­va o vi­si­tar al ci­ru­jano plás­ti­co pa­ra re­to­car­se el ros­tro y el cuer­po.

“El cui­da­do del cuer­po no es­tá mal pe­ro tam­bién hay que apren­der a in­te­grar la sa­bi­du­ría y el equi­li­brio lo­gra­dos, con la ex­pe­rien­cia. La rea­li­dad es que el tiem­po pa­sa y hay que con­vi­vir con los sig­nos pro­pios de los años”, agre­ga Bran­do.

El ejem­plo clá­si­co es el de las ma­dres de ado­les­cen­tes, que ven que sus hi­jas es­tán en pleno de­sa­rro­llo, tie­nen éxi­to con los chi­cos, un cuer­po ar­mó­ni­co y to­da la vi­da por de­lan­te. Ellas sien­ten que sus car­tas ya es­tán echa­das, y que no les que­da na­da por des­cu­brir y lo que es peor, las arru­gas co­mien­zan a ha­cer­se ca­da vez más no­to­rias. El es­ca­pe es tra­tar de re­ver­tir el tiem­po y amol­dar­se a los dic­ta­dos de la ju­ven­tud, lo cual es im­po­si­ble. Y a ve­ces lu­ce pa­té­ti­co.

Es­ta pos­tu­ra has­ta pue­de lle­var a co­me­ter des­bor­des que per­ju­di­quen la es­ta­bi­li­dad de la pa­re­ja. La in­fi­de­li­dad se es­con­de de­trás del ob­je­ti­vo de re­afir­mar la per­so­na­li­dad y sen­tir­se en el au­ge de la vi­da. Sin em­bar­go, las malas con­se­cuen­cias sue­len ser mu­chas más que los be­ne­fi­cios. Es co­mo una co­pa de cris­tal que se rom­pe. Se pue­den pe­gar las dis­tin­tas par­tes, pe­ro siem­pre se no­ta­rá que es­tá que­bra­da.

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