MÁ­GI­CA Y MIS­TE­RIO­SA

Se lla­ma Stranger Things y es la se­rie del mo­men­to. Elo­gia­da por el mis­mí­si­mo Step­hen King, es una obra maes­tra que bu­cea en lo me­jor de la cul­tu­ra de la dé­ca­da de 1980.

La Voz del Interior - Rumbos - - Televisión - POR DA­NIE­LA PASIK

El vier­nes 15 de ju­lio Net­flix es­tre­nó Stranger Things y pa­ra el lu­nes la ha­bía vis­to (ca­si) el mun­do en­te­ro. Por las re­des, en las ofi­ci­nas y en las ca­sas, mi­llo­nes de per­so­nas es­tán ha­blan­do de es­ta se­rie es­cri­ta y di­ri­gi­da por los her­ma­nos Duf­fer que se nu­tre de clá­si­cos de la cien­cia fic­ción y del te­rror, y que se pre­sen­ta co­mo un mag­ní­fi­co ho­me­na­je al me­jor ci­ne de la dé­ca­da de 1980. Los abo­na­dos a Net­flix ya pue­den ver la pri­me­ra tem­po­ra­da de ocho ca­pí­tu­los com­ple­ta (pa­re­ce que ha­brá una se­gun­da), que –sin de­ve­lar mu­cho– se tra­ta de la bús­que­da de un chi­co que des­apa­re­ce en el ai­re, se des­va­ne­ce en un apa­ren­te­men­te tran­qui­lo pue­bli­to. Su gru­po de ami­gos nerds, su fa­mi­lia dis­fun­cio­nal y un po­li­cía de­pri­mi­do son al­gu­nos de los bue­nos que ha­cen has­ta lo im­po­si­ble (li­te­ral­men­te) pa­ra en­con­trar­lo. Hay ex­pe­ri­men­tos gu­ber­na­men­ta­les se­cre­tos, fuer­zas so­bre­na­tu­ra­les ate­rra­do­ras y una ni­ña muy ex­tra­ña con po­de­res.

La se­rie tie­ne mu­cho de dra­ma, aun­que a la vez ho­me­na­jea a las pe­lí­cu­las ochen­te­ras de es­tu­dian­tes de un mo­do muy en­tre­te­ni­do. Es un th­ri­ller al­ta­men­te adic­ti­vo que pro­vo­có que el le­gen­da­rio rey del te­rror, su ma­jes­tad Step­hen King, tui­tea­ra: “STRANGER THINGS is pu­re fun. A+. Don’t miss it. Wi­no­na Ry­der shi­nes” (Stranger Things es di­ver­sión pu­ra. A+. No se la pier­dan, Wi­no­na Ry­der es­tá bri­llan­te”).

En Stranger Things, los Duf­fer tam­bién le es­cri­ben lí­neas de amor a la dé­ca­da de los 80. Por un la­do con la mú­si­ca (des­de The Clash y Joy Di­vi­sion has­ta To­to y más) y por otro en lo ci­ne­ma­to­grá­fi­co. La re­fe­ren­cia a ET es di­rec­ta, con la ban­da de chi­cos en bi­ci y un ser ex­tra­ño que hay que ocul­tar de los pa­dres. Tam­bién es im­po­si­ble no pen­sar en Pol­ter­geist, con una ni­ña en otra di­men­sión y una ma­dre he­roi­ca que se em­pe­ci­na en sal­var­la, y po­ne el al­ma, la cor­du­ra y el cuer­po.

La ma­dre en cues­tión es Wi­no­na Ry­der, la ac­triz tan mains­tream co­mo de cul­to que ocu­pa un lu­gar es­pe­cial en el co­ra­zón de la ge­ne­ra­ción que cre­ció du­ran­te los 80 y la tu­vo co­mo ín­cono ju­ve­nil en los 90. Tras mu­chos años na­ve­gan­do en­tre la in­vi­si­bil­di­dad y los pro­yec­tos de es­ca­so éxi­to, es­ta se­rie es su re­gre­so con glo­ria des­pués de que tan­tos di­je­ran que arrui­nó su ca­rre­ra por ro­bar ro­pa en una tien­da de Los An­ge­les, en 2002. •

Wy­no­na es­tá en llamas: En un pa­pel que la de­vuel­ve a las gran­des li­gas de la ac­tua­ción, la rei­na de los años 90 la rom­pe en Stranger Things.

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