“Si la fa­ma te aga­rra dis­traí­da, fuis­te”

Es un tor­be­llino y le gus­ta mos­trar­se así. Au­daz. Sexy. Fron­tal. Des­pués de una vi­da en la te­le (tie­ne 24, pe­ro em­pe­zó a los 10 con Cris Mo­re­na), la ex “chi­qui­ti­ta” pa­teó el ta­ble­ro y se zam­bu­lló de lleno en otros mun­dos: el ci­ne y la mú­si­ca. ¿El re­sul­tad

La Voz del Interior - Rumbos - - Entrevista - POR JA­VIER FIRPO FOTO JO­SE NI­CO­LI­NI

Así co­mo se la ima­gi­nan es La­li Es­pó­si­to. Un ma­no­jo de ener­gía y ta­len­to. Un cóc­tel ba­ru­lle­ro de sim­pa­tía, lo­cua­ci­dad, di­ver­sión, tim­bre de voz ele­va­do y un cri­sol de pu­tea­das de an­to­lo­gía. Pe­ro lo que to­ca La­li lo con­vier­te en oro. Es­pe­ran­za mía, su úl­ti­mo pro­gra­ma, es­tu­vo en­tre los más vis­tos de 2015, y

Per­mi­ti­dos, que mar­ca su bau­tis­mo pro­ta­gó­ni­co en ci­ne, es­ta­rá en­tre los fil­mes na­cio­na­les más vis­tos del año. Ella lo di­ce sin pru­ri­tos y con am­bi­ción: “Quie­ro ha­cer to­do, quie­ro ser la chi­ca de to­dos los mo­men­tos, no so­la­men­te de hoy”, pro­nun­cia, sin que se le mue­va un múscu­lo del ros­tro.

Pro­fe­sio­nal cien­to por cien­to, lle­ga al en­cuen­tro con Rum­bos diez mi­nu­tos an­tes, y ape­nas arran­ca la en­tre­vis­ta, lo pri­me­ro que pre­gun­ta es si vi­mos la pe­lí­cu­la de Ariel Wi­no­grad re­cién es­tre­na­da en la car­te­le­ra. Y an­te el sí a co­ro del gru­po de pe­rio­dis­tas, ella va por más e in­da­ga: “¿Les gus­tó? ¿Qué les pa­re­ció mi personaje? ¿Les cie­rra la his­to­ria?”, acri­bi­lla con cier­ta in­se­gu­ri­dad. Y, por su­pues­to, en su ace­le­re na­tu­ral, se au­to­con­tes­ta: “Es­tu­ve dig­na... No, che, dig­na es una pa­la­bra de mier­da”. Se ríe so­la y a

car­ca­ja­das. Hay que re­co­no­cer­lo: es trans­pa­ren­te y tie­ne án­gel.

En un san­tia­mén, el es­ti­lo y la per­so­na­li­dad de La­li con­ta­gian y co­la­bo­ran pa­ra un di­ná­mi­co ida y vuelta. “Así soy co­mo me ven, soy yo”, ne­ce­si­ta ex­pli­ci­tar es­ta po­pu­lar ar­tis­ta de 24 años, que ex­plo­ta un look au­daz, de fem­me­fa­ta­le

¿Te preo­cu­pa sa­ber qué pen­sa­mos so­bre Per­mi­ti­dos?

Sí, cla­ro, es mi pri­me­ra pe­lí­cu­la al fren­te del elen­co, con Mar­tín Pi­ro­yansky, y pu­se mu­cho de mí.

¿Sos au­to­crí­ti­ca?

A full, soy me­dio mier­da con­mi­go, pe­ro bueno, vis­te, es así. ¿Así co­mo? No me de­jo pa­sar una... Hu­bie­ra he­cho al­gu­na co­rrec­ción, pe­ro que­dé sa­tis­fe­cha por­que me veo creí­ble.

¿En qué te pa­re­cés a tu personaje?

En na­da. O qui­zás en que di­go mu­chas ma­las pa­la­bras. Ha­ce un ra­to ha­blé con mi ma­má y me di­jo:

“Que­ri­da, te van a en­tre­vis­tar, tra­tá de ha­blar bien”. Des­pués no ten­go na­da que ver con Ca­mi­la, que es bue­na no­via e hi­ja, aprue­ba el per­mi­ti­do y se vis­te con so­brie­dad. En cam­bio vos es­tás su­per­au­daz.

¿Te sen­tís có­mo­da?

Más bien, ade­más vie­ne bien pa­ra es­tar a tono con el mo­men­to. Di­cen que ten­go un per­fil ma­ta­dor.

No de­jás tí­te­re con ca­be­za…

(Car­ca­ja­das) Pa­re­ce, ¿no? Pu­ro bla­blá.

¿Sos bue­na no­via y bue­na hi­ja? Cuan­do es­toy de no­via, soy com­pa­ñe­ra, me­dio ti­ro al ai­re, pe­ro con las me­jo­res in­ten­cio­nes. Y soy una hi­ja y una her­ma­na que es­tá pre­sen­te.

¿Y con el “per­mi­ti­do” qué on­da? ¿Te lo ban­cás en la vi­da real?

Mi­rá, yo a Ca­mi­la la en­tien­do, pe­ro por­que es una fic­ción. Si me pa­sa con vos, te man­do a la mier­da.

¿Tam­po­co ac­ce­de­rías, al me­nos una vez, si tu even­tual no­vio se re­la­cio­na­ra con una de esas “im­po­si­bles”? Ni en pe­do. Así co­mo me ves, soy una mi­na tra­di­cio­nal, de ba­rrio, y quie­ro una pa­re­ja con­ven­cio­nal.

Vos ve­nís te­nien­do una fuer­te pre­sen­cia te­le­vi­si­va y mu­si­cal, pe­ro en ci­ne es­ta­bas más vir­gen. ¿Te sor­pen­dió el lla­ma­do de Wi­no­grad? No me lo es­pe­ra­ba, so­bre to­do por­que es­ta­ba con las gra­ba­cio­nes de Es­pe­ran­za mía, do­ce ho­ras por día, ca­si no te­nía vi­da. Cuan­do me lle­gó la pro­pues­ta, lo ci­té en el bar de Pol­ka a la ho­ra del al­muer­zo y me con­tó có­mo ve­nía la mano. Me en­can­tó.

¿Per­mi­ti­dos es una pe­lí­cu­la ais­la­da en tu ca­rre­ra, o pue­de ser el ini­cio de un nue­vo rum­bo pro­fe­sio­nal? Pa­ra na­da ais­la­da. Quie­ro de­di­car los pró­xi­mos años al ci­ne y a la mú­si­ca, que tam­bién me de­pa­ra co­sas muy fuer­tes co­mo mi nue­vo dis­co Soy, con el que me voy de gi­ra.

¿La te­le­vi­sión no es­tá en tus pla­nes? No, al me­nos por dos años. Des­pués de quin­ce tem­po­ra­das con­se­cu­ti­vas, ne­ce­si­to ex­pan­dir­me en la mú­si­ca y me gus­ta­ría in­cur­sio­nar en el ci­ne, que me per­mi­tió en­con­trar otra for­ma de ac­tua­ción.

SE­RE­MOS CO­MO BE­YON­CÉ

La­li es un tor­be­llino y di­ce que le gus­ta ser­lo. Ra­ro es ima­gi­nár­se­la re­cli­na­da en un si­llón le­yen­do una no­ve­la, o to­man­do un ca­fé en un bar re­pa­san­do las no­ti­cias. “No soy así, ¿por qué voy a fin­gir? La­bu­ro des­de que me le­van­to has­ta que me acues­to, pe­ro no uso ese tiem­po pa­ra en­ri­que­cer­me con un buen li­bro”.

¿No te abru­ma tu pro­pio vér­ti­go?

Al con­tra­rio, me pro­du­ce más ener­gía pa­ra ha­cer co­sas. Mi pro­ble­ma es que quie­ro ha­cer to­do y me cues­ta de­le­gar, soy muy con­tro­la­do­ra. Pe­ro a la vez ad­mi­ro a aque­llos ar­tis­tas que son sus pro­pios pro­duc­to­res y es­tán en to­do.

¿Al­gún re­fe­ren­te?

Ma­don­na, Fred­die Mer­cury, Mi­chael Jack­son, unas bes­tias en lo que hi­cie­ron. Y ahora, más de es­ta épo­ca, Be­yon­cé, que pro­du­ce sus vi­deos, sus do­cu­men­ta­les, los edi­ta, or­ga­ni­za los viajes, ves­tua­rios, co­reo­gra­fías. Una ar­tis­ta in­te­gral.

Y en tu ca­so, ser tan aca­pa­ra­do­ra, ¿es fal­ta de con­fian­za en el otro? Te di­ría que es un ego mío muy gran­de, más que otra co­sa.

¿Te to­le­ran los que tra­ba­jan con vos? Seeeee (le­van­ta la voz). Me re quie­ren. Mi­ra­me, soy bue­na mi­na y me sé ro­dear de gen­te bue­na y ta­len­to­sa. Pre­gun­ta­le al que quie­ras. (Mi­ra a su al­re­de­dor, e in­ten­ta lla­mar a al­guien).

En la pe­lí­cu­la Per­mi­ti­dos, los per­so­na­jes que ha­cen de fa­mo­sos (Ben­ja­mín Vi­cu­ña y Liz So­la­ri) son fi­nal­men­te gen­te so­li­ta­ria, due­ña de cier­ta amar­gu­ra. ¿Te pa­sa eso?

Lo que cuen­ta la his­to­ria les su­ce­de a mu­chos fa­mo­sos, no es cha­mu­yo. El te­ma es te­ner con­ten­ción, un gru­po que te quie­ra. En mi ca­so, me sien­to pre­pa­ra­da pa­ra con­tra­rres­tar los efec­tos no­ci­vos de la fa­ma.

¿Son muy no­ci­vos esos efec­tos?

Muy. Por mo­men­tos no sa­bés quién ca­ra­jo sos. Si es­tás des­pre­ve­ni­do, si a la fa­ma no la ves ve­nir, chau, fuis­te… En­trás en esa bur­bu­ja en la que te creés to­do lo que te di­cen.

Te­nés mi­les de se­gui­do­ras en las re­des so­cia­les y club de fans. ¿Qué pen­sás que ven ellas pa­ra con­si­de­rar­te una ído­la?

Quie­ro pen­sar que hay al­go ar­tís­ti­co que les gus­ta, co­mo ac­triz o co­mo can­tan­te. Ade­más soy au­tén­ti­ca, no la careteo ni mue­ro por la gui­ta.

Me po­dés ex­pli­car por qué tus fans y los de Mar­ti­na Stoes­sel se odian… No sé, no ten­go la me­nor idea. ¿Se­rá por­que us­te­des no se ban­can? No, na­da, ce­ro. De mi par­te es­tá to­do bien. Las dos ha­ce­mos nues­tras co­sas y fun­cio­na­mos.

Vis­te que no te pre­gun­té por tu ex Ma­riano Mar­tí­nez.

No lo pue­do creer. ¿Qué pa­só? –di­ce con iro­nía–. Es la pri­me­ra no­ta en la que no me pre­gun­tan por él. No sé si llo­rar o agra­de­cer. Te de­bo una…

Se ma­ta de ri­sa, sa­lu­da ca­ri­ño­sa y efu­si­va y se va, cho­cha, y muy dis­pues­ta a po­sar sexy pa­ra las fotos. •

“SOY MUY AU­TÉN­TI­CA Y ESO GUS­TA. NO LA CARETEO CON NA­DA.”

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