Yo cre­cí con las pe­lí­cu­las de Bus­ter Keaton, los her­ma­nos Marx y Grou­cho, con la má­xi­ma de “El hu­mor es la sal­va­ción en to­dos los sen­ti­dos”.

La Voz del Interior - Rumbos - - Vida Cotidiana -

en la vi­drie­ra. Se­rá cri­ti­ca­do pe­ro es el más ta­qui­lle­ro. Die­go Pe­ret­ti es otro que me pa­re­ce un gran ac­tor, pa­ra dra­ma y co­me­dia. Y tu­ve la po­si­bi­li­dad de com­par­tir el ro­da­je de Sin hi­jos (de Ariel Wi­no­grad), don­de ha­cía­mos de her­ma­nos y nos ma­tá­ba­mos de ri­sa... Ha­blan­do de ri­sas. ¿Cuán di­fí­cil es el pú­bli­co ar­gen­tino a la ho­ra de ha­cer­lo reír? Yo creo que el ar­gen­tino es un pú­bli­co exi­gen­te y pers­pi­caz, que no se con­for­ma con cual­quier co­sa, lo cual, pa­ra mi for­ma de ser, me obliga y me pre­sio­na sa­na­men­te co­mo di­rec­tor y guio­nis­ta a es­for­zar­me al má­xi­mo pa­ra sa­car­le una son­ri­sa. La ri­sa es­tá vin­cu­la­da con la in­te­li­gen­cia. ¿Sen­tís que te­nés ese don? Ha­cer reír es un pro­ce­so com­ple­ta­men­te in­te­li­gen­te por­que se vin­cu­lan la sa­ga­ci­dad, la di­ver­sión por un chis­te o gag y la emo­ción. No sé si ten­go ese don ni tam­po­co si cuen­to con la in­te­li­gen­cia su­fi­cien­te. Lo que sí sé es que es­toy mu­chas ho­ras del día pen­san­do en có­mo ha­cer lo que ha­go de la me­jor ma­ne­ra po­si­ble. ¿Qué es más di­fí­cil de ha­cer, co­me­dia o dra­ma? Pa­ra mí dra­ma, por­que no es a lo que es­toy ha­bi­tua­do, aun­que me gus­ta­ría al­gún día te­ner la po­si­bi­li­dad de ha­cer al­go den­tro del gé­ne­ro, aun­que no sé si es­ta­ré ca­pa­ci­ta­do. Pe­ro to­do es di­fí­cil: es­cri­bir, di­ri­gir, ac­tuar, ha­cer reír, ha­cer llo­rar, ha­cer ci­ne en la Ar­gen­ti­na es una em­pre­sa di­fí­cil. Por eso la úni­ca so­lu­ción que veo a la vis­ta es es­cri­bir, re­es­cri­bir y dar­le mil vuel­tas a las co­sas. ¿Y cuán­do le po­nés la pa­la­bra fin? Ése es el gran mie­do de los co­me­dian­tes y de los que es­cri­bi­mos. Da­mos vuel­tas pen­san­do en que nos es­ta­mos per­dien­do de al­go bá­si­co, ele­men­tal… Siem­pre creo que me es­tá fal­tan­do al­go, o que me ol­vi­dé de al­go, o que no lo­gro ex­pri­mir un te­ma has­ta de­jar­lo se­co co­mo ha­cen los yan­quis, que pa­ra las co­me­dias son los re­yes. Esos son los fan­tas­mas con los que uno ter­mi­na conv iv ien­do. •

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