Sec­tor 4

La Voz del Interior - Rumbos - - Contame Una Historia Staff - DA­NIEL VILLAMEA OBERÁ, MI­SIO­NES.

Ni si­quie­ra los hue­sos de Fe­li­pe Ba­tis­ta des­can­sa­ron en paz. Des­de los ocho años tra­ba­jó en yer­ba­les, ase­rra­de­ros y ole­rías de la zo­na, pe­ro nun­ca le fes­te­ja­ron un cum­plea­ños ni co­no­ció lo que es un re­ga­lo. Mu­rió jo­ven, a los 52, atro­pe­lla­do en la ru­ta, un sá­ba­do a la tar­de­ci­ta, cuan­do vol­vía a la ca­sa me­dio ave­ria­do de ca­ña. “Es­te se va pa­ra el Sec­tor 4”, di­jo un em­plea­do del ce­men­te­rio de Oberá, co­mo quien eje­cu­ta un trá­mi­te cual­quie­ra, apo­yan­do un pie en el bor­de de la pa­la. Na­die fue al en­tie­rro.

Sec­tor 4 sue­na co­mo a pe­lí­cu­la de cien­cia fic­ción. Pe­ro no, así le di­cen a la par­ce­la don­de se­pul­tan a los que no tie­nen un man­go. Es una es­pe­cie de co­mo­da­to cor­ti­to, bien pa­ra po­bres. De ahí su de­no­mi­na­ción, por­que a los cua­tro años re­ti­ran los res­tos del di­fun­to y los amon­to­nan en el osa­rio, el de­pó­si­to de hue­sos que hay en el ce­men­te­rio.

Así, la tum­ba de Fe­li­pe que­dó li­bre pa­ra otro po­bre, cla­ro.

Al­gu­nos em­plea­dos del lu­gar cuen­tan que, a ve­ces, so­bre to­do en las no­ches más os­cu­ras, sien­ten co­mo una es­pe­cie de cru­ji­do en el osa­rio. Y de­ben de ser ellos –los de­sa­lo­ja­dos–, que se aco­mo­dan co­mo pue­den, se aprie­tan y rue­gan que nos los vuel­van a echar. To­do por el pe­ca­do de no pa­gar su pro­pio en­tie­rro. •

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