La bús­que­da de pre­cios que ago­ta a Sil­vio Lau­ra Gon­zá­lez

La Voz del Interior - - Página Delantera - Lau­ra Gon­zá­lez En pri­me­ra per­so­na lgon­za­lez@la­voz­de­lin­te­rior.com.ar

“Tan­to que ha­blan de in­fla­ción, yo me es­toy ma­rean­do. Es­ta­mos am­plian­do mi ca­sa: una bol­sa de cal hi­dra­ta­da en la fe­rre­te­ría de mi ba­rrio cues­ta 75 pe­sos; en otra más gran­de de la ave­ni­da, 110; y en un gran hi­per­mer­ca­do, 155. ¿Eso có­mo se ex­pli­ca? ¿Sa­bés el tiem­po que per­de­mos ave­ri­guan­do pre­cios?”, cuenta Sil­vio, un pe­que­ño co­mer­cian­te de ba­rrio San Vi­cen­te.

“Ha­ce años que ven­go re­ne­gan­do con es­to, por­que esas di­fe­ren­cias es­tán en to­dos la­dos”, agre­ga.

Ese es uno de los cos­tos más in­vi­si­bles de la in­fla­ción. Son bien sa­bi­dos los cos­tos de la suba de pre­cios: pier­den los que tie­nen ingresos fi­jos, por­que los pre­cios suben más rá­pi­do que el ajus­te de sus sa­la­rios y, ade­más, sue­len su­bir más aque­llos que son bá­si­cos pa­ra la eco­no­mía fa­mi­liar. Pier­den más to­da­vía los de ba­jos ingresos o los de ingresos irre­gu­la­res, co­mo los que ha­cen chan­gas. Los que tie­nen un ex­ce­den­te de di­ne­ro (o po­drían te­ner­lo si guar­da­ran) es­tán an­te un al­to des­in­cen­ti­vo al aho­rro: es más con­ve­nien­te gas­tar­lo, por­que las ta­sas de in­te­rés son ne­ga­ti­vas. Así, quien ne­ce­si­ta di­ne­ro (pa­ra com­prar­se un ca­sa, am­pliar la que tie­ne o in­ver­tir en su ne­go­cio) no ten­drá ca­si chan­ces de con­se­guir­lo, por­que el mer­ca­do fi­nan­cie­ro se ha­ce ca­da vez más chi­qui­to.

Los estados son los que más ga­nan, por­que la re­cau­da­ción su­be al com­pás de los pre­cios (o más, por­que en Ar­gen­ti­na ade­más subió la pre­sión im­po­si­ti­va) y ocul­ta to­das las in­efi­cien­cias de la ad­mi­nis­tra­ción pú­bli­ca. Ade­más, co­mo la Na­ción emite, gas­ta ese di­ne­ro an­tes de que suban los pre­cios de la eco­no­mía, con lo cual cuenta con un be­ne­fi­cio adi­cio­nal, mien­tras que el res­to de los ac­to­res de­ben pa­gar ese im­pues­to en­cu­bier­to.

Pe­ro hay otros cos­tos. Uno es el tiem­po: los con­su­mi­do­res des­ti­nan enor­mes es­fuer­zos pa­ra tra­tar de con­se­guir los me­jo­res pre­cios. Van, en pro­me­dio, a cua­tro lu­ga­res por se­ma­na. Ave­ri­guan ofer­tas, ha­cen con­sul­tas a sus co­no­ci­dos, vi­si­tan si­tios web.

Eso im­pli­ca un tiem­po im­pro­duc­ti­vo, que se pier­de. Sil­vio gas­ta tiem­po, naf­ta y paz men­tal re­co­rrien­do fe­rre­te­rías has­ta ver dón­de cues­ta me­nos la bol­sa de cal. Pe­ro hay al­go más: siem­pre cree que po­dría ha­ber­la en­con­tra­do más ba­ra­ta to­da­vía. Tie­ne siem­pre la sen­sa­ción de que es­tá per­dien­do.

Eso nos pa­sa a to­dos: cree­mos que compramos mal, que el co­mer­cio nos es­tá en­ga­tu­san­do, que to­do es una ca­de­na de com­pli­ci­da­des pa­ra arrui­nar la eco­no­mía del con­su­mi­dor.

El des­ba­ra­jus­te de los pre­cios tie­ne efec­tos rui­no­sos por don­de se lo mi­re. Y las ex­pec­ta­ti­vas, se­gún las di­fe­ren­tes con­sul­to­ras pri­va­das, es­tán des­ba­rran­can­do: el 50 por cien­to ya cree que el Go­bierno no tie­ne la ca­pa­ci­dad téc­ni­ca de con­tro­lar la in­fla­ción (se­gún Iso­no­mía), y na­die sa­be con cer­te­za cuán­to le pe­gó el au­men­to de los ser­vi­cios pú­bli­cos. La con­sul­to­ra Gru­po de Opinión Pú­bli­ca, en su ca­pí­tu­lo "Humor so­cial”, pre­gun­tó: “¿Cuán­to sien­te que le au­men­ta­ron las ta­ri­fas des­de que asu­mió Ma­cri?”. Un 25,8 por cien­to di­jo que 300 por cien­to; un 22,5 cree que 500 por cien­to, y un 19,3 por cien­to ase­gu­ró que más de mil por cien­to. Pa­ra los en­cues­ta­dos de Sy­nop­sis, la in­fla­ción es­tá al to­pe de la lis­ta, con un 33,5 por cien­to.

El pro­pio Go­bierno creó su pro­pia en­ce­rro­na dis­cur­si­va, al po­ner una ex­ce­si­va aten­ción en me­tas má­xi­mas de in­fla­ción que hoy no pue­de cum­plir. Con ex­cep­ción de 2009, ha­ce va­rios años que Ar­gen­ti­na con­vi­ve con una suba de pre­cios arri­ba del 20 por cien­to.

En 2009 fue del 14,9 por cien­to; en 2010, del 26,1; en 2011, 22,6; en

2012, 23,8; en 2013, 30,4; en 2014, 38 por cien­to; en 2015, 25,7; en 2016,

38,9, y en 2017, 24,8. En 2016, se pa­ga­ron los cos­tos de la sa­li­da del ce­po, de la de­va­lua­ción y de la qui­ta de sub­si­dios a las ta­ri­fas de ser­vi­cios pú­bli­cos.

La in­fla­ción ha­ce da­ño des­de ha­ce mu­cho tiem­po. Y hay que ba­jar­la, por los cos­tos evi­den­tes e im­plí­ci­tos que aca­rrea. Se tra­ta de cos­tos que ve­ni­mos pa­gan­do des­de ha­ce mu­cho tiem­po, no aho­ra.

(RA­MI­RO PE­REY­RA)

Chan­gui­to. Ca­da día cues­ta más lle­nar­lo.

Newspapers in Spanish

Newspapers from Argentina

© PressReader. All rights reserved.