90 no, 130 sí

La Voz del Interior - - Internacionales -

–¿Sin vos les hu­bie­ra re­sul­ta­do im­po­si­ble con­se­guir to­da la in­for­ma­ción pa­ra su­bir?

–Les hu­bie­ra re­sul­ta­do com­pli­ca­do más que im­po­si­ble. Los pri­me­ros dis­cos del Cuarteto Ber­na son los más di­fí­ci­les de con­se­guir, pe­ro no soy el úni­co que los tie­ne. Con tiem­po los iban a jun­tar; yo les agi­li­cé to­do, di­ga­mos.

–¿Ha­brá otro que ten­ga to­dos los tí­tu­los co­mo en tu ca­so?

–No lo sé, no co­noz­co a nin­guno. Sé de va­rios co­lec­cio­nis­tas que com­pran y ven­den. Yo no ven­do na­da. Es más, hay al­gu­nos tí­tu­los de los que ten­go seis o sie­te dis­cos. Si en­cuen­tro un tí­tu­lo que ya ten­go pe­ro es­tá en me­jor es­ta­do, lo com­pro.

–¿Có­mo em­pe­zas­te con es­ta co­lec­ción?

–Des­de chi­co fui de co­lec­cio­nar, es al­go que he­re­dé de mi vie­jo. Cuan­do em­pe­cé con el te­ma de la Mo­na, y mi fa­mi­lia que no era cuar­te­te­ra, le pu­se to­do a esa pa­sión. Yo ten­go 33 años y ha­ce unos 20 años, más o me­nos, que em­pe­cé con es­to por in­fluen­cia de mis com­pa­ñe­ros de co­le­gio. Ellos me em­pe­za­ron a pres­tar los pri­me­ros ca­se­tes, por­que si bien ya es­ta­ba el CD, lo que más te­nían eran ca­se­tes por­que eran más ba­ra­tos. Des­de un co­mien­zo qui­se te­ner­los a to­dos. Pri­me­ro los re­gra­ba­ba, pe­ro cuan­do jun­ta­ba unas mo­ne­di­tas, iba a las dis­que­rías, Así me em­pe­cé a ar­mar.

–¿Te­nés to­dos los dis­cos en to­dos los for­ma­tos?

–Sí, en vi­ni­lo, en ca­se­te y en CD. Ten­go po­qui­tos en ma­ga­zi­ne. En to­tal de­bo te­ner más de 300 edi­cio­nes. Tres co­lec­cio­nes com­ple­tas… Y a la cuar­ta le fal­tan po­qui­tos tí­tu­los. Ten­go has­ta un dis­co que es el pri­mer en­sa­yo que hi­zo el Cuarteto de Oro. Fue así: cuan­do la Mo­na se se­pa­ra de Ber­na, se jun­ta con el tío, con Co­qui­to Ra­ma­ló, pa­ra gra­bar en un estudio de Ol­mos y Mai­pú, de­ba­jo del Bon Que Bon. Gra­ba­ron cua­tro te­mas e hi­cie­ron un dis­co de chapa muy si­mi­lar al pri­me­ro de Ber­na. Lo­gré con­se­guir­lo por me­dio de Ra­ma­ló.

–¿Y nun­ca in­ten­tas­te con­se­guir el pri­me­ro-pri­me­ro de Ber­na?

–He­mos he­cho amis­tad con Da­niel Fran­co (acor­deo­nis­ta de Ber­na que hoy to­ca con Ji­mé­nez), lo he vi­si­ta­do en su ca­sa, in­clu­so.Yél­me­co­men­tó­quee­se dis­co mí­ti­co es tal cual ese que ten­go yo del Cuarteto de Oro. Quie­ro de­cir, es un bo­ce­to, un de­mo. Lo gra­ba­ron en estudio Mai­da, de ave­ni­da Ol­mos al 320, al la­do del Bon que Bon, en un sub­sue­lo. Que­rían te­ner al­go pa­ra em­pe­zar a di­fun­dir su mú­si­ca y Fran­co me ase­gu­ra que só­lo hi­cie­ron dos co­pias… Era una producción ca­se­ra, ca­si ama­teur. El que se que­dó con uno se­gu­ro que fue el tío de Fran­co (Oc­ta­vio, el pa­dre de Ber­na); el otro, se lo de­ben ha­ber en­tre­ga­do a LV2, por­que los do­min­gos ellos es­ta­ban con Car­los del So­lar en el Fes­ti­val del Éxi­to.

Has­ta el más allá –Su­pon­go que no de­be ha­ber re­sul­ta­do fá­cil en­con­trar los vi­ni­los.

–Los vi­ni­los eran com­pli­ca­dos por­que, al mo­men­to de arran­car con es­to, el for­ma­to no se ha­bía re­cu­pe­ra­do y yo no te­nía a na­die que me ex­pli­ca­ra cuán­tos eran ni dón­de los po­día con­se­guir... Pe­ro em­pe­cé a ir a la Fe­ria de las Pul­gas, en Bel­grano y Achá­val Ro­drí­guez, y lo­gré con­se­guir­los de a po­co. Era co­mo des­cu­brir un te­so­ro. Fui tan­tas ve­ces ahí que me hi­ce ami­go de un pues­te­ro que me lla­ma­ba cuan­do le lle­ga­ba un in­con­se­gui­ble. Me de­cía “Grin­go, es­tá La Gai­ta de Drá­cu­la” y al to­que sa­lía pa­ra allá y se lo com­pra­ba. Era una lo­cu­ra des­cu­brir uno nue­vo, un acon­te­ci­mien­to. Cuan­do con­se­guía un nue­vo tí­tu­lo en vi­ni­lo, los gra­ba­ba en el ca­se­te pa­ra po­der es­cu­char­lo e in­me­dia­ta­men­te guar­da­ba el ori­gi­nal pa­ra te­ner­lo sano y en or­den.

–¿Cuál es el me­jor dis­co de la Mo­na y por qué?

–Me fas­ci­nan sus dis­cos en vi­vo. Por­que, creo, es úni­co ese contacto que él tie­ne con su pú­bli­co. Ob­vio, hay pro­duc­cio­nes in­ter­na­cio­na­les con las que no pue­de com­pe­tir, pe­ro esa co­mu­ni­ca­ción por me­dio de las se­ñas y de re­fe­ren­cias a los que va­mos siem­pre, me pa­re­ce irre­pe­ti­ble. Y es­tá bien plas­ma­da en los dis­cos en vi­vo, que en su ca­so tie­nen una ma­gia, otro sa­bor­ci­to. Al pie del ca­ñón, de 1995, fue el me­jor de to­dos.

–¿Si­guen yen­do al bai­le de Ji­mé­nez?

–Cuan­do éra­mos más chi­cos, sí. Aho­ra, con el tra­ba­jo y la ca­sa, se com­pli­ca, pe­ro tra­ta­mos de no fa­lla­ren­los­via­jes.Los­via­jes­son inolvidables.

–¿Via­ja­ron mu­cho pa­ra ver­lo en vi­vo?

–Ha­ce seis años que con­vi­vi­mos y 11 y cua­tro me­ses que es­ta­mos de no­vios. Pri­me­ro nos que­dó chi­ca la ciu­dad, lue­go la pro­vin­cia y más tar­de el país en­te­ro. Co­no­ci­mos prác­ti­ca­men­te to­do el país gra­cias a la Mo­na. En un año fui­mos co­mo cin­co ve­ces a Tu­cu­mán. Tam­bién co­no­ci­mos Ca­ta­mar­ca, San Juan, Bue­nos Ai­res, Co­mo­do­ro Ri­va­da­via, Puer­to San Ju­lián, Sal­ta, Mendoza... Lo ha­cía­mos en un R-12 que nos ro­ba­ron. Y cuan­do apa­re­cía al­gu­na pro­mo­ción en avión, chau, tar­je­ta y allá íba­mos. En 2014 fue lo más lo­co que hi­ci­mos: se­guir­lo por Es­pa­ña.

–¿Se fue­ron a Es­pa­ña?

–En esa gi­ra éra­mos no­so­tros y dos chi­cos más, uno de Hi­pó­li­to Yri­go­yen y otro de Gui­ña­zú. Lo hi­ci­mos de ca­lla­do, no le con­ta­mos na­da a na­die. Nos en­te­ra­mos en Co­mo­do­ro Ri­va­da­via en enero queé­li­baaes­ta­ra­lláen­ma­yo. Ta­ma­ra me di­jo “te­ne­mos que ir”.

–(Ta­ma­ra) No te­nía­mos pa­sa­por­te, no usá­ba­mos tar­je­ta y te­nía­mos­lo­sDNI­vie­jos.

–(Fla­vio) Em­pe­za­mos a ave­ri­guar y lo­gra­mos con­tac­tar­nos con el pro­duc­tor que lo lle­va­ba. So­bre to­do por el te­ma de las en­tra­das, te­nía­mos mie­do de lle­gar y no con­se­guir. “No te ha­gas dra­ma, te man­do nú­me­ro de cuenta, de­po­si­ta­me ahí y te las man­do por email ”, me di­jo. Hi­ci­mos eso y el ti­po cum­plió. Cuan­do te­nía­mos to­do lis­to, re­cuer­do que la Mo­na es­ta­ba dan­do una entrevista en la (ra­dio) Po­pu­lar. Cuan­do vol­vió de esa no­ta, lo es­pe­ra­mos en la ca­sa y le mos­tra­mos las en­tra­das de Es­pa­ña. Ca­si se mue­re, ter­mi­na­mos llo­ran­do los tres. Fui­mos a ver­lo en Bar­ce­lo­na, Ma­drid y Má­la­ga; des­pués nos que­da­mos un tiem­pi­to más. Con él, via­ja­mos en el mis­mo vue­lo de Cór­do­ba a Ezei­za. Fue de ca­sua­li­dad, nos en­con­tra­mos con él en la sa­la de preem­bar­que.

ME FAS­CI­NAN SUS DIS­COS EN VI­VO. ESA CO­MU­NI­CA­CIÓN POR ME­DIO DE LAS SE­ÑAS Y DE RE­FE­REN­CIAS A LOS QUE VA­MOS SIEM­PRE, ME PA­RE­CE ÚNI­CO E IRRE­PE­TI­BLE.

Car­los “la Mo­na” Ji­mé­nez es­tá en­laan­te­sa­la­de­lae­di­ción­de­su dis­co nú­me­ro 90, un nú­me­ro que es­te fan acé­rri­mo se ani­ma a re­la­ti­vi­zar. “Lo que pa­sa es que él só­lo cuenta dis­cos con ma­te­rial inédito mien­tras que otros ar­tis­tas lo ha­cen con to­do ti­po de dis­cos: sim­ples, los fa­mo­sos EP ( ex­ten­ded play, con cua­tro o cin­co te­mas), los dis­cos en vi­vo, los gran­des éxi­tosy­los long play”, ob­ser­va Par­men­tier.

“Cuan­do me pon­go a in­ves­ti­gar y me doy cuenta de que la Mo­na no cuenta a to­dos, me en­cuen­tro con el da­to que tie­ne 129 dis­cos. El que vie­ne se­rá el 130. Cuan­do se lo co­men­té, se asom­bró. ‘No me van a creer’, me di­jo. Pe­ro no se tra­ta de creer o no por­que los dis­cos es­tán edi­ta­dos en fí­si­co, se pue­den to­car, ver”, cie­rra el “Grin­go del Marqués”.

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