“El mun­do del vino no tie­ne por qué in­ti­mi­dar a na­die”

Los Andes - Rumbos - - ESPECIAL GOURMET - POR MA­RIA­NA VA­LLE-RIESTRA

Qué sig­ni­fi­có pa­ra ti ser la Me­jor Som­me­lier de Ar­gen­ti­na con so­lo 20 años?

La pre­pa­ra­ción pa­ra el con­cur­so fue una ex­pe­rien­cia alu­ci­nan­te. Pe­ro si bien ha­ber ga­na­do de tan chica pue­de pa­re­cer al­go maravilloso, la reali­dad es que me hi­zo muy difícil el día a día. Siem­pre me pre­gun­tan si el he­cho de ser mu­jer me complicó el ca­mino, pe- ro la ver­dad eso ni lo sen­tí. Lo que me cues­tio­na­ban era la edad. Hoy la ju­ven­tud es una vir­tud, pe­ro en ese mo­men­to [2008] era un de­fec­to en el mun­do del vino. Sa­lían no­tas cues­tio­nan­do la le­gi­ti­mi­dad del con­cur­so, di­cien­do que se ha­bía arre­gla­do, que me co­pié. Siem­pre se pu­so en te­la de jui­cio que una pen­de­ja hu­bie­ra po­di­do ga­nar­les a ti­pos de 40 o 50 años con mu­cha más ex­pe­rien­cia. La pa­sé mal. ¿Hoy es di­fe­ren­te el mun­do del vino?

Cam­bió mu­chí­si­mo. Prin­ci­pal­men­te, en cuan­to a di­ver­si­dad. Cuan­do yo es­tu­dia­ba, pa­ra que un vino fue­ra bueno te­nía que re­unir cier­tas ca­rac­te­rís­ti­cas de­ter­mi­na­das: ser al­cohó­li­co, con cuer­po y con ma­de­ra. Pun­to. Hoy en día cam­bió ese pa­ra­dig­ma, se abrió mu­cho más el aba­ni­co. Hoy en el mun­do del vino vos ha­cés una pre­gun­ta y no tie­ne una so­la res­pues­ta. Es co­mo en la vi­da, hay mil va­ria­bles.

Sue­les de­cir que el vino se es­tá “de­mo­cra­ti­zan­do”.

Sí. Yo hi­ce una ca­rre­ra muy aca­dé­mi­ca y for­mal du­ran­te años. Pe­ro hoy lo que bus­co es acer­car el vino a la gen­te. A mí el mun­do del vino me cos­tó mu­cho; siem­pre me sen­tí el sa­po de otro po­zo. Y creo que es lo que le pa­sa a mu­chos con­su­mi­do­res a la ho­ra de en­fren­tar­se a una ca­ta o de ele­gir un vino. Una cer­ve­za te la to­más y no te cues­tio­nás na­da. En cam­bio el vino es in­ti­mi­dan­te, y pa­ra mí no de­be­ría ser así. Es nues­tra be­bi­da na­cio­nal, es­tá en la me­sa de to­dos los ar­gen­ti­nos.

¿Eso es lo que bus­cas trans­mi­tir con tus ta­lle­res “Ho­la Vino”?

Sí, lo bus­co en to­do lo que ha­go. Cuan­do veo que se po­ne al vino en un lu­gar muy eli­tis­ta, no me sien­to có­mo­da. A mí me lo hi­cie­ron más difícil de lo que es, por eso yo soy muy di­rec­ta y con­ci­sa; ba­jo las co­sas a tie­rra. Ya sea que es­té ar­man­do una ca­va pa­ra un fut­bo­lis­ta o pa­ra un gru­po de po­lí­ti­cos, veo que la gen­te quie­re las co­sas sim­ples, cla­ras y ac­ce­si­bles.

Hi­cis­te te­le, ra­dio, es­tás por sa­car un li­bro y un mo­nó­lo­go tea­tral. ¿Có­mo ob­tie­nes tu ma­te­rial?

Mi fuen­te de ins­pi­ra­ción es la gen­te, siem­pre in­ci­to a que me ha­gan pre­gun­tas. En mis ta­lle­res y char­las bus­co el con­tac­to y la opi­nión de los con­su­mi­do­res, que me pa­re­cen fun­da­men­ta­les en el mun­do del vino. Por­que el vino es­tá he­cho pa­ra el con­su­mi­dor, no pa­ra los som­me­liers. No so­mos el fin, so­mos el me­dio, es­ta­mos al ser­vi­cio. En­ton­ces me guío mu­cho por las ne­ce­si­da­des de la gen­te y en ba­se a eso voy dan­do res­pues­tas.

¿Cuál es la in­quie­tud que más se re­pi­te en­tre la gen­te?

La pre­gun­ta que más me ha­cen por Ins­ta­gram es qué es un buen vino. Y jus­ta­men­te yo no ha­blo de esas co­sas. No sir­ve. Lo que ha­go es dar he­rra­mien­tas só­li­das pa­ra que la gen­te ini­cie su pro­pio ca­mino de bús­que­da de lo que a ca­da uno le gus­ta. An­tes de lle­gar al pun­to de la ca­ta, ob­via­men­te el vino te tie­ne que dar pla­cer. Y hay otras co­sas a te­ner en cuen­ta: có­mo ele­gir, có­mo des­ci­frar la in­for­ma­ción de una bo­te­lla, có­mo ser­vir­lo, a qué tem­pe­ra­tu­ra. Por­que si no te­nés to­do eso ar­ma­do, por más que abras un gran vino, si lo ser­vís en una ma­la co­pa o ca­lien­te, se va a sen­tir di­fe­ren­te.

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